El doctor Zhivago y su autor
Todo aquel que haya visto esa inolvidable película dirigida por David Lean, Doctor Zhivago, recordará su leitmotiv musical, el «Tema de Lara», y la también inolvidable actuación de Julie Christie. Hoy, Yuri Zhivago y su intérprete, el actor egipcio Omar Shariff, están muertos, y Lara tiene 82 años. De la pasión que los unió solo quedan cenizas. Es la vida que los alcanzó.
Para los nostálgicos, evocaré la película, basada en la novela homónima del escritor ruso Boris Pasternak, publicada en 1957 en Italia. Pasternak había enviado el manuscrito a las revistas Novy Mir y Znamya, al almanaque Literatúrnaya Moskvá y a la editorial Goslitizda a principios de 1956, pero el establishment soviético solo aprobaba aquellas obras literarias que encajaran en el estilo del realismo socialista y reflejaran las luchas y victorias del proletariado. Novy Mir rechazó la novela en septiembre; Literatúrnaya Moskvá, en octubre. Finalmente, la publicó en Milán la editorial Feltrinelli.
Debemos entender que a los líderes bolcheviques les correspondió una ingente e ímproba tarea: cambiar la mentalidad de toda una nación. Eran millones y millones de habitantes del territorio de la futura Unión Soviética los que debían dejar de creer en Dios y olvidarse del padrecito Zar y de toda su familia, asesinados para que a ningún aristócrata se le ocurriera devolverlos al trono, mientras –todavía en los albores de la Revolución– el ejército libraba una guerra contra Prusia y contra Francia que acababa en derrota ante el Japón y, simultáneamente, otra guerra, en este caso civil, dividía Rusia enfrentando al Ejército Rojo (prosoviético) y al Ejército Blanco (zarista). En ese ambiente comienza la historia relatada en la novela de Pasternak, que desnuda obvios errores y corrupciones del sistema monárquico que moría y del que los soviéticos querían implantar.

El realismo socialista exigía a sus autores que pusieran en primer plano a los proletarios; aquella novela que no lo hiciera se consideraba decadente y contrarrevolucionaria. Con esos parámetros fue juzgada la obra de Pasternak, y cuando ganó el Nobel de Literatura por esa misma obra, las autoridades soviéticas no le permitieron ir a recibirlo. Eso significó un gran sufrimiento para el autor, que murió pocos años después de que lo expulsaran de la unión de escritores soviéticos y lo condenaran a un gulag de indiferencia y silencio.
Si hubiera una moraleja para esta historia, sería una que aconsejara prudencia ante el advenimiento de un nuevo régimen político, y silencio. Habrá que atortugarse, como decía mi amiga la doctora Margarita Prieto Yegros. Vivir protegida por un caparazón, y no hablar. Pero un escritor capaz de recrear un mundo en decadencia, un artista capaz de capturar esa sociedad rusa que desaparecía, un autor capaz de poner en palabras las consecuencias de un cambio tan radical, tan impresionante para una sociedad que hasta ese momento se negaba a creer que los pobres fueran parte de ella y que tuvieran derechos; alguien así no puede vivir amordazado. Ese mismo autor tampoco podía dejar fuera de su obra el cataclismo que representó la Revolución rusa para la clase privilegiada, para los zares y los aristócratas, que perdieron sus injustos privilegios y sus propiedades, expropiadas por el gobierno soviético.

La película refleja esos tiempos de cambio de vida para los rusos, así como la corrupción de la sociedad emergente, pero también relata la conmovedora historia de aquel amor que nació entre la guerra y la muerte, el amor del doctor Zhivago y Lara, que no pudieron vivirlo y se perdieron el uno al otro.
Esplendor y miseria del cine polaco
El triunfo de los proletarios llega al final del filme, cuando la hija extraviada de Zhivago y Lara aparece convertida en obrera en una monumental presa hidroeléctrica: de su desamparo inicial en un país devastado por la guerra civil, ha pasado a ser una trabajadora integrada y protegida por el sistema, una forma de realización laboral y social que hubiera sido impensable para una joven huérfana y pobre antes del advenimiento del socialismo.
*Lita Pérez Cáceres (María Amelia Sabina Pérez de Cabral, Asunción, Paraguay, 1940) es escritora y periodista. Ha trabajado en los diarios Noticias, ABC Color, Hoy y La Nación, entre otros, ha conducido programas de radio en las emisoras Ñandutí y Chaco Boreal y ha publicado María Magdalena María (Intercontinental, 1997), Encaje secreto (Intercontinental, 2002), Mi vida con Herminio Giménez (Servilibro, 2005), Cuentos del 47 y de la dictadura (Criterio, 2008), Cartas de amor y otros cuentos (Fausto, 2010; Premio Roque Gaona de la Sociedad de Escritores del Paraguay), Memorias de Areguá (Criterio, 2015), Circo Desolación (Servilibro, 2012), Sueños a la intemperie (Servilibro, 2016), Mestiza (Servilibro, 2023), Cartas a Fernando (Fausto, 2024) y Locas de amor (Fausto, 2025), entre otros libros.

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