Celebra Tren Maya al pasajero 3 millones; el déficit no fue invitado
POR KUKULKAN
EN EL SURESTE hubo fiesta y nadie nos avisó. El 30 de octubre, la cuenta oficial del Tren Maya anunció con globos, corazones amarillos y un trenecito de emoji que “la búsqueda del Pasajero 3 Millones ha concluido”. Ni la de los desaparecidos, ni la del dinero de Segalmex, ni la del punto de equilibrio: lo que por fin apareció fue un viajero. Le darán un viaje especial y prometen contarnos después quién es y cómo le fue. Suspenso de telenovela con presupuesto federal.
ESO SÍ, que no se diga que esta víbora es aguafiestas. Tres millones de pasajeros desde el 15 de diciembre de 2023 es una cifra redonda y fotogénica. Con una calculadora de papelería da unos 87 mil viajeros al mes en una ruta que cruza Chiapas, Tabasco, Campeche, Yucatán y Quintana Roo. Para comparar: el Metro de la Ciudad de México mueve esa cantidad en un solo día cualquiera, sin globos ni boletín. Pero bueno, el Metro no tiene jaguares en sus estaciones, al menos no oficialmente.
EL PROBLEMA es que el pastel venía con letras chiquitas. Este mismo mes, en la mañanera, el director de la empresa, Manuel Jaime Ramírez Camacho, reconoció que el punto de equilibrio se ve “a largo plazo”. Traducido del burocrático: el tren no dejará de perder dinero en 2030, como se había prometido, sino “un par de años más” después. En México, “un par de años” es una unidad de tiempo flexible, como “ahorita” o “ya merito”.
Y LOS NÚMERO del segundo trimestre no ayudan a la fiesta. Entre abril y junio de 2026, el Tren Maya ingresó 117 millones de pesos por sus servicios y gastó 985 millones en operar. La pérdida fue de unos 867 millones, sin contar subsidios. Por cada peso que entra por la taquilla salen ocho pesos con cuarenta centavos por la puerta de servicio. Dicho de otro modo, el tren pierde casi 10 millones de pesos diarios: unos 400 mil por hora, unos 6 mil 600 por minuto. Mientras usted leía este párrafo, el Tren Maya ya se gastó lo que cuesta un boleto de ida y vuelta Cancún–Palenque. Varias veces.
AHÍ ESTÁ la verdadera hazaña del pasajero 3 millones: viajó gratis, igual que el déficit. La diferencia es que al pasajero lo despiden en el andén con aplausos, y el déficit se queda a vivir con nosotros, cobra puntual y no se baja en ninguna estación. Imaginemos la ceremonia. El afortunado recibe su boleto conmemorativo, una gorra, quizá una foto con el director. Si la contabilidad fuera honesta, también le darían su parte proporcional de la pérdida, como cuando en la fiesta de la oficina se reparte la cuenta entre todos, incluido el que no comió.
PERO no: la factura no le llega al pasajero, le llega al contribuyente de Chetumal que nunca se ha subido, al de Monterrey que no sabe dónde queda Escárcega y al de Cancún que ve pasar el tren mientras espera la combi. Tampoco ayudó el calendario: junio, temporada vacacional y de turistas, resultó el peor mes del trimestre en ingresos por pasajeros, justo cuando el gasto fue más alto. Un tren turístico al que el verano le sale mal es como un restaurante de mariscos que quiebra en Cuaresma. Hay que tener talento.
CLARO, siempre queda la carga. Nos prometen que el tren de mercancías empezará a operar en 2027 y moverá 4.7 millones de toneladas en 2030. Por fin una meta para 2030 que no ha sido pospuesta. Todavía. En el sureste ya aprendimos que a este tren no se le juzga por lo que gana, sino por lo que celebra. Cada millón de pasajeros es una efeméride, cada estación un evento y cada retraso en la rentabilidad un “ajuste de proyección”. Si los informes financieros llevaran globos y emojis, quizá alguien los leería. Así que felicidades al pasajero 3 millones. Es, hasta ahora, el único integrante del proyecto que ya recuperó lo que invirtió. Los demás seguimos en el andén, esperando que el punto de equilibrio aparezca en la próxima curva. Dicen que viene “muy pronto”. Las víboras, que somos de sangre fría, ya nos acostumbramos a esperar.
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