Adiós pantallas, hola anillos: los nuevos dispositivos de actividad apuestan por pasar desapercibidos
En plena era del tan cacareado lujo silencioso, hay un nuevo símbolo de estatus que no emite destellos, no vibra con las notificaciones de Slack a horas intempestivas de la noche ni exige una pantalla. Se lleva de forma discreta en el dedo anular o en el índice y está forjado en titanio biocompatible. Olvídense del oro o el platino. El Oura Ring –junto con sus competidores de muñeca como Whoop, sí, la pulsera que a Alcaraz le prohibieron usar en el Open de Australia el pasado enero, o alternativas en formato anillo como Ultrahuman– ha logrado una gesta impensable en la era de la sobreestimulación digital: convencer al consumidor de que la mayor ostentación tecnológica del siglo XXI es, precisamente, la invisibilidad.
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