Las fiestas colectivas: el sabor de México frente al racismo

Hay mucho por valorar e incorporar a nuestra reflexión sobre las celebraciones de México: la colectividad es la que produce el arte que nos nutre como país. De hecho, todas las manifestaciones artísticas, científicas y culturales surgen de ese modo; solo no se reconoce, se sublima o se realiza un acuerdo de individualidad asignando un solo nombre a una obra en particular (esculturas, piezas visuales, música, literatura). Sin embargo, la fuerza de la colectividad se activa cuando se realiza un acto que se sabe es completado y transformado por otros.
Esta grandeza se expresa, por ejemplo, en la celebración del Día de Muertos, fiesta realizada por muchas manos en diferentes espacios. El 2 de noviembre está destinado a los adultos, el famoso Día de los Fieles Difuntos, mientras que el 1 de noviembre se festeja el Día de los Angelitos o el Día de Todos los Santos, dedicado a los niños que nacieron sin bautizar o nacieron y murieron antes de ser bautizados. A estos últimos, además, se les coloca en el altar juguetes o dulces, un vaso de leche y un poco de aceite de oliva, como ofrenda simbólica por no haber alcanzado el bautismo.
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