Los números que destruyen el relato del Paraguay en ruinas
- <i><b>Jorge Torres Romero</b></i>
- <b>Columnista</b>
Hay dos datos que deberían llamar a una profunda reflexión: cerca de 50.000 extranjeros solicitaron residencia en Paraguay durante los primeros nueve meses del año y el número de depositantes del sistema financiero equivale al 68 % de la población.
Dos señales positivas que contrastan con el discurso de quienes insisten en presentar al Paraguay como un país destruido, sin oportunidades y con las heladeras vacías.
Los extranjeros no vienen solamente a hacer turismo. Muchos buscan establecerse, invertir, trabajar y construir su futuro en nuestro país. Mientras algunos se empeñan en desacreditar al Paraguay, desde afuera lo observan como una tierra de oportunidades.
Mientras algunos paraguayos se esfuerzan por instalar la imagen de un país destruido, miles de extranjeros miran al Paraguay como una tierra de oportunidades.
Esa contradicción merece una reflexión profunda.
¿Por qué ciudadanos de otros países encuentran atractivo establecerse aquí, mientras determinados sectores políticos y mediáticos se empeñan en convencernos de que vivimos en el peor lugar del mundo?
La respuesta tiene mucho que ver con las condiciones que ofrece Paraguay: estabilidad macroeconómica, una estructura tributaria competitiva, energía abundante, oportunidades de inversión y un potencial de crecimiento que comienza a despertar el interés internacional.
Por supuesto, solicitar una radicación no significa necesariamente concretar una inversión. Pero constituye una señal de interés y confianza que sería absurdo despreciar.
Y el dato sobre los depósitos bancarios también merece atención. No significa que todos tengan grandes ahorros ni que la pobreza haya desaparecido, pero refleja una realidad mucho más amplia que el relato de la desesperanza permanente.
Paraguay tiene problemas, necesidades y enormes desafíos. Nadie puede negarlo. Pero una cosa es reconocer las dificultades y otra muy distinta es negar sistemáticamente cualquier avance por odio político.
Hay sectores que parecen necesitar que al Paraguay le vaya mal para que sus discursos tengan sentido. Si llegan inversiones, las minimizan. Si aparecen indicadores favorables, los descalifican. Si el país progresa, buscan cómo desacreditarlo.
El Paraguay no es el país en ruinas que algunos pretenden vender. Es un país con problemas, sí, pero también con estabilidad, oportunidades y futuro.
Porque una cosa es querer que pierda un gobierno y otra, mucho más grave, es desear que fracase el país.
Los gobiernos pasan. El Paraguay queda. Y reconocer sus avances no es oficialismo: es patriotismo. Puedo estar equivocado, pero es lo que pienso.
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