ABC
Cayetana Álvarez de Toledo: «Quiero reconstrucción, no revancha»
A estas alturas de la precampaña, y bajo el ritmo estroboscópico que imprime la política española al compás de los días, a uno le parece normal que Cayetana Álvarez de Toledo (Madrid, 1974) desayune Coca-Cola a las nueve de la mañana. Las televisions emiten aún imágenes del paisaje de hierros retorcidos del accidente de Urda y su maldito baile de muertos. La biblioteca del Gran Hotel Inglés, a tiro de piedra del Congreso de los Diputados y del centro de Madrid tapiado con maderas para que no saqueen las tiendas, es el escenario adecuado para la reivindicación de la ética y la moral y el discurso del referente intelectual del Partido Popular. Después de unos años en los que la derecha vivió refugiada en los resultados de la gestión, la flamante número dos de la lista por Madrid del Partido Popular emprende un viaje discursivo sobre lo bueno, lo verdadero y lo bello, un alegato aristotélico al que ya no estábamos acostumbrados.—¿Le bastaría el cese o la renuncia de Óscar Puente?—Evidentemente no. Su dimisión es un imperativo moral mínimo. No tiene ni el talento ni el talante y jamás debió ser ministro de Transportes. Encarna la catadura moral de este Gobierno y su manera de entender la política: el frentismo, el brutalismo, la voluntad de discordia y la incompetencia. Iría incluso más lejos: pedir su dimisión sería simular una normalidad institucional en la que existe la responsabilidad política, un concepto que este Gobierno ha pulverizado. Sánchez llegó invocando una moralidad ejemplar y autoexigente, y ha destruido esa idea. Casi preferiría que Puente se presentara a las elecciones, que diera la cara y que los españoles vieran en las papeletas el rostro del sanchismo. La única salida moral y políticamente válida es la de Sánchez, porque lo que ha fallado no es un ministro, es un modelo. Es sistémico.—¿Es culpable el Gobierno de los accidentes de Adamuz y Urda?—Creo que lo es. Hay dos planos. La culpa la dirimirán los tribunales. Y después, la responsabilidad política, ineludible: no existe política sin responsabilidad. Pero aquí se añade algo más. Esta es la trágica gota que colma la paciencia y la indignación ciudadanas: dos accidentes en la misma vía en nueve meses. Mintieron, dijeron que la vía no tenía problemas, no hicieron la auditoría y no atendieron las insistentes advertencias sobre su seguridad.Sánchez lleva años bailando mientras España descarrila. El cainismo y la corrupción cuestan vidas. La corrupción, porque el Ministerio de Transportes ha sido el epicentro del saqueo socialista: nunca han recaudado más y nunca hemos recibido menos. ¿Qué han hecho con los fondos Next Generation que debían reforzar la seguridad? Y el cainismo, porque este es un Gobierno que ha hecho del frentismo su forma de supervivencia, y la polarización paraliza un país: cuando cavas una trinchera o levantas un muro, es imposible llegar a los acuerdos necesarios para reformar. Por eso hemos pasado una legislatura sin Presupuestos Generales.—¿Qué entiende por «modelo» socialista de gestión?—Tras Adamuz expliqué que aquello no fue una casualidad, sino la consecuencia de un modelo con seis ingredientes. El primero, el enchufismo: la colonización de todas las instituciones, con cargos afines, amigos e incluso prostitutas colocados en empresas vinculadas al transporte. El segundo, el desprecio al mérito, lo que llamo la doctrina Pilar Lucio: una consejera de Seguridad Nuclear que explicó en el Congreso que su principal virtud era ser socialista y que tener demasiados conocimientos técnicos podía ser contraproducente. El tercero, el culto al relato: Puente anunciando que el AVE llegaría a 350 kilómetros por hora y que el tren vivía su mejor momento, y ayer, que el Gobierno valora cerrar el AVE Madrid-Barcelona. El cuarto, el cainismo. Puente es el paradigma de la política frentista y ha hecho del insulto su forma de estar en política: ha insultado a todo el mundo, de Fernando Savater a Eduardo Madina, y bloquea preventivamente a la gente en Twitter. ¿A qué se dedica un ministro de Transportes? El quinto, la nula rendición de cuentas: apagón, invasión, corrupción, Adamuz, Urda… La culpa siempre es de otro. En este caso se la han endosado a un operario: el partido de los trabajadores culpa a un trabajador humilde. Y si fue solo un error humano, ¿por qué cierran las vías? Y el sexto, la corrupción: Ábalos, 24 años de cárcel; la presidenta de Adif, imputada por enchufes y mordidas. Ahí está retratado un modelo de gestión.—¿Cuál es entonces la estrategia del PP?—Exactamente lo contrario. Primero, lo técnico: una auditoría general e integral del sistema por un equipo independiente, para ver dónde están las lagunas y las grietas, reformar y reparar lo necesario y devolver la confianza. Pero hace falta una política distinta, basada en tres cosas. El mérito y la excelencia: buscar a los mejores al margen de su ideología, su procedencia o su carné. La evidencia y no los dogmas: políticos que lleguen a sus conclusiones tras análisis objetivos, racionales y científicos. Y la buena fe en la búsqueda de acuerdos, porque, como decía, el cainismo cuesta vidas.—Si el PP llega al poder, ¿qué debe hacer para desmontar el sanchismo? ¿Le basta ponerse en el centro del tablero inclinado o hay que redefinir las reglas? ¿Qué hará con las estructuras de poder que han echado raíces en las instituciones?—Quiero reconstrucción, no revancha: la revancha también acaba destruyendo el sistema. La idea no es descolonizar las instituciones de comisarios políticos socialistas para colonizarlas con comisarios políticos populares. Tenemos que llegar para limpiar, higienizar y regenerar de raíz el sistema institucional y democrático, y eso significa ser absolutamente implacables con la colonización. Se acabarán las leires, los koldos y las jésicas, pero también los tezanos, los pumpidos y los intxaurrondos, quienes han usado lo de todos al servicio de un solo hombre y de un proyecto sectario de poder. El plan es descolonizar no para colocar a los míos, sino a los mejores.En la campaña catalana de 2019, de la que fui cabeza de lista por Barcelona, los edificios públicos estaban llenos de lazos amarillos, y yo iba con mis compañeros arrancándolos. Pero no los arrancábamos para poner lazos azules, ni rojos ni verdes de ninguna ideología, sino para preservar la sacrosanta neutralidad de las instituciones: lo de todos debe representar, defender y proteger a todos, no a una mitad. Una institución colonizada por comisarios políticos cuyo principal mérito es el servilismo al poder acaba en tragedia.Álvarez de Toledo Tania Sieira Álvarez de Toledo Tania Sieira—¿Cuál sería la primera medida?—Hay una que me gustaría especialmente, previa a la constitución del Gobierno: el 23 de diciembre, cuando se constituyan las Cortes, que queden eliminados los pinganillos entre españoles en el Congreso. Es un símbolo. La era del sanchismo, que será recordada como la era de la indecencia, tiene dos: el muro y los pinganillos. Hemos tenido un Gobierno separatista en el sentido más profundo del término, que ha buscado separar a los españoles por razones ideológicas con el muro y por razones identitarias con los pinganillos. Tenemos que eliminar los pinganillos, derribar el muro y reconstruir sobre un suelo moral de valores comunes que todavía existe.En esto soy muy optimista. Dicen que hay polarización en España y es mentira. Hay una minoría que se ha apoderado de las instituciones y ha pretendido excluir a la mitad de España del tablero político, y ha fracasado. Los españoles no nos odiamos como los socios de Sánchez odian a España. Eso se ve en Adamuz y en Urda, con españoles que no se preguntan a quién votan para ayudarse y salvar vidas; se vio en Paiporta; se ha visto en Ceuta. Hay una nación que no se odia y por eso este Gobierno ha fracasado. Se habla de un sistema ferroviario obsoleto, y sí, pero lo que de verdad está obsoleto es este Gobierno: el cainismo, la corrupción, la indecencia, la vanidad, la soberbia, el matonismo.—Es un discurso de regreso a la moral, después de años en los que parecía que lo único que importaba era resistir a toda costa. ¿Es un cambio tectónico?—Sí. España necesita una revolución de la decencia. Por encima de sus infinitos fracasos, desde la vivienda hasta la inmigración y las infraestructuras ferroviarias, este Gobierno ha sido un persistente, sistemático y cotidiano atentado a la moral más elemental. Cloacas, joyas, putas, saunas, enchufes, mordidas, narcos, mafias. Esa es la lista, y probablemente me quedo corta. Han pulverizado la moral pública y han pretendido que nos acostumbráramos a vivir sin ella. Por eso hace falta una revolución moral y ética: el proceso de reconstrucción de España no va a ser solo político e institucional.—El sanchismo desconectó, en términos ferroviarios, los sistemas de seguridad morales de la sociedad.—Totalmente. Los anticuerpos éticos. Muchas veces, evocando a Vargas Llosa, me he preguntado cuándo se jodió la moral pública. Y creo que hay una línea roja que, una vez cruzada, hizo posible todo lo demás: cuando el PSOE pacta con un partido que justifica el asesinato de sus propios compañeros, Fernando Múgica, Fernando Buesa, Ernest Lluch y tantos otros. ¿Cómo vas a formar un Gobierno con un partido que justifica el coche bomba, el tiro en la nuca, el asesinato de niños, el de Gregorio Ordóñez por la espalda, el de 850 españoles? Se lo dije un día a los socialistas en el Congreso: ¿cómo os miráis al espejo? No era una pregunta retórica. Algún día tendrá que surgir un brote verde en el PSOE que se ponga de pie en el hemiciclo y diga que jamás debimos pactar con Bildu.Y para justificar ese pacto han tenido que llenar España de odio. La única manera de justificar sus alianzas con el separatismo y con fuerzas no homologables en ninguna democracia es convertir la alternancia en algo moralmente inaceptable: decir que el PP y Vox son el fascismo. Hace apenas cinco días decía Sánchez en una entrevista en El País que el PP y Vox no son la alternancia democrática, lo que equivale a decir que no tienen derecho a ganar las elecciones. Es la impugnación de la alternancia, una vieja tradición de un sector de la izquierda y el origen de este proceso.A. de Toledo: «Casi preferiría que Puente se presentara a las elecciones, que diera la cara y que los españoles vieran en las papeletas el rostro del sanchismo»—¿Qué les diría a quienes todavía dudan si votar al PSOE?—Que votar con las vísceras y el odio tiene consecuencias de ruina y de muerte. Y no es una metáfora: el cainismo cuesta vidas. Hay que votar con la cabeza y con la voluntad de preservar el bien común, no con las tripas y los odios. Cuando Sánchez bailaba en los mítines invocaba el amor y los corazones, pero practicaba el odio a la otra mitad: una perversa operación de espejos. Les digo a esos votantes que no se dejen atrapar bajo los escombros del muro de Sánchez.—¿Podemos fiarnos de que el sanchismo no intentará pervertir los resultados de las próximas elecciones?—Vamos a ganar. Hay una España tolerante, luminosa y reconciliada deseando iniciar una nueva etapa. Otra cosa es que Sánchez, que llegó robando las primarias, pretenda manosear el censo electoral, algo que ha intentado. Toda medida de vigilancia es poca. Tendremos todos los apoderados e interventores que hagan falta, revisaremos todo y haremos todos los chequeos del censo. Pero la primera medida es votar, votar, votar y votar: ante sus trampas, más democracia. Con la ley de nietos presionamos, nos personamos ante el Tribunal Constitucional, elevamos la voz, y lo estamos frenando. Salieron ayer los datos de cuántos eran de verdad nietos de la guerra civil: creo que 901 de 163.000. Está claro que preparaban un pucherazo. Si hizo un pucherazo en su partido, claro que estaba dispuesto a intentar robarnos las elecciones. Se lo vamos a impedir.María Corina Machado me enseñó lo esencial. Me contó que supo que iban a ganar cuando, en un mitin en un pequeño pueblo del interior, preguntó a miles de personas quién se iba a hacer cargo de las actas, y la gente respondió espontáneamente: «Yo». No dijeron «el apoderado» ni «el centro electoral». Ese «yo» se fue repitiendo mitin a mitin, como una ola de responsabilidad individual en defensa de la democracia. Eso es lo que necesitamos en España: militantes de la democracia, no simplemente ciudadanos.La número dos del PP por Madrid durante la entrevista con ABC Tania Sieira—¿Somos un poco Venezuela?—Hoy, no. Pero tenemos un presidente con una relación de intimidad antidemocrática con el peor chavismo y un expresidente cuya careta por fin se ha caído. Algunos llevábamos diez años diciendo que Zapatero era un inmoral: el faro moral del PSOE ocultaba un millón y medio de euros en joyas y presuntamente cobró comisiones de un rescate público. Estoy deseando ver los mítines de Zapatero, Óscar Puente y Sánchez juntos. Esa es la imagen exacta de la catadura moral de este Gobierno, junto a la hipocresía granítica de una izquierda que decía «soy feminista porque soy socialista» mientras colocaba a prostitutas en empresas públicas. Y Montse Mínguez decía a voz en grito desde la tribuna del Congreso que no se puede hacer negocio con la vivienda, y resulta que su pareja hacía negocio con la vivienda: la pyme buitre era su pareja y ella, la buitre consorte. Esa es la hipocresía granítica de la izquierda, con la que también hay que acabar.«La Constitución no es el problema. El Estado democrático del 78 no ha fracasado, ha sido atacado, y decir lo contrario sería absolver a Sánchez de su responsabilidad»—¿Es el sanchismo un régimen? ¿Necesitamos una segunda Transición, porque el régimen del 78 no estaba preparado para este hackeo?—No comparto la visión pesimista sobre la España forjada en 1978. Hay un discurso según el cual el Estado ha fracasado, la Constitución está agotada y los españoles estamos irremediablemente divididos en bandos. No es verdad, y aceptarlo es darles la razón a los odiadores de España y a los profetas del fracaso español. El Estado democrático del 78 no ha fracasado, ha sido atacado, por la convergencia entre el separatismo identitario y una izquierda reaccionaria. Si decimos que la Constitución es el problema, absolvemos a Sánchez.Lo que necesita una purga y un cambio radical es la izquierda. Felipe González tuvo que romper con el marxismo, en Suresnes, para convertir al PSOE en una fuerza con vocación de gobierno. Tras una derrota radical en las urnas, el PSOE tendrá que elegir entre refundación o extinción, y si hay una persona con luces en ese partido, lo que debería hacer es romper con los dos grandes flagelos que han destruido nuestra convivencia y al propio PSOE: el separatismo y el guerracivilismo.Nosotros, entretanto, tenemos que ocuparnos, con una mayoría fuerte y sólida, de proteger, blindar y reformar nuestro sistema democrático. No quiero ruptura, quiero reforma; no quiero la ruptura que fracasó en la Transición y que la izquierda ha metido dentro del sistema para demolerlo desde dentro. Quiero una reforma profunda desde un optimismo combativo, para recordar la frase de Cánovas: «Vengo a continuar la historia de España». No creo en los adanistas. Hay que reforzar el Estado, con jueces que elijan a los jueces, una fiscalía independiente y un Parlamento donde la rendición de cuentas sea lo habitual. Con Feijóo al frente tendremos un Estado que garantice el orden y la libertad, porque no hay libertad sin orden ni orden sin autoridad.Ese programa tiene otros pilares. Volver a ver lo que los españoles tenemos en común: llevamos cuarenta años subrayando y financiando lo que nos separa, y es más valioso subrayar la historia común, la lengua común, lo que nos une. Reconstruir las clases medias, maltratadas estos ocho años: de los jóvenes y la vivienda a los pensionistas y los autónomos, la gente que levanta el país. Hay que levantar un monumento al contribuyente español, héroe nacional, quitarle trabas, eliminar papeleos y bajar impuestos. Reconstruir la educación, otro de los grandes colapsos de este Gobierno: han promovido un apocalipsis cognitivo pensando que cuanto más burra la gente, más le va a votar. Y restaurar la verdad en la vida pública. No hay democracia sin respeto a los hechos objetivos: los sentimientos no pactan.—Ha cambiado el PP: antes se vendía casi a escondidas como el partido de la gestión.—El 29 de noviembre vamos a elegir entre gestión y corrupción. Pero una gestión no entendida como una tecnocracia fría sin concepto moral de la vida pública, sino como respuesta a una visión moral y ética de la política y del interés común. No soy partidaria de denigrar la política y ensalzar la tecnocracia. Hay que rescatar la política de las fauces del populismo, y para eso tienen que dedicarse a ella los mejores, los más honestos, los mejor formados. Hemos expulsado la inteligencia de la política. Y lo que hay es una batalla no cultural sino por la cultura, en el sentido más profundo.Pienso en Fátima Báñez, que me escribió hace cuatro días con su bonhomía y su generosidad para ofrecer apoyo a la campaña. Es el símbolo de la España que volverá: talante y talento, competencia y cordialidad, principios y pactismo, porque es más fácil pactar cuando tienes principios. Frente al matonismo, la bondad; frente a la soberbia, la humildad; frente a la incompetencia, la gestión; frente al sectarismo, la voluntad de acuerdo; frente a la frivolidad, el rigor. Y una política de la evidencia: el apagón es fruto de una política puramente dogmática e ideológica, y los destrozos de la dana también. Cuando impones tus dogmas a la evidencia científica, acabas generando catástrofe y muerte. Lo mismo con los trenes.—Si llegan al poder, ¿cuál sería la relación con la derecha hispanoamericana?—De estrecha colaboración para promover la democracia, el Estado de derecho y la libertad. Estoy deseando ver a Feijóo en la Moncloa y a María Corina Machado de presidenta de Venezuela, colaborando en defensa de la libertad de nuestros pueblos, de Cuba y de Nicaragua, con Argentina y con el Chile de Kast, y promoviendo un proceso de restauración democrática en México. Ayer estuve con Enrique Krauze, un gran amigo y un referente, con profunda preocupación por la deriva autoritaria de México: lo que Zedillo llama un autoritarismo electoral y Vargas Llosa llamó en su día la dictadura perfecta.Álvarez de Toledo: «Vamos a tener una buena relación con los Estados Unidos y con su administración, por nuestros intereses»—¿Y en política exterior, con Estados Unidos, Trump e Israel, y con nuestra debilidad frente a Marruecos?—Estados Unidos no es solo Trump. Es la primera democracia del mundo, y Trump es su presidente hoy, con un proceso electoral dentro de unos días. Vamos a tener una buena relación con los Estados Unidos y con su Administración, por nuestros intereses. Pero primero hay que poner nuestra casa en orden, empezando por las fronteras. Hemos sufrido una invasión en Ceuta por parte de Marruecos; hemos sabido después que buques de guerra marroquíes entraron en aguas españolas coincidiendo con ella y que había gendarmes marroquíes organizando la entrada. La primera acción es blindar y proteger nuestra frontera y hacer frente a los desafíos a nuestra soberanía, internos, el separatismo, y externos.En segundo lugar, promover desde España una reforma profunda de Europa. Y en tercero, contribuir a refundar el orden liberal, la idea occidental que está en crisis, amenazada desde fuera y socavada desde dentro. España está en una posición única, en el vértice del triángulo que forman Estados Unidos, Hispanoamérica y Europa, para impulsar un nuevo atlantismo. No hay paz, ni progreso, ni convivencia fuera del orden liberal. Entre democracia y cleptocracia, hay que trabajar por la democracia. Con Israel, por supuesto, tenemos que retomar una buena relación con Tel Aviv: lo consideramos un aliado. Este Gobierno no solo ha sido antiisraelí, ha sido antisemita, con ministros que hacen soflamas abiertamente antisemitas. Y hay más: Sánchez promovió, como presidente del Gobierno, reventar la Vuelta Ciclista a España, es decir, que hubiera algaradas contra policías nuestros. Se lo dije en el Congreso ese día: a usted solo le queda la violencia. Ha perdido la calle y ha perdido el Parlamento. Un presidente que se coloca del lado de los antisistema contra las vallas que defiende su propia policía no tiene precedentes. Veo a Feijóo sentado en todas las mesas donde el interés y la defensa de España sean imprescindibles.La dirigente popular en las escalinatas del Congreso Tania Sieira—Pedro Sánchez ha «borroquizado» España. Hablemos de la violencia.—La estrategia electoral de Sánchez era, hasta hace unos días, fraude, miedo, odio y violencia, y ha legitimado la violencia política en España. Lo explico de manera ordenada. Nunca antes un presidente había inaugurado su legislatura anunciando un muro frente a la otra mitad de España. En segundo lugar, criminaliza cualquier discrepancia: el discrepante no es un adversario sino un enemigo, un ser moralmente abyecto al que hay que eliminar. En tercer lugar, ha homologado a delincuentes de toda calaña, con indultos y con una amnistía que borra, y por tanto legitima, la violencia del golpe de Estado en Cataluña que yo viví: las barricadas, los policías heridos. Y el pacto con Bildu, sin una condena expresa e inequívoca de la violencia, la legitima también. Era cuestión de tiempo que surgieran jóvenes que se creen con derecho a hacer lo que hacían sus papás.Y no tenemos miedo. Ante su intimidación, nuestra firmeza. Cuando el Estado comparece, la violencia se repliega: cuando ilegalizamos Batasuna nos dijeron que iba a arder todo, el Estado compareció y la violencia se replegó; cuando el PP aplicó el 155 en Cataluña, el golpe fracasó. Lo que genera más delito es el apaciguamiento, y el apaciguamiento por el poder personal, no por un objetivo noble, no genera paz. Lo dijo en Oslo el discurso de entrega del Nobel a María Corina Machado: lo que asegura la paz es luchar por la libertad, no lo contrario.—En algunos temas el PP ha tenido que tomar posición sobre consensos que parecían cerrados.—La energía nuclear, por ejemplo. Yo la defendí en una pequeña comisión del Congreso hace cinco años, en mi época de ostracismo parlamentario, y dije que lo verde y lo barato es lo nuclear. Estaba muy en solitario. Ahora oigo a toda Europa decir que lo barato y lo verde es lo nuclear, lo cual me alegra.—¿Cómo está siendo el regreso a la primera línea, de número dos por Madrid?—Con profunda emoción. Me emociona recorrer España y sentir la fuerza de la militancia y el apoyo de los españoles. Me tomo muy en serio lo que hago y siento el peso de la responsabilidad cada vez que subo a una tribuna. Estos años, cada miércoles, he debatido con el ministro de Justicia. -¿Cómo es la relación personal con Félix Bolaños?-No existe. Se lo dije un día en el Congreso: yo a usted no lo odio, odio lo que usted hace; usted odia lo que yo soy. Y a partir de ahí no hay diálogo posible. Tengo una visión moral de la política. Mucha gente dice que no es electoralmente rentable, y mi amiga María Corina Machado ha demostrado que es falso: lo moral es lo eficaz. No hace falta ser un cínico para ganar elecciones; se puede ganar desde las convicciones. Y esa es la gran lección del sanchismo: sin convicciones morales no se puede preservar el poder, o solo mediante el fraude, el odio, la imposición e incluso la violencia, nunca desde la legitimidad profunda que da la confianza de los ciudadanos.Álvarez de Toledo: «Sánchez lleva años bailando mientras España descarrila»—¿Propone una transición moral?—No, eso sería impugnar a nuestros padres. Mucha gente ha hecho política moral estos cuarenta años; mis amigos del País Vasco y de Cataluña se jugaron la vida por defender la España constitucional. Lo que ha sido un estercolero moral son estos ocho años. Yo hablo de una revolución de la decencia: un proceso político, ético y moral que tiene que ir de arriba abajo y de abajo arriba, e interpela a los políticos, pero también a los ciudadanos. Cada español tiene que ser un renovador de la moral pública.—¿Se ve de ministra del Interior en algún momento?—Conozco bien las quinielas como para no fiarme de ninguna. Y tendemos a repartir ministerios antes de tiempo, lo que me parece muy mala idea. En 2023 hubo un cúmulo de errores, y muchos votantes se confiaron, se fueron de vacaciones, pensaron que ganábamos y no fue suficiente. Por eso: votar, votar, votar, movilización y militancia democrática.—Es obvio que su relación con Núñez Feijóo es buena en estos momentos—Me gustaría hacer un elogio de él. Probablemente él habrá dicho de mí que soy una chica dura, y sí, lo soy: me gusta la claridad y la fortaleza, y aspiro a ellas. Pero Feijóo es la fuerza de la razón que España necesita y la fuerza de la gestión que España pide. Ya está bien de ególatras, sectarios e incompetentes, de esa vanidad destructiva, de un presidente que se pasa el día mirándose al espejo, una mezcla entre Nerón y Narciso, mientras España arde o descarrila, bailando en los mítines. Hace falta un presidente que deje de mirarse al espejo y mire a los españoles. Con Feijóo, España estará en buenas manos. Vamos a devolverle la decencia y la esperanza.
📄 Contenido indexado automáticamente. No es de autoría de altabusqueda.com; los derechos pertenecen a su fuente: ABC.
Ver nota original ↗
Ver nota original ↗
🤖 Profundizá esta noticia con OIMA (IA)
¿Querés un resumen rápido de esta noticia, hecho por nuestra IA?
Respuestas de OIMA · IA, sobre esta noticia ·
Abrir OIMA Chat ↗
