“No hay una sola Argentina”: Sica y Malamud analizan cómo llega la economía a 2027, el impacto de Brasil y la “apuesta” de Milei
Pese a que la economía argentina proyecta completar su segundo año consecutivo de crecimiento en 2026, los números muestran una contracción en la mitad del año, con una persistente heterogeneidad entre e intra sectores. “Vamos a tener una economía mucho mejor que en 2025, la discusión de cuánto alcanza para el proceso eleccionario”, anticipa sobre 2027 Dante Sica, exministro de Producción (2018-2019) y socio fundador de Abeceb, que el próximo jueves organizará el 16° Foro Abeceb, en el Faena Art Center de Buenos Aires, un encuentro en el que se debatirá el escenario para los negocios, los desafíos políticos y las oportunidades para la economía argentina. “Si se vota hoy, el Gobierno todavía está arriba, si se vota en octubre, y se mantiene el hoy, el Gobierno va para abajo”, anticipa el politólogo Andrés Malamud, uno de los participantes del encuentro, en esta entrevista compartida con LA NACION.
-¿Por qué la economía creció menos de lo proyectado a comienzos de año?
Sica: -Cuando mirás lo que está pasando en la región, se da un fenómeno similar en el sentido de que hay un contexto externo que se puso mucho más duro por los conflictos internacionales y el aumento del precio de los combustibles que ha tenido una afectación en el aumento y la disponibilidad de insumos, algunos problemas con las importaciones. También tenés factores internos. Desde el punto de vista económico, lo que fue el shock negativo del año pasado que hizo que antes de la elección tuvieras una dolarización del 50% del circulante, con fuertes aumentos de la tasa de interés, y además de que ya venías con un amesetamiento en la segunda parte del año, generó un impacto de arrastre sobre este año. Recién la economía empezó a desentumecerse hacia finales del segundo semestre. También hubo algunas señales un poco erráticas que tuvo la política monetaria que afectaron la demanda interna. Y ese proceso de esos primeros cuatro meses, que fueron un poco más duros de lo esperado, con una inflación que subió un poquito, con caída del salario real, empezó a generar un cambio en la expectativa política.

-¿En qué sentido?
DS: -Cuando empezó el año, parecía que Milei ganaba la primera vuelta, pero con esas expectativas negativas, se aceleró un poquito quizás algo de dolarización de cartera de las personas. Y hubo números bastante dispares, porque si bien es cierto que la economía se desaceleró, es muy heterogéneo; no hay una Argentina sola. En especial el sector industrial, dio caída de dos y pico respecto de 2025, adentro tenés sectores que crecen a dos dígitos, con un cambio muy fuerte en lo que es la jerarquía productiva, con química, petroquímica o procesamiento de combustibles liderando, y sectores como textiles o calzado que caen a dos dígitos. Vimos mucho serrucho y recién para el último trimestre vemos una mejora, porque los salarios le empiezan a ganar un poquito a la inflación, empiezan a moverse algunos proyectos, algunos RIGI que se habían aprobado. Seguramente el fin de año desde el punto de vista de los números, va a ser un poquito mejor, pero el dato anual ya te lo jugaste. Pasamos del 2,5% de crecimiento a entre 1,1% y 1,2% que puede terminar el año.
-¿Son factores económicos o políticos?
Malamud: -En la ciencia política está estudiado que el 80% de la imagen presidencial depende de factores externos, y 80% de la imagen se acompaña con 80% de capacidad de reelección. Como decía Dante, los factores externos empeoraron en América del Sur a lo largo del año. La razón es muy simple: aumento de la inflación porque aumentó el petróleo, aumentó el petróleo porque Irán cerró Ormuz, Irán cerró Ormuz porque Estados Unidos lo bombardeó y Estados Unidos lo bombardeó porque Donald Trump lo decidió. El elemento disruptivo de la política internacional es Trump. Argentina, Brasil y Chile tuvieron que reducir la perspectiva de crecimiento por Trump. Milei tiene la ventaja de que a él Trump lo ayuda individualmente, pero lo perjudica sistémicamente.

-Y hacia adelante, ¿qué escenario se abre?
AM: -Si uno mira el mundo, lo que sigue buscando son precios de las commodities y la tasa de interés. Las commodities altas nos benefician porque somos exportadores, y la tasa de interés alta nos perjudica porque necesitamos inversión. La Fed acaba de decidir que queda como está, pero todo depende de lo que ocurra en el futuro. Si la próxima decisión es volver a aumentar la tasa, nos hunde. Si las materias primas siguen aumentando, nos benefician como exportadores, pero nos perjudican como consumidores, pagamos más en la estación de servicio, aunque YPF enriquezca. Son todos señales mixtas. ¿Qué significa eso? Que dejan un cierto margen para la política, y depende de lo que vos hagas. Y lo que está haciendo el Gobierno en este momento no parece ayudar.
-¿Por qué?
AM: -Es el entorno de Milei el que encuentra dificultades para defender sus actitudes, y son las entidades empresarias las que están pidiendo respeto por la libertad de prensa y por el derecho de los periodistas. Hay un desgaste. Hace un año no pasaba esto. Era popular en todos lados y se lo justificaba en todos lados. Hoy se lo deja de justificar y deja de ser popular. ¿Tiene retorno? Sí. Tiene que hacer lo mismo que hacía antes, que es moderarse cuando el ambiente lo exige. Y está mostrando dificultad para eso.
-¿Cómo llega la economía a 2027?
DS: -Hay dos elementos. Vas a tener un mundo que va a tener un poco menos de crecimiento de la actividad y del comercio, un poco más de inflación y un costo de capital más caro. Para los que son los grandes proyectos del país, en especial aquellos que tienen que escalar en minería, en energía, en el mismo sector de agroalimentos, es un desafío bastante fuerte. Pero, por otro lado, la demanda producto de las distintas tensiones sigue generando una corriente muy fuerte, en cobre, minerales para las cadenas de valor de la IA o por seguridad alimentaria. Ese escenario, quizás en el corto nos afecta un poco por el precio del combustible por la suba tras el conflicto en Ormuz, pero por otro lado, al contrario, acelera los proyectos de inversión en una región que está exenta de conflictos y tiene los recursos estratégicos que el mundo está demandando.
-¿Y también madura lo que ya está en marcha ahora?
DS: -La economía va a estar creciendo por encima de lo que creció este año, en un piso de 2% y un máximo de 3%. No es un boom, pero para el país, atar tres años de crecimiento seguidos empieza a generar una continuidad interesante. La inversión va a empezar a crecer con respecto a 2026, con exportaciones creciendo y proyectos que empiezan a madurar. Los que estén por fuera del RIGI todavía la inversión van a estar mirando mucho el ciclo electoral. Y hay un tema también para discutir, y es que nosotros pensamos que cuando vos sacas el ruido de la superficie, se han dado en estos últimos tres años tantos cambios a nivel internacional producto de estas tensiones que estamos viendo, como reformas a nivel interno, donde el costo de reversión es muy alto.
-¿En qué sentido?
DS: -En costos económicos, jurídicos, contratos firmados y el impacto fiscal. Hoy el RIGI, por el despliegue territorial que tienen las inversiones, está generando ingresos de regalías a muchas provincias del interior, que están cambiando su ecuación desde el punto de vista fiscal. Los acuerdos internacionales que estamos firmando y hablando en los congresos, Unión Europea, Singapur, está por entrar ahora en acuerdo con Estados Unidos. Los costos de dar vuelta atrás en esos acuerdos y reformas son mayores que hacer un cambio directamente. Entonces, en 2027 hay expectativa de problemas fiscales o de crisis del sector externo, pero tampoco va a ser una economía de un boom.
-¿Y cómo se traduce eso a la percepción individual de los votantes?
DS: -Ese es el desafío y Andrés lo podrá explicar, pero desde los factores macro, vamos a tener una economía mucho mejor que en 2025: consolidado el tema fiscal, mucho más fuerte desde las reservas, un mercado cambiario que está estable, salario que va a estar recuperando un poco de consumo, con un poco más de inversión. La discusión de cuánto alcanza para el proceso eleccionario.
AM: -Los indicadores nos muestran una bifurcación entre el AMBA y el interior. Hay 10 puntos porcentuales de diferencia en la percepción de la situación económica entre el interior y el AMBA. El Gobierno está aceptablemente en el interior y menos bien en el AMBA. Se federalizó la economía argentina. En parte porque en la reforma de la Constitución se incorpora la cláusula para que las provincias sean dueñas de los recursos naturales, y cuando se empiezan a explotar esos recursos, la que los tiene y los explota, va para arriba, y la que o no los tiene o no los explota, va para abajo. Y la provincia de Buenos Aires es la gran perdedora de esta transformación económica, porque es el núcleo del consumo interno, y el resto del país es el núcleo de los complejos exportadores. ¿Cómo da el balance electoral? Buenos Aires tiene el 40% de padrón, pero dos tercios están en el Conurbano, que son los perdedores, y un tercio está en el interior, son seis millones de personas. En el interior, los sectores vinculados al Gobierno arrasan en provincias como Córdoba y Mendoza, y la gran pregunta es si los conurbanos alcanzan para compensar lo que sostiene el Gobierno en el interior. Si se vota hoy, el Gobierno todavía está arriba, si se vota en octubre, y se mantiene el hoy, el Gobierno va para abajo. Electoralmente, necesita reactivación. No lo digo yo, lo dice el Ministro de Economía.
-¿Y puede lograrlo?
AM: -Depende en parte del mundo y en parte de sí mismo. La discusión del mundo no la decidimos nosotros, pero si se facilita el crédito o hay obra pública dependen del Gobierno. Milei dice que prefiere perder a cambiar el plan económico. Hasta ahora, no fue así. Siempre tuvo discurso dogmático y práctica pragmática. Siempre hizo algo diferente a lo que prometía. ¿Dolarización? Reforzó el peso. ¿Destruir el Banco Central? Lo reforzó. Hacer lo que haga Trump, pero se quedó en el Acuerdo de París sobre el Cambio Climático para firmar el acuerdo con la Unión Europea. Si hoy cumple su palabra, está en problemas. A Milei lo hizo grande comportarse diferente de lo que prometía. ‘La moral como política de Estado’ cualquier politólogo te va a decir que eso es un error, pero no es un error moral solamente, es un error práctico. En política hay dos morales, la ética de la convicción y la ética de la responsabilidad. Un profeta tiene la ética de la convicción. Hace lo que está bien independientemente de las consecuencias. Un político tiene la ética de responsabilidad, si ponés la otra mejilla, abofetean al pueblo al que representás. Milei dice ‘No voy a cambiar, si pierdo, pierdo’. En su entorno dicen ‘No queremos perder’. Porque además perder genera retracción de inversiones, y así no crecés.

-¿Qué impacto tiene para el país la reelección de Lula en Brasil?
AM: -A los mercados les gusta la derecha. Si hubiera ganado Bolsonaro, el efecto sobre la economía brasileña es favorable para la argentina: revaluación del real hacía que nosotros nuestras exportaciones valieran más y ganásemos más por turismo receptivo. Cuando gana Lula, los desarman posiciones y el real más bajo no nos conviene. En el corto plazo el efecto económico no es bueno. En temas políticos, si se mantiene como siempre, es neutro. La relación política es muy mala y nunca afectó el funcionamiento económico, turístico y social. Soy escéptico respecto a la importancia de la relación entre los presidentes, cuando ellos no quieren que esa mala relación tenga impacto sobre lo material, y en este momento temo que se pueda cruzar una línea roja.
-¿En qué sentido?
AM: -La contribución del gobierno argentino para l el exilio de Flávio Bolsonaro podría generar desconfianza en el gobierno brasileño de tal manera que tome medidas que perjudican la relación comercial. Por ahora, no. Incluso algunos piensan que a Lula le conviene que Bolsonaro se haya ido. En ese caso, queriéndolo o no, el gobierno argentino contribuyó para la satisfacción de Lula. Y en ese aspecto Trump fue clarísimo en su ambigüedad: las elecciones fueron muy raras, pero con Lula me llevo bien. Y eso es mucho más de lo que puede decir Milei.¿A qué creo que aporta Milei, y esto es inferencia especulativa? A que a Lula le vaya mal. Va a enfrentar una situación fiscalmente desesperante: 9% de déficit, ocho puntos de deuda financiera, la tasa es altísima, insustentable. Tiene que hacer un ajuste y prometió lo contrario. Existe la expectativa de que Lula enfrente un juicio político, tiene minoría del Congreso y una situación fiscal muy complicada. Si el Gobierno se juega a eso, y a Lula lo destituyan, es una victoria política. No saludarlo, hoy es un error. Si mañana lo destituyen, habrá sido una apuesta acertada.
-¿Y en términos económicos?
DS: -Si uno mira los últimos 30 años de relaciones de presidentes, salvo contadas excepciones, siempre se han llevado mal. Y el comercio ha caído, aumentado, independientemente de las relaciones de los presidentes. No veo que una mala relación o que no se hablen Lula y Milei, vaya a afectar el mundo de los negocios. Lula, como lo explicaba Andrés, va a tener serias dificultades para poder llevar adelante un programa económico bien justo que va a necesitar del Congreso. Entonces lo primero que tenemos que ver es qué Lula vamos a tener. Pero en estas condiciones, vamos a una economía que va a crecer menos, y eso es malo porque nuestras exportaciones no dependen tanto de precios o del tipo de cambio, sacando el turismo. El grueso se mueve si crece Brasil: en ese caso vendemos más autos, alimentos, químicos o gas. La expectativa para este año es un crecimiento menor y eso va a afectar en especial algunas exportaciones de algunas provincias como Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y de empresas pymes.
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