Kimi Antonelli se pasa el juego en México y se convierte en el más joven de la historia en ganar el Mundial de F1
Qué mejor que un rodeo como el que Kimi Antonelli se marcó en Austin, el domingo pasado, para preparar el fiestón que se dio una semana después, en un escenario tan propicio para la jarana como Ciudad de México, donde este chaval con carita de ingenuidad extrema se pasó el juego al que está enganchado desde que Marco, su padre, le metió en un kart cuando apenas caminaba. Antonelli se presentó en México con todo el trabajo hecho y con la única obligación de conseguir que su coche cruzara la meta entre los nueve primeros; un objetivo que se podía dar por hecho si atendemos a que únicamente no lo había conseguido en Montmeló y Silverstone, y en ambos casos por avería. En el circuito Hermanos Rodríguez, el corredor de Mercedes terminó en el podio en una alborotada carrera que dominó Max Verstappen por delante de Lewis Hamilton, y le puso el cerrojo a un Mundial que ha manejado como le ha dado la gana, con una naturalidad aterradora que le subraya como una de las figuras más relevantes de la historia de la Fórmula 1. El golpe tremendo contra el muro que se llevó Valtteri Bottas, al colapsar la suspensión delantera de su Cadilla, forzó la neutralización de la prueba e hizo posible un último adelantamiento de Antonelli, este a Charles Leclerc, que le permitió desmelenarse subido al cajón del Foro Sol.
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