El mundo crece, pero teme
Sergio León Cervantes
Cien empresarios de más de 25 países, reunidos en un mismo lugar, dejaron una conclusión inquietante: el mundo sigue haciendo negocios, pero tiene miedo de su futuro. Del 28 al 31 de octubre, durante el encuentro de Americas Alliance en Paradisus Playa del Carmen, escuché conversaciones que rara vez aparecen juntas en las estadísticas: preocupación por el petróleo, rechazo a decisiones gubernamentales, inseguridad, migración y dudas sobre el rumbo económico.
No se trató de una encuesta científica, sino de algo igualmente valioso para entender el ánimo empresarial: hablar directamente con quienes todos los días tienen que invertir, contratar, producir y mover mercancías entre fronteras.
El combustible fue una preocupación recurrente. En septiembre, el Brent llegó a 131 dólares por barril, según la Administración de Información Energética estadounidense, tras ataques a infraestructura petrolera de Medio Oriente. El encarecimiento de la energía no se queda en las gasolineras: termina incorporándose al flete, los alimentos, las importaciones y el precio que paga el consumidor.
Los brasileños expresaban indignación por la reelección de Lula. Algunos calificaban el resultado de «robo» y temían efectos económicos en los próximos años. Es importante distinguir su enojo de los hechos: el tribunal electoral confirmó la victoria con 51.79% de los votos frente al 48.21% de Flávio Bolsonaro. Lo revelador no es dar por cierta una acusación sin pruebas, sino observar la profundidad de la desconfianza política entre empresarios de la mayor economía latinoamericana.
Los estadounidenses ofrecían otra perspectiva. Algunos, incluso migrantes naturalizados, defendían las restricciones migratorias y los aranceles de Trump como decisiones duras, pero necesarias para recuperar seguridad y producción. Sus argumentos merecen escucharse sin convertirlos en verdades automáticas. Estados Unidos creció 3.4% a tasa anualizada en el tercer trimestre, mientras el FBI reportó una caída de 9.3% en delitos violentos durante 2025. Sin embargo, el país registró casi 70,000 muertes por sobredosis ese mismo año, y el Budget Lab de Yale estima que los aranceles implican alrededor de 1,100 dólares anuales adicionales por hogar. Hay avances y costos que coexisten.
Los salvadoreños hablaban de mayor seguridad, inversión y confianza. El FMI proyecta un crecimiento de 4.5% para El Salvador en 2026, pero su experiencia también abre una discusión indispensable sobre el equilibrio entre resultados de seguridad y fortaleza institucional.
La contradicción se repite: Brasil puede crecer y despertar temor político; Estados Unidos puede expandirse y padecer graves fracturas sociales; El Salvador puede recuperar actividad y mantener debates sobre sus instituciones. El FMI prevé que la economía mundial crezca 3.1% este año, con inflación de 4.7%. Crecimiento, por sí solo, no significa tranquilidad.
¿Y México? En Quintana Roo competimos por turistas, inversiones y conexiones globales. No basta con tener playas ni ubicación estratégica cuando el inversionista también calcula seguridad, energía, logística, certidumbre jurídica y estabilidad de las reglas. Lo que discutimos en Playa del Carmen afecta directamente nuestra capacidad para crear empleos, atraer capital y sostener el bienestar de las familias.
Regresé de aquellas conversaciones convencido de que el indicador decisivo no es únicamente cuánto crece una economía, sino cuánta confianza genera para el mañana. Porque los países pueden resistir ciclos económicos adversos; lo más difícil de reconstruir es la confianza perdida.
¡Hasta la próxima semana, con nuevos retos y oportunidades!
Sin miedo a la cima, que el éxito ya lo tenemos.
X: @Oigres14 | IG: @sergioleoncervantes | Email: [email protected]
Ver nota original ↗
¿Querés un resumen rápido de esta noticia, hecho por nuestra IA?
