Vanguardia — Portada
Pecado capital, sin interés

Existen pecados capitales llenos de provincias. La lujuria es uno de ellos; la gula, otro. Ambos son pecados de la carne, ya untada, ya comida. Tienen la ventaja de pertenecer al cuerpo, pobre burrito, y lo acompañan en su triste suerte: cuando el cuerpo se cansa, ellos también se cansan y acaban por desaparecer. Cierto ministro protestante se jactaba con grandilocuencia de haber matado en su cuerpo al monstruo de la lujuria.
– No lo mataste –lo corrigió su esposa–. Murió de muerte natural.
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