Y? Dónde quedo el muerto?...En el extremo del cajón.
Historias y aventuras…..

ROSARIO OROPEZA.
Francisco Montero Rubio se nos adelantó en el viaje sin retorno, gran ser humano y servidor público, y como dice la letra de la canción de Alberto Cortez: “Cuando un amigo se va, queda un espacio vacío”.
En la ciudad de Guamúchil, por mucho tiempo existió únicamente la “Funeraria Esparza”, propiedad de un señor a quien todo mundo conocía por “El Chirrisco”, quien lo mismo proporcionaba el servicio de recolector de cadáveres, preparador y hasta sepulturero.
Un día llegó una familia a solicitarle un servicio de preparación de un cuerpo, el cual estaba mutilado de ambas piernas, es decir solo existía la parte superior del cadáver, incluía el ataúd y el traslado de los restos hasta una población ubicada en lo alto de la sierra del municipio de Mocorito.
La familia era de escasos recursos económicos y por ende solicitaron el servicio mas económico, pues ya estaban “Muy gastados”, a pesar de que habían pedido cooperación a familiares y amigos en diversas ocasiones para sufragar los costos de hospitalización.
“Chirrisco” ofreció a la familia del muerto el servicio de traslado en una carroza, y en una camioneta doble rodado llevarían los accesorios para el velorio, es decir mobiliario, carpas y todos los enseres propios de la ocasión.
Ante lo alto de los costos, la familia pidió que el ataúd con el cuerpo se fuera en la doble rodado, junto con el mobiliario, el “Chirrisco” aceptó, y así se hizo.
Era temporada de lluvias y los caminos estaban en pésimas condiciones, de manera tal que la carga se movía de un lado a otro en la camioneta.
Cuando llegaron al destino del velorio y tras realizar todos los preparativos, “Chirrisco” pidió apoyo para bajar el ataúd, pero ¡Oh sorpresa!...No venia el muerto, todos quedaron asombrados.
Sabedor de que el cuerpo iba incompleto, “Chirrisco” pidió a la familia unos minutos para ir por el cadáver, todos pensaron que era un garrafal olvido, pero el experimentado sepulturero salió a la orilla el poblado y al otro extremo de la caja estaba “el troncho”.
Lo jaló, lo acomodo y muy pronto regreso al lugar del velorio, ante la atónita mirada de los asistentes….!Que golpe tan duro!
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