Calaverita al Sindicato de Trabajadores del Monte de Piedad

La Flaca llegó al Monte de Piedad, con guadaña patronal,
buscando a los abogados del sindicato formal de Arturo Zayún.
Dijo: "Me llevo a Alcalde, a su ley y su porfía, a Eugenio Narcia Tovar y a Pepe
Rodríguez que la calaca quería agarrar, que no los dejan caer".
El abogado Narcia les gritó a la flaca y sindicato patronal: estúpidos a volar a otro
lado que aquí los trabajadores del Monte se saben defender.
El Patronato le soplaba: "¡Ya estírales las patas! que estos abogados rojos
no nos dejan tranza hacer!" Un año duró la huelga, un año de resistir,
y la Huesuda impaciente ya los quería hundir a trabajadores
y abogados de una vez.
Pero Alcalde no se dobla, su despacho no desfallece,
con la ley en una mano al obrero al trabajador que defiende.
Quiso también llevarse al valiente Arturo Zayún,
secretario general del sindicato de los trabajadores del Monte, el de hasta el
fin. El charrismo lo empujaba, "¡Llévatelo al panteón!" pero Zayún les dijo:
"¡Aquí hay mucho corazón!"
La Calaca tropezó, se cayó de bruces al suelo, se topó con los contratos,
con la justicia del pueblo. Y es que en el Monte de Piedad
no se empeña la dignidad, porque Alcalde y sus muchachos
la saben bien defender.
¡Ay Flaca, vete de aquí! gritaron los trabajadores del Monte,
que aquí no muere la lucha ¡Viven los defensores!
La Muerte se fue llorando, con su guadaña chueca,
porque en el Monte no pudo con la justicia humana y recia.
Que viva Arturo Alcalde, abogado de los de a pie,
que ni la muerte lo asusta cuando defiende con fe.
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