La sabiduría del barbero de Seligman
De profesión barbero y de vocación, rescatador de la ruta 66.
Ángel Delgadillo nació el 19 de abril de 1927. Se carcajea al comentarle que es casi contemporáneo de la famosa autovía, a la que ha estado unido toda su existencia. Fue un hombre común y corriente. Simplemente un barbero de Seligman, Arizona. Hasta que cerca de cumplir los 60, en 1987, empezó como quien no quiere a edificar su reconocimiento como el barbero de la ruta 66, el ángel de la guarda de la ruta 66 o el salvador de la carretera madre.
“No trato de decirle a nadie cómo debe pensar, ni dejo que los demás me digan cómo tengo que pensar”
Así se lo reconocen hoy los historiadores que se implicaron en la recuperación de esta vía, desclasificada en 1985, o instituciones como el Smithsonian, donde su lucha forma parte de la exposición permanente.
Hay otro reconocimiento aún más relevante. A lo largo del recorrido por este mítico camino, el primero asfaltado que conectó Chicago y Los Ángeles hace ahora 100 años, los viajeros aluden a que hacer este trayecto es como una peregrinación por la historia de Estados Unidos.
Lo describen como un ejercicio de nostalgia a través de una época feliz a mediados del siglo pasado, lejos de la confrontación y división actual, mientras que, de cara a las elecciones de medio mandato de mañana, se acumulan las críticas al gobierno de Donald Trump, incluso dentro de sus filas, por la guerra contra Irán, el elevado coste de la gasolina o el encarecimiento de la cesta de la compra.
Los más fieles, que no pierden su fe en el presidente, también temen que se produzca un vuelco en las encuestas que dan favoritos a los demócratas para tomar el control del Congreso.
Si esto es una peregrinación, aquella antigua barbería es uno de los principales templos. Ese establecimiento, ahora solo tienda de recuerdos, es el punto del trayecto que más atrae, según esta experiencia viajera.
Al hacer un alto en ese punto, hay un autobús de turistas orientales que van en tropel a esta tienda. Su interior ya está lleno. Pero precisamente esta jornada, Clarissa, la hija que dirige el negocio, está de viaje y es imposible contactar con su padre. Ya una vez fuera de Arizona, Clarissa responde y facilita la conversación telefónica.
“Me alegra muchísimo que, gracias a que contribuí a que la ruta 66 renaciera, haya tanta gente en el mundo que esté contenta. Y parece que cada vez más personas se dan cuenta de que pueden conseguir cosas si realmente se lo proponen. Lo más importante de la ruta 66 es la gente”, recalca.
Recuerda feliz que este próximo 11 de noviembre se celebra oficialmente el centenario, porque ese día de 1926 se designó oficialmente esta carretera como ruta 66, nombre propuesto en abril de ese mismo año desde Springfield (Misuri), cuando un funcionario del Departamento de Transportes de EE.UU. firmó los documentos.
Delgadillo no habla de política directamente, pero de sus palabras se pueden extraer muchas lecciones políticas y sociales de total vigencia.
Su testimonio resulta, además, un recordatorio de como los inmigrantes, tan denostados y perseguidos por la administración Trump, forman parte esencial del tejido de este país.
Aunque Ángel llegó a este mundo ahí mismo, junto a la ruta, sus padres entraron desde México en 1916. Empezaron en Misuri y al año siguiente se establecieron en Seligman. El padre abrió una barbería, profesión que él luego aprendería.
“Me jubilé a los 95 años, después de 75 años ejerciendo el oficio”, remarca.
“Me satisface que la gente esté contenta porque tuve una idea muy sencilla: ¿cómo recuperar la economía de nuestro pequeño pueblo?”, explica en su respuesta, salpicada por la admiración hacia Vilma, su esposa desde hace 67 años. Tuvieron un hijo y tres hijas.
A partir de su versión, Seligman murió el 18 de febrero de 1978. “Nuestro Gobierno terminó de construir 160 kilómetros de autopista y la carretera dejó de pasar por aquí. El pueblo estuvo muerto diez largos años. La mayoría de la gente no sabe lo que significa caer en el olvido durante diez años”, dice.
“Como no sabíamos cómo recuperar la economía, descubrí que la gente quería algo de los viejos tiempos, algo de ayer”, indica. Así que, el 18 de febrero de 1987 convocó una reunió que lo cambió todo.
“Después de luchar años y años, me di cuenta de que a los responsables del condado no les importaba. Me di cuenta de que a las autoridades del estado tampoco. Tuve la sensación de que mi gobierno nos decía: ‘Si no podéis salir de esta situación nadando, ahogaos’. Me cansé de preguntar y de oír que mi idea no funcionaría”, añade.
Su idea era declarar trazado histórico a la ruta 66 a su paso por Arizona. Enviaron una carta a las autoridades y los ignoraron. “Crecimos durante la Gran Depresión, cuando las cosas no eran difíciles, sino doblemente difíciles. Mucha gente que no vivió aquella época no se da cuenta de lo dura que fue la Gran Depresión en todo el mundo. Yo sí la viví y nos enseñaron a no rendirnos”, remata.
Logró esa declaración y lo nombraron presidente de la Asociación Histórica de la Ruta 66 de Arizona, la primera de este tipo que incentivó otras y la pasión global por esta carretera.
El negocio no le fue muy bien a su padre pero él reabrió en ese mismo local en mayo 1950.
“Tuve la oportunidad de hablar con mucha gente. La vida era muy sencilla entonces. Mientras cortaba el pelo, escuchaba a la gente conversar, escuchaba lo que me contaban. Aprendí muchísimo. Algunas de las cosas que aprendí entonces nunca las he olvidado”, dice.
“Recuerdo haber oído a alguien decir que no todo lo que escuchas, ni todo lo que lees, es verdad. No hay nada más cierto. Enciendes la televisión y quieren decirte cómo tienes que pensar. Quieren decirte que tal medicamento es buenísimo, y así sin parar. Intento comprender a los demás, pero no trato de decirle a nadie cómo debe pensar. Y tampoco dejo que los demás me digan cómo tengo que pensar”, afirma.
“Vivimos en un mundo completamente diferente, en una sociedad con un ritmo vertiginoso y muy tecnológico. No tenemos tiempo ni para saludar a los vecinos. Todo se ha convertido en el yo, yo, yo. Pero, gracias a la ruta 66, la gente está aprendiendo a conocerse unos a otros. Lo he vivido en primera persona”, apostilla.

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