De dónde caray sale Fermín
Un buen amigo mío cuyo nombre no desvelaré ni bajo tortura (en eso consiste la amistad) dejó caer el típico comentario de cuñado en el grupo de WhatsApp justo después de la primera aparición de Fermín López en el firmamento Barça. Corría el mes de julio del 2023, y Xavi Hernández, que dejó más de un regalo en su etapa de entrenador y está bien recordarlo, se había fijado en un centrocampista bajito de nombre poco glamuroso que venía de estar cedido en el Linares. La tarjeta de presentación no era, pues, nada atractiva para un barcelonismo que de entrada se mueve por esnobismo. Y vibró el móvil. “Este acabará en el Getafe de Bordalás”. Fermín acababa de marcar un golazo al Madrid en Dallas, pero aquellos eran tiempos de cinismo y autorregulación entre la culerada: los juicios precipitados se podían volver en contra. No fue el caso de Fermín, que, repasando detenidamente aquel gol primerizo, resulta ser una precuela de lo que vendría después: agarró un balón sin dueño, verticalizó su camino hasta la frontal y soltó un latigazo con la izquierda que reventó la red. Entonces pensamos que era zurdo. Era una de las muchas sorpresas que escondía.
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