Las elecciones de mitad de mandato, una trampa mortal para los partidos de gobierno en EE.UU.
No suelen despertar la misma pasión ni se roban el show como las presidenciales. Pero las “midterms” o elecciones de medio término son determinantes en la política de Estados Unidos, y tienen, como el voto a presidente, un impacto directo en el resto del mundo.
Tan decisivas son que los presidentes cuyos partidos controlan el Congreso, republicanos o demócratas, intentan apurar la aprobación de leyes clave en sus primeros dos años, a riesgo de quedar en minoría después y ver su agenda paralizada.
El Congreso puede además conducir investigaciones y exigir a los funcionarios que rindan cuentas por errores, abusos y desmanejos, incluido el presidente. Después de las elecciones de medio término de noviembre de 2018, durante la primera presidencia de Donald Trump, los demócratas triunfantes en la Cámara de Representantes lanzaron varias investigaciones sobre sus negocios y su gobierno.
Escapar de ese bucle de derrotas no le ha sido fácil a ningún gobierno a lo largo de la historia de Estados Unidos. En las 21 legislativas celebradas desde 1934, solo dos veces el oficialismo ganó escaños tanto en el Senado como en la Cámara de Representantes: en las primeras elecciones de medio término de Franklin D. Roosevelt y en las primeras de George W. Bush.
Las estadísticas son categóricas por donde se las mire. En los últimos ochenta años solo dos de los 14 presidentes vieron a sus partidos ganar en la Cámara de Representantes. En promedio, el partido de oposición ganó 28 escaños en la Cámara de Representantes y dos escaños en el Senado.
Incluso líderes populares, como Dwight Eisenhower, John F. Kennedy, Richard Nixon y Ronald Reagan, perdieron bancas en las elecciones de medio término. Esta tendencia se acentúa cuando la imagen del presidente no está en baja, como sucede ahora.
Las midterms de Reagan
Por tomar las últimas décadas, quien mordió el polvo en las midterms fue por ejemplo el republicano Ronald Reagan. El antiguo actor de Hollywood había accedido a la presidencia en 1980 como estandarte de la “revolución conservadora”, en simultáneo con la premier británica Margaret Thatcher, a quien en la Argentina se la recuerda más por la guerra de Malvinas que por sus posturas económicas.
Los republicanos bajo Reagan sufrieron una dura derrota en la Cámara de Representantes en las midterms de 1982. Y si bien fue reelecto en 1984, su partido volvió a perder en 1986, ahora en las dos cámaras.
Con seis años en el gobierno, Reagan planteó las elecciones de medio término de 1986 como una contienda ideológica. Dijo que el dilema era “entregar al gobierno de vuelta a los liberales o avanzar con la agenda conservadora hacia los años 90”. Los votantes lo desoyeron, en unos comicios que le dieron el Senado a los demócratas y consolidaron su control en la Cámara de Representantes.
La frustración de Clinton
Otro claro caso de revés oficialista se dio en las legislativas de 1994. Celebradas a mitad del gobierno del demócrata Bill Clinton, los republicanos lograron el control unificado del Congreso por primera vez desde 1952. Obtuvieron ocho nuevos escaños en el Senado y ganaron 54 en la Cámara de Representantes, en unos comicios calificados como la “revolución republicana”.
“El pueblo estadounidense cree -o al menos una mayoría de sus integrantes- que un gobierno dividido puede funcionar mejor que un gobierno unificado”, dijo Clinton, decepcionado y frustrado con los votantes. Clinton tuvo su revancha cuatro años después, en una de las raras excepciones a la regla de las midterms, cuando el buen andar de la economía estadounidense hizo ganar a su partido.
Guerra a las guerras de Bush
Los republicanos sufrieron en forma en 2006, durante el segundo mandato de George W. Bush y en el contexto de la “guerra contra el terrorismo”. Esa misma guerra lo había hecho ganar las midterms de 2002, otra curiosa excepción, solo un año después de los ataques del 11 de Septiembre, cuando todavía prevalecía el patriotismo y la unidad a ultranza debido a la conmoción de los atentados.
Para 2006, el shock de adrenalina nacionalista había cedido terreno y los votantes veían que la guerra contra el terrorismo había ido demasiado lejos. Sobre todo por la impopular guerra de Irak, que Bush lanzó en 2003 mintiéndole a los norteamericanos y al mundo, y que tres años después, con miles de tropas, estaba estancada.
Su lucha contra el terrorismo incluía cárceles secretas de la CIA, la prisión ilegal de Guantánamo, y una drástica extensión de la vigilancia de las agencias de inteligencia dentro de Estados Unidos, gracias a la Patriot Act.
En una revolución política que puso fin a más de una década de dominio republicano, el Partido Demócrata logró mayorías en las dos cámaras del Congreso, así como en gobernaciones y legislaturas estatales. Estos comicios fueron calificados de manera generalizada como una “ola demócrata”.
El mal trago de Obama
Como le sucedió al republicano Ronald Reagan, el presidente demócrata Barack Obama vio caer a su partido en la Cámara de Representantes en sus primeras elecciones legislativas, y tendría un golpe más fuerte todavía cuatro años después.
En 2010 los republicanos pusieron fin al control simultáneo de los demócratas sobre el Congreso y la Casa Blanca logrando la mayoría en la Cámara de Representantes, y obtuvieron nuevos escaños en el Senado. Los demócratas salvaron el Senado, pero quedaron disminuidos.
Esos comicios representaron un avance del Tea Party, los ultraconservadores que llevaron al Senado, entre otros, al actual jefe de la diplomacia de Estados Unidos, Marco Rubio, en uno de los mayores logros de la extrema derecha previo a la era Trump.
Obama volvió a ser víctima de una mala performance demócrata en las midterms de 2014, durante su segundo mandato. De hecho, les fue peor que antes. Los republicanos aumentaron nueve bancas en el Senado, el mayor avance para cualquiera partido desde las elecciones de 1980. Y en la Cámara de Representantes obtuvieron un aumento neto de 13 bancas.
La prueba inicial de Trump
¿Y cómo le fue a Trump y a sus candidatos en su primer desafío legislativo, las midterms de 2018? El Partido Demócrata ganó la mayoría en la Cámara de Representantes, con una ganancia neta de 40 escaños, pero los republicanos conservaron y expandieron su mayoría en el Senado. En este duelo, los demócratas inclinaron la balanza con una ganancia neta de siete gobernaciones. Trump, siempre fiel a sí mismo, lo vio sin embargo de otra manera.
“Todos los presidentes de los últimos tiempos sufrieron un revés en las elecciones de medio término y reaccionaron reconociendo la derrota y prometiendo trabajar de una manera nueva y más bipartidista (...) Pero no fue así en el caso de Trump, quien no solo ignoró que los demócratas se hicieron con el control de la Cámara de Representantes, sino que, el martes por la noche, publicó un tuit sobre su ‘gran victoria’”, escribió días después la periodista y editora estadounidense Susan B. Glasser en The New Yorker.
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