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La angustiosa espera en la Casa Sacerdotal de Toledo: «Entre tanto dolor, aquí han podido vivir con más humanidad»
Todavía quedan familiares en la Casa Sacerdotal de Toledo. En el jardín, entre mantas y sillas, algunos intentan tomar el aire; otros permanecen en silencio, pendientes de una noticia que puede cambiarles la vida. Aunque este sábado muchos han comenzado a marcharse después de recibir las comunicaciones de la Guardia Civil, alrededor de medio centenar continúa en este edificio de la ronda de Buenavista , junto a la Comandancia. Desde el miércoles, la Casa del Buen Pastor se ha convertido en el epicentro de uno de los dolores más desgarradores de la tragedia ferroviaria de Urda: el de no saber qué ha ocurrido con un padre, un hijo o un hermano.En los últimos días, sus habitaciones, sus pasillos y sus jardines han sido el lugar de espera de quienes llegaron con una misma pregunta: dónde están nuestros familiares. Se han sometido a pruebas de ADN y han aguardado una identificación, mientras pasaban las horas haciendo llamadas, buscando respuestas o intentando mantener viva la esperanza. Y cuando la incertidumbre ha terminado con una noticia que nadie quería recibir han llegado los abrazos, las lágrimas y el consuelo de quienes, a su lado, sienten el mismo dolor.Por allí han pasado historias con nombres y apellidos. Los padres de Santi Triguero vivieron en la Casa la angustia de buscar a su hijo, cuya muerte se confirmó el viernes. Los hermanos Manolo y Esther acudieron para encontrar a Pepe San Emeterio, de 54 años, y pasaron varios días entre llamadas, esperanza y desesperación hasta que este sábado se confirmó también su fallecimiento. El actor sevillano César Vicente estuvo allí junto a su madre, que buscaba a su padre, César Vicente Sanz . Son solo algunas de las familias que han atravesado estos días de incertidumbre en un lugar que se convirtió, sin haberlo previsto, en su refugio.La Casa Sacerdotal ofrece mucho más que alojamiento. En medio de una espera que parece interminable, sus instalaciones permiten a los familiares descansar, salir al jardín, hablar entre ellos y encontrar compañía. También encuentran un espacio para expresar el dolor y sentirse acompañados sin tener que dar explicaciones. La respuesta se organizó con rapidez después de que el arzobispo de Toledo, Francisco Cerro, ofreciera las instalaciones. Jesús Robledo García, director de la Casa Sacerdotal «Cardenal Marcelo», recuerda que la disponibilidad del edificio fue casi providencial: no había ningún curso ni tanda de ejercicios espirituales y las habitaciones estaban preparadas. Había 105 camas disponibles, ya que estaba previsto que el viernes llegara un grupo de un centenar de personas. «Fue algo providencial», explica a ABC. «Ha sido el mejor lugar donde poder acompañar a los familiares y mitigar su dolor». Para Robledo, la tarea de estos días no ha consistido únicamente en proporcionar alojamiento y cubrir las necesidades materiales de quienes llegaban, sino también en estar cerca de ellos, escucharles y ofrecerles consuelo en unas horas de enorme incertidumbre.Amparo espiritualEn esa labor, el acompañamiento espiritual ha tenido un papel fundamental. Entre 25 y 30 sacerdotes han pasado por el centro en distintos momentos del día para rezar, escuchar y ofrecer su cercanía a las familias. El propio arzobispo acudió desde el primer día, cuando la incertidumbre era mayor, y también se celebraron actos religiosos con la presencia de los obispos. La Casa del Buen Pastor ha tratado así de ofrecer a las familias no solo un lugar donde esperar, sino también un espacio de amparo espiritual.«La presencia del sacerdote ya es un signo de que Dios está, de que Dios no se va, de que Dios acompaña», explica Jesús Robledo. Durante las primeras horas, las familias necesitaban información que tampoco podían ofrecerles desde la Casa. Pero sí podían escucharlas, conversar con ellas y hacerles sentir que no estaban solas. «El poder dialogar con alguien y sentirse acogidos les ha podido servir», añade.La ayuda llegó también desde numerosas entidades y voluntarios. Cáritas, Protección Civil y Cruz Roja, entre otras organizaciones, colaboraron con alimentos, bebidas, mantas, ropa y productos de higiene. Muchos familiares habían salido de sus casas con lo puesto, sin imaginar cuánto podía prolongarse aquella espera. La solidaridad se extendió incluso a los profesionales desplazados desde otros lugares para participar en el dispositivo.Este sábado, 27 profesionales prestaban atención psicológica en el centro, procedentes de Renfe, Iryo, el Instituto de Medicina Legal, Cruz Roja, el Colegio de Trabajadores Sociales y Cáritas. Desde la noche anterior, la Casa contaba también con un equipo fijo del Servicio de Salud de Castilla-La Mancha (Sescam), formado por un médico y una enfermera. El centro permanecerá abierto «lo que haga falta».«Entre tanto dolor, aquí han podido vivir con más humanidad y de la mejor manera», resume Robledo. Un lugar donde esperar, llorar, rezar y abrazarse; donde alguien ofrecía una manta, una palabra o simplemente su presencia y un refugio para quienes llegaron buscando respuestas y encontraron, al menos, que no tenían que afrontar solos la peor de las esperas.Casa Sacerdotal de Toledo. H. FRAILEMientras algunas familias regresan a sus casas con la confirmación de la muerte de sus seres queridos y otras siguen pendientes de noticias, continúan los trabajos de identificación. De las 69 personas fallecidas, 52 han sido identificadas mediante huellas dactilares por el Servicio de Criminalística de la Guardia Civil y otras 4 por ADN. De ellas, 51 identificaciones ya han sido comunicadas presencialmente a sus familias —33 hombres y 18 mujeres—, mientras que quedan pendientes otras cinco notificaciones.Mientras algunas familias regresan a sus casas con la confirmación de la muerte de sus seres queridos y otras siguen pendientes de noticias, continúan los trabajos de identificaciónEl Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses de Toledo y Ciudad Real ha concluido las autopsias de los 69 fallecidos. En este momento permanecen activas 13 denuncias por desaparición que pertenecen a extranjeros: uno de Argentina, dos de Australia, uno de Canadá, cuatro de Estados Unidos, dos de Japón, uno de México, uno de República Checa y uno de Túnez.
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