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Antonelli, el niño prodigio que heredó el volante de Hamilton aspira a hacer historia
Andrea Kimi Antonelli (Bolonia, 2006) está a un banderazo de ser el campeón del mundo más joven de la historia de la Fórmula 1. Sebastian Vettel lo logró en 2010 con 23 años: tres años de diferencia que atestiguan una trayectoria de progresión meteórica. Este domingo en México el italiano tiene todas las cartas para devolver a su país a un trono en el automovilismo desde que Alberto Ascari se proclamase campeón con Ferrari en 1953 —hace 73 años—. Y lo hace al volante del monoplaza que dejó Lewis Hamilton en su sueño de conducir para Ferrari. Solo necesita dos puntos, le vale con acabar noveno en el circuito Hermanos Rodríguez.Como en tantas otras historias de la máxima categoría , los primeros pasos de Antonelli se dieron en el karting. Su padre, Marco, expiloto de carreras y dueño de una estructura en esta disciplina, encendió su pasión por las cuatro ruedas. A los siete años, el boloñés ya competía con los karts de la familia. Mercedes lo reclutó en 2019, con tan solo 12 años, para su programa de jóvenes talentos. Fue campeón de Europa de karting en 2020 y 2021, hizo doblete en 2022 en la Fórmula 4 de Italia y Alemania y en 2023 se coronó en las Fórmulas Regionales de Oriente Medio y Europa. Se saltó el paso por la Fórmula 3 para desembarcar directamente en la Fórmula 2 como antesala del gran salto: fue sexto en 2024, con dos victorias. El 31 de agosto de ese mismo año, apenas seis días después de cumplir la mayoría de edad, la escudería alemana lo anunció como sustituto de Hamilton.De las lágrimas de Spa a la corona mundialSu debut se produjo en Australia, el 16 de marzo de 2025, con 18 años y 203 días —el tercer estreno más prematuro de la historia— y concluyó en cuarta posición. Subió al podio en Canadá, firmó la pole más joven en cualquier formato y cerró el curso séptimo con 150 puntos, la mayor cifra cosechada por un debutante en un año completo. Sin embargo, ese verano la confianza estuvo a punto de resquebrajarse. En Spa, en el mes de julio, se clasificó en la decimoctava plaza y rompió a llorar ante los micrófonos, pañuelo arrugado en mano: «Solo necesito encontrar la luz al final del túnel otra vez». Toto Wolff, jefe de Mercedes, asumió la responsabilidad del equipo por haberle hecho completar una tanda larga en los únicos entrenamientos libres, dejándolo sin preparación para la clasificación.2026 ha sido el año que cambió su destino. En China, el 15 de marzo, firmó la pole más precoz de la historia y logró su primera victoria con 19 años: el segundo triunfo más joven tras el de Max Verstappen y el primero de un italiano desde Giancarlo Fisichella en 2006. «No tengo palabras. La verdad es que estoy a punto de llorar», confesó. Hamilton, que completó el podio, lo abrazó al bajar del coche. A esa victoria le siguieron Mónaco, Japón, Miami y Canadá: cinco triunfos consecutivos, una racha inédita tras estrenar el casillero de victorias. En el Principado lideró todas las vueltas y se convirtió en el piloto más joven en lograr un Grand Chelem (pole, victoria, vuelta rápida y liderazgo de principio a fin). «Son muchas victorias, colega; me estás alcanzando», bromeó Hamilton en la sala de enfriamiento.El mayor contratiempo del curso llegó en Monza, el 6 de septiembre. Una penalización por cambiar componentes de la unidad de potencia le relegó a la decimonovena posición de salida. Una bandera roja temprana, provocada por un accidente de Charles Leclerc, unida a una estrategia divergente respecto a su compañero George Russell, le reabrió las opciones de triunfo. Completó una remontada memorable para ganar ante su afición: ningún italiano vencía en Monza desde Ludovico Scarfiotti en 1966, y solo un ganador en la historia de la Fórmula 1 había salido desde más atrás en la parrilla. «Es un sueño hecho realidad», afirmó. Alcanzaba así siete triunfos; el octavo llegó en Madrid, en la prueba siguiente.El camino no estuvo exento de fricción. En Bakú se estrelló durante la sesión de clasificación y Russell acabó llevándose el triunfo mientras él cruzaba la meta quinto. Wolff, de prudencia casi supersticiosa, contuvo la euforia hasta el tramo final: en marzo, tras vencer en China, advirtió de que era «demasiado pronto para pensar en el campeonato»; en octubre admitió que ante la consulta a una inteligencia artificial el porcentaje de Antonelli sería de «casi el 100 %», aunque matizó que «esto es automovilismo». El propio piloto se tomó con humor la posibilidad de abrochar el título la semana anterior en Austin tras ser tercero en Singapur: «¿Puedo? ¿De verdad? No pensemos en eso». También venció en Texas, aunque no le alcanzó para ser campeón.Sebastian Vettel, quien le cederá el testigo de la precocidad en la F1, ya le había otorgado su bendición: «Los récords están para batirse», declaró cuando el italiano comenzó a acechar su marca, asegurando que se alegraría sinceramente por él. El propio Antonelli reveló que el tetracampeón alemán le escribe «después de cada carrera y a veces incluso antes». Poco más de un año después de romper a llorar bajo la lluvia de Spa, el joven boloñés al que su padre imaginaba de niño con un volante en las manos aspira a reinar este domingo en México en la cima del automovilismo mundial.
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