Niños que necesitan a sus padres para dormir: dos especialistas explican qué hay detrás y cómo actuar
Termina el cuento o la última nana y llega el momento de apagar la luz. Cuando los padres se disponen a salir de la habitación, una vocecita o un llanto los detiene. A veces basta con sentarse al borde de la cama, dar la mano o dejar la puerta entreabierta. Otras, la despedida se alarga y, horas después, unos pequeños pasos por el pasillo o una llamada desde la cuna vuelven a reclamar su presencia. También hay niños que, después de meses o incluso años durmiendo de manera autónoma, vuelven a necesitar compañía para irse a dormir. Una situación que reabre uno de los debates más recurrentes de la crianza: hasta dónde acompañar, cuándo favorecer que los niños duerman solos y si atender sus demandas es darles seguridad o protegerlos demasiado. ¿Qué hay detrás de esa necesidad de tener cerca a sus padres cuando llega la noche? ¿Es miedo, costumbre o una forma de buscar seguridad? ¿Cuándo conviene preocuparse?
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