Un amanecer místico
Hay ocasiones en las que se sabe que una fotografía de la memoria será algo imborrable.
Aunque ya ha habido momentos singulares a lo largo de la ruta 66, en este viaje de Chicago a Los Ángeles para ver y explicar Estados Unidos en vísperas de las elecciones de medio mandato en las que el presidente Donald Trump puede sufrir un revolcón, conducir en Arizona por el desierto de Mojave y zigzaguear por las Black Mountains causa un impacto casi místico, justo en ese instante en que no es de noche ni de día.
Los líderes mojave denuncian la “comercialización” del agua del Colorado que amenaza su existencia
Y más cuando nadie más circula por este trazado al amanecer. El vehículo, el conductor y la majestuosidad del escenario.
Aquí se entiende la trascendencia del coche para los estadounidenses. “Hemos sabido vender muy bien esa idea de la libertad que ofrece la carretera abierta y lo que la rodea”, dice el historiador Jim Hinckley, vecino de Kingman, punto de partida esta jornada, y uno de los renombrados eruditos de la ruta.
Es tan temprano que ni los burros de Oatman se han desperezado todavía. Sin faltar el respeto. En este antiguo pueblo minero, convertido en estampa de souvenir del Lejano Oeste, los burros salvajes que campan a su voluntad se han convertido en pieza clave de este icónico enclave. Media docena está frente a uno de los edificios de madera que forman esta calle de cine. No se inmutan, tal vez por falta de acción humana.
A la puerta del hotel, que hace años no que recibe huéspedes, se halla Fred Baker, vecino de Bullhead City, a 20 minutos. Espera que abra el bar para desayunar. Su esposa es la gerente.
“Los burros son la gran atracción. Ojalá que la gente, cuando venga a Oatman, conduzca más despacio y no les dé de comer, porque, solo este año, diez asnos han sido atropellados y han muerto”, lamenta Baker.
El paisaje continúa siendo espectacular cuando aparece el puente sobre el río Colorado que marca la entrada en California, el último de los ocho estados que configuran el viaje.
California fue la tierra prometida para la familia Joad en Las uvas de la ira de John Steinbeck, novela que introdujo el término de “carretera madre” para esta vía. Hoy, en territorios muy conservadores del trazado le quitan brillo al Estado Dorado al considerarlo la semilla del mal, un peligro para EE.UU. del que acusan a las élites.
“Soy californiana de nacimiento y de pura cepa. Creo en California. No estoy de acuerdo con los impuestos ni con algunas de sus formas de pensar, especialmente de nuestros jóvenes. Pero por eso creo que, como alcaldesa, puedo contribuir a cambiar las cosas”, remarca Janet Jernigan, alcaldesa republicana de Needles, primera localidad de California en la ruta.
Los californianos tienen la opción este 3 de noviembre de votar varias propuestas sobre fiscalidad. La más relevante, contra la que se han conjurado los magnates tecnológicos de Sillicon Valley, es la del impuesto a los multimillonarios.
No pocas voces en el camino han constatado que numerosos californianos se mudan a otros estados por ser más baratos y con menos tasas. Pero acarrean su visión del mundo. “Eso es lo que descubren en Oklahoma o Arizona, que los californianos que se trasladan llevan consigo sus ideas de California, que no necesariamente encajan con la mentalidad y el estilo de vida de esos estados”, señala Jarnigan.
“Los demás estados acabarán igualando la situación. Ya no hay nada gratis en ningún sitio. Todos tienen sus propios problemas, que pueden estar relacionados con el clima, las tarifas de los servicios públicos o el coste de la vida”, apostilla.
Jarnigan acompaña al séquito de nativos americanos que desfilan por la calle principal (la ruta 66) en el 50 aniversario del día de la tribu mojave, que comparte territorio en California, Arizona y Nevada. “Hemos tenido que enfrentarnos al Gobierno, aunque nosotros estábamos aquí primero. Y no queremos tener que luchar contra el Gobierno por nuestras tierras y derechos. Solo queremos vivir en libertad y que nos dejen en paz”, afirma Mariela.
El lema de esta edición es “El agua es la vida”. El Colorado, esencial para ellos, cada vez tiene menos cauce. “Hemos de proteger el agua. No debemos utilizarla para obtener ganancias económicas. Me refiero a venderla, a permitir que las empresas la comercialicen y se use fuera de aquí, que nos la arrebaten, la canalicen con tuberías y se la lleven lejos de nuestras tierras”, denuncia Colleen Garcia, secretaria del consejo tribal.
Rumbo hacia la meta resulta obligado para mitómanos hacer un alto en un bar de Newberry Springs. El local abrió a mediados del pasado siglo, pero se rebautizó en 1995 tras ser la localización en 1987 de la película de culto Bagdad Café .
“Desde Chicago hasta aquí impresiona el cambio en el paisaje, en la topografía, en el clima. Sabemos desde pequeñas lo inmensamente grande que es este país. Lo sabemos intelectualmente, pero hasta que no haces un viaje como este, no llegas a comprenderlo de verdad”, reflexiona Sue Hall (de Tennessee), que va con Vicky Davis (Illinois), amigas de la época universitaria y recién jubiladas.
San Bernadino, sede del primer McDonald’s, inaugurado en 1940, marca un punto de inflexión. En los 127 kilómetros finales de trayecto, la carretera es la calle de una conurbación de ciudades enlazadas, donde el tráfico y los semáforos son intensos. Una pesadilla.
Además se hace complicado repostar. La gasolina es un tesoro, a más de siete dólares el galón; y en las estaciones no se fían. Han anulado el prepago y se ha de pasar por la caja. Mucho mejor pagar en metálico.
A los Joad y los pioneros de la ruta, que escapaban del hambre, les sorprendería ver la larga cola para comprar bollería en el Ultimate Chocolate Croissant de Pasadena (siete dólares la unidad). Y qué decir si vieran que iban circulando al lado de un coche sin conductor.
Hay mucho ambiente en el muelle de Santa Mónica, punto final en Los Ángeles. Holden y Jane, matrimonio de Chicago, exclaman “¡lo hemos conseguido!”, mientras una turista asiática les inmortaliza en la foto.
“Hemos ido todo el camino por la ruta, nada de interestatales, por asfalto, por gravilla o barro, pero por la historia”, recalca Jane. Se van entonando el himno que escribió Bobby Troup (1946) para esta carretera: Get your kicks on Route 66 .

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