Una biografía rescata del olvido al pionero que llevó a España a la Antártida
La biografía "Antoni Ballester. El hombre que soñaba con la Antártida", firmada por Oriol Ballester Sadurní, desvela la dimensión científica y humanista de este químico, oceanógrafo y espeléologo nacido en Mont-roig del Camp (Tarragona) el 16 de mayo de 1920 y fallecido en Barcelona en 2017.
El libro recuerda que Ballester fracasó una y otra vez en su intento de persuadir a España de la necesidad de instalar una base en la Antártida tras haber participado desde finales de los 60 en varias expediciones a ese recóndito lugar del planeta invitado por otros países (Bélgica, Argentina y Polonia) y de llegar a situar un campamento en la isla de Livingston.
El cambio de parecer no llegó hasta 1987, cuando los rumores de una posible partición del continente blanco -que acabaron resultando falsos- despertaron el interés del Gobierno español.
En una entrevista recogida en el libro, la científica Josefina Castellví, compañera de aventuras de Ballester en la Antártida durante años, explica que el Ministerio de Asuntos Exteriores pidió a su amigo que instalase una base en la Antártida "a toda velocidad".
"Yo creía que no seríamos capaces, pero él estaba convencido. El Ministerio de Exteriores pagó la base y todo lo que no habíamos hecho en 17 años lo tuvimos que hacer en unos meses", recuerda.
Unos meses después de abrir la base, en mayo de 1988, Ballester sufrió un grave accidente cerebral vascular que le obligó a abandonar la investigación. Sería sustituido como líder del proyecto antártico por Castellví, la primera mujer de España en participar en una expedición internacional.
Desde entonces, la base fue mejorando año a año sus instalaciones y, aunque es propiedad de España, es utilizada por científicos de diversas nacionalidades. El módulo de laboratorio original, retirado en el 2013, se puede ver en el CosmoCaixa en Barcelona.
A diferencia del científico de Mont-roig del Camp, Castellví recibió altos honores institucionales por su labor científica, como la Cruz de Sant Jordi o la Medalla de Oro de la Generalitat de Cataluña.
Ballester sí obtuvo, sin embargo, el reconocimiento de su municipio de origen, que bautizó en su honor un centro de educación secundaria en 2005.
Además de su papel en la Antártida, Ballester destacó por la puesta en marcha de un pionero sistema de análisis continuo de temperatura, salinidad y concentraciones de nutrientes en agua de mar, que supuso en su momento una gran novedad y se aplicó por todo el mundo.
Durante años fue investigador del Instituto de Investigaciones Pesqueras (IIP) del CSIC, precedente del actual Instituto de Ciencias del Mar (ICM), y participó en varias campañas oceanográficas.
La biografía escrita por Oriol Ballester recupera también la trayectoria vital del científico, marcada por la Guerra Civil y la posguerra, a partir de diversa documentación familiar, correspondencia y el testimonio de los que trabajaron con él.
Con 17 años, Ballester se ofreció como voluntario para defender la República Española al inicio de la Guerra Civil y pasó por campos de refugiados en el sur de Francia hasta que pudo regresar a Barcelona.
Además, el libro describe a un hombre polifacético, aficionado a la música, la pintura y la poesía. Fue también uno de los primeros buceadores deportivos en España y llegó a dirigir el Instituto de Ciencias Marinas en la Isla Margarita, en Venezuela.
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