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Contra la bolaterapia del medalaganario
Nunca creí que las palabras harían carrera política, pero en los tiempos del relato me rindo a la evidencia. Lo pensé durante la presentación de la vigesimocuarta edición del Diccionario de la Lengua Española en la RAE. Además de los nuevos términos que la obra académica incluye en el recinto del idioma común, pudimos escuchar vocablos de todas las academias del español en América, algunos realmente sabrosos y que deberíamos adoptar de inmediato en España para contrarrestar a esas palabras politiconas (rentistas, fachosfera, fondos buitre), una jerga que nos quieren enchufar para que se llene de burocracia y confusión nuestra inteligencia. Por ejemplo, desde Paraguay, llegó bolaterapia. Es una voz elocuente que señala ese «relato organizado de mentiras y disparates» en el que estamos encerrados. La bolaterapia es como tener poco y dar mucho, es la fuerza del amor que sirve para que no mires tu propia indignación con los irresponsables que nos mandan. Desde la República Dominicana llegó medalaganario, una palabra que define alguien arbitrario, sin criterio y sin método. Yo quiero pasarle el filtro medalaganario a las listas electorales, porque además la etimología es elocuente: procede de «me da la gana». Sirve a los corruptos para imponer porcentajes, colocar sobrinas, incluso para acusar al adversario de los delitos que uno está cometiendo bajo la mesa. Presuntamente medalaganariamente, valga la redundancia. Podría traer más ejemplos, pero me limitaré a otra palabra que viene de Puerto Rico: cangrimán, que define a la persona de gran poder e influencia, especialmente en la política. Viene de la voz inglesa 'congressman', pero pasada por el esperpento nuestro. Tenemos el patio lleno de cangrimanes, son una plaga; los hay en todos los partidos, gente que ni mira a los lados cuando cabalga su soberbia (o sus contradicciones) con nómina pública. Gente que compra chalés, lleva caja B, coloca familiares y fieles, y expulsa a los técnicos como en ADIF. Personas, en definitiva, acostumbradas a sopotocientos (voz panameña) caprichos consentidos.Resulta que nuestro Gobierno se proclama campeón de lo social sin aprobar ni siquiera los presupuestos que permitirían poner esas políticas en marcha. Ahora los accidentes son inexplicables, inverosímiles, inasumibles, pero descubren una montaña de corrupción y dejaciones en un ministerio incompetente pero 'de progreso' donde el verbo dimitir es defectivo y no se conjuga en primera persona. Del binomio socialista-feminista pasamos al baile, al beso y a la fuerza del amor. Hemos pasado del AVE que funcionaba, como la Transición, a una época que impugna ésta y abandona el mantenimiento del aquel. Es hora de negarnos a mascar sus mentiras, sus palabras mefíticas. En ellas hay pequeñas cantidades de veneno que nos tragamos a diario. A estas alturas ya tenemos una intoxicación de arsénico, como decía Victor Klemperer. Contra la bolaterapia del medalaganario, tomemos el diccionario (¡y además rima!). Llamemos a las cosas por su nombre. Intentémoslo
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