Trump se juega su legado en las urnas: batalla por el Congreso que puede blindar su poder
Trump moviliza al movimiento MAGA para defender las mayorías republicanas, avanzar su agenda y conservar influencia política en el Congreso
El próximo martes 3 de noviembre, cerca de 250 millones de estadounidenses estarán llamados a las urnas en una elección que puede redefinir el equilibrio de poder en Washington y marcar el legado político de Donald Trump. No se disputa la Casa Blanca, pero sí algo fundamental para el presidente: la capacidad de gobernar con un Congreso aliado durante los dos últimos años de su segundo mandato.
Las elecciones de medio mandato, conocidas como midterms, renovarán los 435 escaños de la Cámara de Representantes, 35 de los 100 puestos del Senado y 36 gubernaturas. También se celebrarán 145 referendos estatales sobre asuntos como el aborto y los impuestos.
Trump ha colocado su liderazgo en el centro de la contienda. Con mítines y una gira por distintos estados, busca convertir el respaldo del movimiento Make America Great Again (MAGA) en votos para los candidatos republicanos. Su mensaje es que conservar las mayorías legislativas permitirá dar continuidad a su proyecto económico, migratorio y de seguridad.
Trump defiende su agenda
La economía representa el principal examen electoral. El presidente regresó a la Casa Blanca en 2025 con la promesa de reducir el costo de vida, fortalecer la industria nacional y recuperar empleos. Su estrategia arancelaria forma parte de esa apuesta: presionar a sus socios comerciales para favorecer la producción estadounidense.
Sin embargo, los precios de la gasolina, los alimentos y la vivienda siguen entre las preocupaciones de los electores. Una encuesta de Reuters/Ipsos publicada el 26 de octubre encontró que 73% considera que el costo de vida avanza en la dirección equivocada. La aprobación de Trump se ubicó en 32%, aunque subió un punto respecto al mínimo registrado en la medición anterior.
La inmigración es otro terreno central de su proyecto. La reducción de los cruces fronterizos constituye uno de los resultados que reivindica su administración, aunque las operaciones del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) y las denuncias de abusos mantienen abierto el debate.
El Congreso define el poder
La disputa legislativa tiene dos escenarios. En el Senado, los republicanos cuentan con 53 de los 100 escaños y los demócratas necesitan una ganancia neta de cuatro para alcanzar el control. En la Cámara de Representantes, donde la mayoría republicana es estrecha, unos cuantos distritos pueden cambiar el equilibrio. Para Trump, conservar ambas cámaras significaría mantener condiciones legislativas para impulsar presupuestos, reformas y prioridades presidenciales.
Una mayoría demócrata en la Cámara baja, por el contrario, abriría la puerta a investigaciones sobre su administración, sus finanzas y las de colaboradores cercanos. El líder demócrata Hakeem Jeffries ha mantenido abierta la posibilidad de nuevas acciones de fiscalización, incluida la discusión de un eventual juicio político.
Una elección millonaria
La dimensión financiera refleja la importancia de la contienda. AdImpact proyecta que el ciclo electoral de 2026 alcanzará 11 mil 600 millones de dólares en publicidad política, frente a los 8 mil 900 millones de las elecciones legislativas de 2022 y los 11 mil 200 millones del ciclo presidencial de 2024.
El empresario Elon Musk también figura entre los grandes financiadores republicanos: el material de campaña reporta aportaciones cercanas a 366 millones de dólares durante este ciclo.
La historia ofrece un antecedente para Trump. En las elecciones de medio mandato de 2018, durante su primera presidencia, los republicanos perdieron 41 escaños en la Cámara de Representantes. En 2022, los demócratas de Joe Biden cedieron nueve.
Efecto México
El presidente estadounidense conserva una base republicana leal, identificada con el movimiento MAGA, pero la oposición demócrata podría aprovechar el descontento ciudadano si logra recuperar el control del Congreso, advierte Alejandro Martínez, internacionalista de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
El especialista considera que Trump ya no tiene el mismo margen para convertir a México en uno de sus principales argumentos electorales, particularmente porque su atención está concentrada en el conflicto del Golfo Pérsico y en los problemas que no ha conseguido resolver en Ucrania y materia migratoria.
“México ya queda en segundo término dentro de las estrategias electorales tanto del presidente como de su partido”, afirma Martínez, quien había considerado posible una operación espectacular de autoridades estadounidenses contra líderes de cárteles mexicanos para proyectar resultados en materia de seguridad antes de las elecciones. Sin embargo, ese escenario no se habría concretado.
El desgaste también alcanza su política migratoria. Las operaciones del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) han recibido críticas de ciudadanos estadounidenses, incluso en sectores republicanos, mientras la falta de una reforma migratoria mantiene abierto un frente de confrontación política.
A esto se suma el desempeño económico, que tampoco ha generado los resultados que Trump esperaba convertir en respaldo electoral. No obstante, Martínez advierte que la oposición todavía enfrenta dificultades para capitalizar ese descontento: los demócratas mantienen divisiones internas y carecen de un liderazgo nacional que articule sus distintas corrientes.
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