Rendición de cuentas: Demasiado poder, pocas explicaciones

La idea parece sencilla, aunque para algunos resulte bastante incómoda: quien ejerce una responsabilidad pública tiene que responder ante la sociedad. No es un favor, una cortesía ni una concesión de quienes ocupan un cargo; es una obligación. El problema comienza cuando algunos de los que hoy ocupan un escaño, una dirección o una posición de autoridad parecen confundir el cargo con una propiedad privada y el poder con una licencia para decidir sin demasiadas explicaciones.
Administran recursos que no les pertenecen, toman decisiones que afectan a miles de personas y ejercen facultades que les fueron conferidas para cumplir una función determinada. Pero cuando llega el momento de explicar sus actuaciones, aparece una curiosa maquinaria de evasión: tecnicismos, reglamentos, procedimientos administrativos y comunicados que, después de muchas palabras, terminan diciendo muy poco.
Ver nota original ↗
¿Querés un resumen rápido de esta noticia, hecho por nuestra IA?
