Un soplo universal
- <i><b>Marcelo Pedroza</b></i>
- <b>Doctor en Psicología y Magíster en Educación</b>
- <b>[email protected] </b>
Influenciado por el neoplatonismo místico de Jámblico, Flavio Claudio Juliano (331-363), filósofo y emperador romano, escribió a través de tres de sus textos fundamentales, el Himno al Rey Helios, el Himno a la Madre de los Dioses y su tratado crítico Contra los galileos, su pensamiento sobre el nous (mente) y el alma (psyche).
Juliano expone su visión del cosmos dividida en tres mundos jerárquicos, el mundo inteligible (el Bien Absoluto), el mundo intelectual (regido por el Dios Sol como mediador) y el mundo sensible (la realidad material que habitamos). El Sol dota de luz y de vida al plano físico y derrama sobre el universo las almas de los seres vivos, considerando al alma humana con un estatus único, dado que, aunque esté confinada por un tiempo al envoltorio de la carne, su verdadera patria es la luz celeste.
La mente racional funciona como un lazo de unión con lo divino, siendo la contemplación y la filosofía, puentes que permiten recordar el origen divino. El propósito de la existencia es un proceso de retorno espiritual, no material, donde el alma, purificada de los apetitos corporales, debe ascender de nuevo para reintegrarse en la luz de su progenitor, el Rey Helios, dijo Juliano, quien estudió retórica, religión tradicional romana y, a través de Edesio, sucesor de Jámblico, la corriente neoplatónica.
En la lectura del neoplatonismo, Juliano reinterpreta el mito de Atis (figura de la mitología frigia, griega y romana) y Cibeles (la Madre de los Dioses), utilizando la exégesis alegórica para profundizar su doctrina ascética. Donde el alma humana habita en una tensión constante entre el descenso material y la purificación ritual, permitiendo la unificación por medio del principio intelectual superior.
Juliano también fue conocido como Juliano II o Juliano el Apóstata, entre sus ideas se encuentra la siguiente: “el Dios supremo sopla en el ser humano una mente inmortal y un alma racional“, esa chispa divina e imperecedera es compartida con el orden cósmico universal.
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