Hasta los perros fifís necesitan justicia
“La pregunta no es: ¿pueden razonar?, ni ¿pueden hablar?, sino ¿pueden sufrir?“.
Jeremy Bentham
En la Condesa hasta los perros cargan con fama de fifís. Tienen terraza, paseador y familia que les celebra el cumpleaños. Les falta declarar patrimonio. Pero cuando alguien los envenena, se acaba el chiste. Yo no necesito compartir sus hábitos familiares para exigir que castiguen a quien los mata.
Salvador “N”, señalado por el envenenamiento de perros en el Parque España, fue vinculado a proceso el 31 de octubre. Seguirá en prisión preventiva mientras avanza la investigación. Todavía no hay condena. Espero una ejemplar. Que esta vez la indignación dure lo suficiente para llegar a la sentencia.
La Fiscalía reporta cuatro animales muertos y catorce cebos con metomilo, un insecticida altamente tóxico. Carne para atraerlos. Veneno para matarlos. Perdón, pero aquí no hubo un malentendido entre vecinos. Alguien preparó esas trampas y las distribuyó. Tuvo tiempo para decidir. Y para seguir decidiendo.
¿Gracias a quién lo ubicaron? Los vecinos aportaron información y videos. Alessandra Rojo de la Vega los recabó y entregó a la Fiscalía. La policía detuvo al sospechoso y el Ministerio Público sustentó la imputación. Cada cual tiene su mérito. Ojo: a la alcaldesa tampoco hay que borrarla porque descomponga el reparto morenista de las medallas.
Alessandra hizo algo políticamente extravagante: tocó puertas y consiguió información. Buscó pruebas. Qué ocurrencia. Con lo cómodo que resulta condenar los hechos desde una oficina y anunciar que se llegará hasta las últimas consecuencias. Hasta dan ganas de patentar el procedimiento.
Los vecinos pusieron organización y cámaras privadas. Pagan para protegerse y después ayudan a reconstruir el delito. Cooperar, desde luego. Pero entre comprar seguridad, conseguir las grabaciones y buscar quién les haga caso, la denuncia empieza a parecer un segundo empleo. Sin sueldo y con impuestos.
Y sí, están los “niño-perros”. Los que van en carriola, tienen cumpleaños y ocupan el lugar de hijos. A mí no me toca autorizar cómo quiere cada quien a su mascota. Se puede bromear con el guardarropa del perro. Con su agonía, no. Tampoco hay que aprobar un examen de austeridad afectiva para tener derecho al duelo.
Ahora bien, hay algo más que organización: visibilidad. El mataperros despierta solidaridad, miedo y morbo. El caso interesa. Se comparte. Se comenta. Y cuando mucha gente está mirando, dejar pasar los días tiene un costo político. Qué pena que para exigir justicia también ayude tener público.
Ahí veo el problema. ¿Qué pasa con el perro callejero? ¿Con la colonia sin cámaras? ¿Con la víctima humana que no consigue una entrevista ni conoce a nadie en la alcaldía? El delito puede ser igual de grave. Pero su dolor no da nota. ¿Entonces que vuelva cuando consiga seguidores?
La SSC mencionó una posible agresión previa de un perro contra un familiar del detenido. Que se investigue. Una mordedura exige atención y responsabilidades. Eso sí: no autoriza a repartir veneno. Si ocurrió, había que reclamar al dueño y acudir a la autoridad. Los demás perros no eran sus deudores.
Pero esa es la lógica del escarmiento: alguien me hizo daño, cualquiera puede pagarlo. Ni siquiera hace falta encontrar al culpable. Basta con encontrar a uno que no pueda defenderse. Después, los demás aprenderán a no salir al parque. El miedo también se pasea sin correa...
Quiero una condena ejemplar si se acredita su responsabilidad. Y para eso quiero un expediente que se sostenga. La policía de Pablo Vázquez y la Fiscalía de Bertha Alcalde deben llevar su trabajo hasta el final. La foto del detenido sirve para el boletín. Para hacer justicia falta bastante más.
Que quede claro: no sobra atención en la Condesa. Falta en otros lugares. El reclamo no es que investiguen menos a los fifís. Es que investiguen igual a quienes no pueden hacerse escuchar. La obligación de la autoridad empieza con el delito. No con la cantidad de gente que se entera.
Giro de la Perinola
Que castiguen al responsable. Y que el empeño sobreviva a los reflectores. La justicia no debería exigirle pedigrí a la víctima. Mucho menos, jefe de prensa.
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