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Gonçalo M. Tavares, premio Formentor 2026: «La IA produce tetrapléjicos artificiales»
Volvía el premio Formentor a Formentor, en una feliz redundancia, aunque nada de lo que vuelve es lo mismo, tampoco este hotel, y eso a veces da igual: el paraíso es el paraíso. Gonçalo M. Tavares llegó muy puntual a la rueda de prensa y se disculpó. «Voy a hablar mi terrible portuñol», dijo, pero no era terrible. Por la noche, al recoger el premio, empezó así: «Estamos inclinados con fuerza hacia la muerte, como una piedra bípeda que se ha lanzado desde lo alto y que, mientras no toca el suelo, hace lo que el destino permite; a veces escribe, otras veces calla. Pero imagino esto: escribir mientras se cae». Digamos que es un hombre que siempre está haciendo literatura.«Cuando he visto la lista de los ganadores... Es extraordinaria. Todos son escritores individuales, que han hecho su camino por su cuenta, sin mirar quién tenían al lado. Y yo creo que hacer libros hoy es intentar hacer algo distinto siempre. Porque yo soy un escritor, no un vendedor», anunció. Con este galardón entra en una familia que le gusta, que es la de quienes llevan el lenguaje hasta el límite. Es una familia de valientes, celebró. No vino a hablar de su libro, sino de la literatura: «En el único sitio donde está presente toda la fuerza del lenguaje es en la literatura», sentenció, para luego explicar que ahí es donde radica su importancia, porque es el lenguaje el que nos defiende del fascismo. «En las democracias la palabra tiene la potencia del kárate. En vez de aprender defensa personal física, deberíamos aprender defensa personal lingüística. Porque la democracia es el terreno del lenguaje, del argumento, del contraargumento, de la ironía, del sobreentendido, de las segundas intenciones», continuó. «Quien no domina el lenguaje es un ciudadano discapacitado». ¿Por ejemplo? «Cuando no domina el lenguaje, el ciudadano se pone frente a la eutanasia y dice: me gusta o no me gusta. Porque quien no domina el lenguaje se comporta como un niño delante de las cosas, dice sí o no, nada más, me gusta o no me gusta, y así puede acabar en una lógica fascista… Todos podemos ser un lobo». O sea: «La cuestión lingüística es una cuestión democrática. El mal dominio del lenguaje, como la pobreza, pone al ciudadano fuera de la democracia, lo expulsa. ¿Quién puede participar de la vida pública si tiene hambre y solo puede pensar en buscar alimento para sus hijos? ¿Quién puede participar de la vida pública si no tiene palabras, si no tiene pensamiento, si no entiende? La literatura no es un asunto de bibliotecas, es un asunto de la democracia».Fue una idea a la que volvió en su discurso de agradecimiento, más hondo, más pausado, más poético, de razonamiento casi lírico: «Es necesario salvar el lenguaje del asesinato sin pausas que se ejerce sobre él en los infinitos discursos que propagan ese virus que lo vuelve cojo, ciego de un ojo… Toda la pobreza del lenguaje y de la imaginación acabará en maldad puesta en movimiento. O creemos en eso o no lo creemos. Yo lo creo: la pobreza del lenguaje produce fascismos de pequeña dimensión, pero de gran alcance». También tuvo tiempo en la rueda de prensa para opinar sobre la tecnología, él, un ser decididamente analógico, resistente: «Yo no tengo redes sociales. Está claro que el móvil ha estupidificado a las personas». ¿Y la inteligencia artificial? «Yo diría que la inteligencia artificial produce tetrapléjicos artificiales… Puedes pensar, pero no lo haces, te conformas con el confort de la máquina… La inteligencia artificial me parece un bombardeo sobre los cerebros de las personas, que ya tienen tendencia a abdicar de su pensamiento. No debemos pensar que el pensamiento y el lenguaje exigen su ejercicio, su entrenamiento». Luego recordó que él ya no puede resolver los problemas matemáticos que hacía con nueve años…Lecturas dañinasY volvió a reivindicar la gran literatura: «Tenemos que tener el valor de decir que leer no es siempre bueno. Al contrario, a veces produce daños lingüísticos e intelectuales, hay lecturas que provocan este daño. Cuando leemos textos pobres lingüísticamente nos empobrecemos». Y siguió por ahí: «La dificultad es maravillosa, no entender algo es maravilloso. El aprendizaje siempre consiste en estar ante algo que no entiendes, que no entiendes del todo».¿Y qué hay de la belleza? «A mí no me gusta la belleza evidente. Me gusta la idea del artista como aquel que tiene que quitarle el polvo de encima a la belleza, para que la veamos».
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