Elecciones en EE.UU.: una demócrata anuncia su apoyo al candidato republicano en Michigan y provoca un escándalo
DETROIT.– Una destacada dirigente demócrata de Michigan respaldó el domingo al republicano Mike Rogers en la reñida contienda por un escaño en el Senado de Estados Unidos, en una sorpresiva deserción que expuso las divisiones internas del partido en la recta final hacia unas elecciones legislativas que definirán el control del Congreso durante los últimos dos años de la presidencia de Donald Trump.
La congresista Haley Stevens, que perdió las primarias demócratas de agosto frente al exfuncionario de salud pública Abdul El-Sayed, del ala más progresista, anunció su apoyo a Rogers después de que se profundizaran sus diferencias con el candidato de su partido, en particular por las posiciones sobre Israel. La decisión provocó la renuncia de integrantes de su equipo, duras críticas de dirigentes demócratas y una inmediata celebración por parte de Trump y los republicanos.
“Nuestro candidato demócrata al Senado dijo que ya no era bienvenida en su campaña y que debía mantenerme alejada. Y tiene razón. Por eso, hoy respaldo a Mike Rogers para el Senado de Estados Unidos”, anunció Stevens en un video publicado en X.
El encuentro previsto para el domingo de la congresista con El-Sayed se frustró y, en su lugar, apareció junto a Rogers durante un servicio religioso en la iglesia Perfecting Church, en Detroit. Un acto que debía ser una demostración de unidad de los demócratas de Michigan terminó en escándalo y dejó al partido ante una crisis inesperada en uno de los estados clave para sus aspiraciones de recuperar el control del Senado.
Stevens sostuvo que su decisión no implicaba darle la espalda al Partido Demócrata, sino rechazar una campaña con la que ya no se sentía identificada. El conflicto se agravó después de que reclamara a El-Sayed que condenara un anuncio de un grupo externo de izquierda que vinculaba el apoyo estadounidense a Israel con el encarecimiento de los alimentos.
“Ese anuncio fue muy doloroso”, declaró Stevens a CNN. Según la congresista, el mensaje transmitía a algunos votantes demócratas que no tenían cabida en la campaña de su propio partido.
Pero esta ruptura también representa una profunda fisura en el seno del Partido Demócrata respecto a la relación que debería mantener con Israel y sus donantes judíos. Si El-Sayed, hijo de inmigrantes egipcios, gana el martes y accede al Senado en enero, se convertiría no solo en el primer senador musulmán de Estados Unidos, sino en el más antiisraelí desde la formación del Estado judío hace 78 años.
“Traición despreciable”
Las tensiones entre ambos se remontan a una campaña interna particularmente áspera, en la que se gastaron decenas de millones de dólares en publicidad y ataques cruzados. Stevens, una firme defensora de Israel, había recibido el respaldo de un super PAC vinculado al Comité Estadounidense-Israelí de Asuntos Públicos (AIPAC), mientras que El-Sayed construyó su candidatura sobre una posición crítica hacia el aliado de Washington.
La fractura adquirió especial relevancia porque Michigan es uno de los estados que los demócratas necesitan conservar para tener posibilidades de recuperar la mayoría en el Senado. El escaño en disputa corresponde al senador demócrata Gary Peters, que se retira, y enfrenta a El-Sayed con Rogers, un excongresista republicano.
El presidente del Partido Demócrata de Michigan, Curtis Hertel, condenó el respaldo de Stevens a Rogers y sostuvo que la congresista había abandonado los principios que decía defender. El líder de la minoría demócrata en el Senado, Chuck Schumer, que había apoyado a Stevens durante las primarias, calificó la decisión de “traición despreciable”.
La representante Debbie Dingell, una de las principales figuras demócratas del estado, explicó que había pedido a Stevens que no participara en el acto de unidad previsto con El-Sayed porque su presencia se había convertido en una distracción para la campaña.
Pese a la repercusión del respaldo, los primeros indicios no mostraron un debilitamiento inmediato de El-Sayed. Una encuesta de The New York Times y Siena, publicada el domingo, le otorgó una ventaja de 53% frente a 42% para Rogers. Además, un vocero de su campaña aseguró que el equipo había recaudado 1,2 millones de dólares en las cuatro horas posteriores al anuncio de Stevens, uno de los mejores resultados de recaudación desde las primarias de agosto.
El candidato demócrata evitó entrar en una confrontación directa con su antigua rival y buscó devolver la atención a las preocupaciones económicas de los votantes. “Esta contienda nunca ha girado en torno a mí. Ni siquiera ha girado en torno a Mike Rogers. Y desde luego no gira en torno a Haley Stevens”, declaró a MS Now. “Gira en torno a la gente del estado de Michigan”, añadió.
La ruptura también volvió a poner de manifiesto las dificultades del partido para conciliar las distintas posiciones de su electorado sobre Israel y la guerra en Medio Oriente, en un momento en que los dirigentes demócratas intentan mantener una coalición que incluye a votantes negros, judíos, árabes estadounidenses y sectores progresistas.
Deriva hacia el odio
Los republicanos, en cambio, aprovecharon la ruptura para presentar el respaldo de Stevens como una señal de que sectores del electorado demócrata rechazan el rumbo de su partido.
Rogers dijo sentirse “honrado” por el apoyo y afirmó que la situación reflejaba los peligros de lo que describió como una deriva hacia el odio dentro de una parte del Partido Demócrata.
Trump también celebró la decisión durante un acto de campaña en Iowa, donde elogió a Stevens e insinuó que podría incorporarse al Partido Republicano. El mandatario había calificado previamente su respaldo como una “decisión inteligente” y afirmó que El-Sayed “destruiría nuestro país”.
La disputa en Michigan se produce en la recta final de unas elecciones legislativas decisivas. El martes se renovarán los 435 escaños de la Cámara de Representantes y 35 de los 100 del Senado. Los republicanos cuentan con mayorías estrechas en ambas cámaras, mientras que las encuestas favorecen a los demócratas para recuperar la Cámara baja y anticipan una competencia mucho más ajustada por el Senado.
Si los demócratas logran controlar una o ambas cámaras, podrán bloquear iniciativas legislativas de Trump y ampliar la supervisión parlamentaria de su gobierno mediante investigaciones y audiencias. Aunque el presidente conservará sus facultades ejecutivas y el poder de veto, perder el control del Congreso complicaría sus planes para los dos últimos años de mandato.
Agencias AP y Reuters
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