Mientras Estados Unidos reduce al mínimo la elaboración de combustóleo, las refinerías de Pemex mantienen una producción diez veces mayor que genera partículas dañinas para la salud y complica el panorama ambiental de México
Las emisiones contaminantes de dióxido de azufre procedentes de las refinerías de Petróleos Mexicanos (Pemex) aumentaron 67 por ciento durante los últimos 20 años, de acuerdo con un análisis elaborado por Francisco Barnés de Castro, integrante del Observatorio Ciudadano de la Energía y ex Subsecretario de Energía.
El especialista atribuye el deterioro operativo a la falta de modernización profunda de la infraestructura industrial. En su lugar, las plantas recuperadoras de azufre han recibido soluciones temporales o “parches”, mientras procesan una proporción cada vez mayor de crudo pesado.
Según lo publicado en Reforma, el escenario afecta a las regiones donde se ubican las refinerías y mantiene el reto de equilibrar la autosuficiencia en combustibles con la protección ambiental y la salud pública.
¿Cómo han evolucionado las emisiones de las refinerías de Pemex?
El análisis documental señala que las emisiones a la atmósfera de las seis refinerías tradicionales del sistema de Pemex —sin incluir la de Dos Bocas, que opera de manera parcial— aumentaron de forma continua durante los últimos sexenios.
- Durante la administración de Felipe Calderón, el promedio era de 1.45 toneladas de dióxido de azufre por barril procesado.
- En el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, la cifra subió a 2.21 toneladas.
- En el primer año de gobierno de la administración encabezada por Claudia Sheinbaum, alcanzó 2.43 toneladas.
El incremento se relaciona principalmente con la falta de inversiones de gran escala para modernizar las plantas recuperadoras de azufre.
A diferencia de Estados Unidos, donde la infraestructura se actualiza de forma continua para procesar crudos complejos con estrictos estándares de mitigación, las refinerías mexicanas operan con una calidad de crudo que ha empeorado.
Esta condición desgasta la eficiencia operativa de los complejos y eleva el volumen de gases nocivos liberados al medio ambiente.
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¿Por qué el combustóleo es uno de los principales retos ambientales?
El diagnóstico identifica la sobreproducción de combustóleo como uno de los puntos más delicados. Se trata de un subproducto del petróleo altamente tóxico y con concentraciones elevadas de azufre.
Mientras que en las refinerías de Estados Unidos este residuo representa entre el 1 y el 2 por ciento del total de petrolíferos, en las instalaciones de Pemex el volumen promedia 20 por ciento.
Una revisión de las cifras oficiales del Sistema Nacional de Refinación (SNR) indica que, entre enero y agosto, el conjunto de refinerías procesó un promedio de 910 mil barriles diarios de petrolíferos. De ese total, 185 mil correspondieron exclusivamente a combustóleo.
La distribución de esta producción fue la siguiente:
- Salina Cruz: 36 por ciento.
- Salamanca: 24 por ciento.
- Cadereyta: 21 por ciento.
- Madero: 13 por ciento.
- Minatitlán: 12 por ciento.
- Tula: 11 por ciento.

La combustión de este residuo es uno de los principales detonantes de la formación de partículas finas PM2.5, consideradas por la comunidad científica entre las más peligrosas para los sistemas respiratorio y cardiovascular.
¿Por qué México tiene dificultades para colocar el combustóleo?
El problema del combustóleo también está relacionado con el mercado internacional. A partir de 1999, las regulaciones ambientales globales contra la quema de combustibles pesados y con alto contenido de azufre en altamar cerraron los mercados tradicionales de exportación para el producto nacional.
Ante la imposibilidad de venderlo en el extranjero bajo las mismas condiciones, México tuvo que redirigir grandes volúmenes hacia centrales termoeléctricas nacionales o enviarlos como insumo de mezcla al sur de Texas.
Francisco Barnés de Castro advierte sobre la contradicción logística que esto implica: “Como hay que colocar combustóleo, exportamos con crudo ligero, le metemos a las refinerías más crudo pesado y, además, queremos procesar más; entonces sacamos muchísimo más combustóleo que antes”.
El resultado directo de esta cadena de decisiones, agrega, es una afectación ambiental exponencial: “contaminamos mucho más”.
¿Cómo afecta esta contaminación a la salud y al entorno?
Para los habitantes de las regiones donde se ubican las refinerías, como Salina Cruz, Oaxaca; Tula, Hidalgo; Cadereyta, Nuevo León, y Salamanca, Guanajuato, las concentraciones de dióxido de azufre y partículas PM2.5 se relacionan con episodios recurrentes de mala calidad del aire, contingencias ambientales y un incremento en padecimientos alérgicos, asmáticos y broncopulmonares.
Ante estos episodios, las personas expuestas a las emisiones deben:
- Monitorear los índices metropolitanos de calidad del aire.
- Evitar actividades al aire libre durante las precontingencias.
En el ámbito económico y social, el análisis plantea la necesidad de revisar las prioridades de inversión pública para equilibrar la búsqueda de autosuficiencia en combustibles con el cumplimiento de las normativas internacionales de protección ambiental y salud pública.
¿Qué se necesita para reducir las emisiones de las refinerías?
El análisis del Observatorio Ciudadano de la Energía plantea que revertir el aumento de las emisiones contaminantes y la saturación de combustóleo requerirá presupuestos destinados a una reconversión tecnológica profunda.
Entre las alternativas mencionadas se encuentran:
- La instalación de plantas de coquización retardada.
- La incorporación de unidades de hidrodesulfuración eficientes.
El diagnóstico señala que estas medidas permitirían dejar atrás las reparaciones superficiales que mantienen el impacto ecológico de la industria petrolera nacional.

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Qué puede hacer la población ante episodios de mala calidad del aire
La información disponible indica que los habitantes de las zonas cercanas a las refinerías deben consultar de manera constante los índices de calidad del aire y limitar las actividades al aire libre cuando se registren precontingencias.
El análisis también identifica que la reducción de emisiones depende de decisiones de inversión y modernización de la infraestructura de Pemex, así como de la capacidad para disminuir la generación y el uso de combustóleo con alto contenido de azufre.
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