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Señor Sánchez, yo quiero involucionar
En su afán de manipular la realidad, Pedro Sánchez y sus asesores han diseñado un artefacto retórico para descalificar la alternancia democrática: cuando gobierna la izquierda hay progreso; cuando puede gobernar la derecha, retroceso. Tres días antes del accidente ferroviario de Urda, advirtió de que un Gobierno del PP y Vox supondría «una auténtica involución» . Hablaba de aborto y eutanasia, pero nadie se acuerda de los matices. Pues bien, yo sí quiero involucionar para recuperar algunas cosas que España ha perdido durante estos años de tanto progreso.Quiero volver al pasado en el que los trenes de alta velocidad llegaban puntuales y sus pasajeros llegaban vivos. Cuando el AVE era el emblema de un país capaz de hacer las cosas tan bien como los mejores. Cuando nuestra red ferroviaria provocaba admiración, no estupor. Y cuando, si fallaba un mecanismo de seguridad, había otro para impedir la catástrofe. Investigar un accidente exige determinar qué ocurrió, pero también por qué toda una organización fue incapaz de evitarlo.Quiero volver a cuando los gobiernos presentaban esas antiguallas que son los Presupuestos Generales del Estado. Esa era su obligación constitucional. Entonces no transcurrían años sin nuevas cuentas y el Parlamento discutía los ingresos y gastos y exigía explicaciones. Aquella costumbre anticuada de someter los impuestos de los ciudadanos al control de sus representantes.Quiero volver a los tiempos en que las leyes se hacían en el Parlamento. Cuando los proyectos pasaban por ponencias, comisiones, enmiendas y debates. Cuando los diputados podían mejorar o estropear las propuestas del Gobierno, pero al menos tenían ocasión de intentarlo. Antes de que el decreto-ley, concebido para situaciones de extraordinaria y urgente necesidad, se convirtiera en una forma habitual de legislar. La deliberación parlamentaria era lenta, sí. Precisamente por eso servía para frenar al poder.Quiero volver a la época en que los ministros dimitían por vergüenza. No porque fueran personalmente culpables de cada error, sino porque comprendían que la responsabilidad política empieza donde termina la penal. La dimisión no era una confesión de delito, sino una manera de preservar la dignidad del cargo.Y, ya puestos, quiero volver a una economía en la que el crecimiento se notaba en los bolsillos, no solo en las estadísticas. Cuando trabajar permitía soñar con una vivienda y emanciparse no exigía una herencia. Una economía puede crecer mientras la vida cotidiana se estrecha. La modernidad no se acredita con discursos, sino con servicios públicos que funcionan e instituciones que cumplen.Sobre todo, quiero volver a una democracia en la que los gobernantes aceptaban que sus adversarios podían sustituirlos legítimamente. Perder unas elecciones no significaba que el país hubiera decidido regresar al franquismo, sino que los ciudadanos habían decidido cambiar de Gobierno. Sánchez puede defender su continuidad. Lo que no puede es apropiarse de la dirección de la historia. Si recuperar trenes fiables, presupuestos, leyes debatidas y ministros responsables es retroceder, me declaro partidario de la involución. Hay pasados bastante más modernos que el actual presente.
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