Unas elecciones para adultos
La tragedia ferroviaria de Urda, el segundo accidente con decenas de víctimas mortales en menos de un año, ha cambiado el clima del país. La campaña para las elecciones del 29 de noviembre ya no puede ser la misma.
Hasta ahora, la precampaña retrataba la degradación del debate público. Parecía importar menos el balance de lo hecho y la capacidad de gobernar que la vida sentimental y sexual de los candidatos. Pedro Sánchez convirtió un mitin en una declaración de amor a Begoña Gómez, con beso y un enfático "te quiero". Días después, Gabriel Rufián e Irene Montero protagonizaban en La revuelta una entrevista con referencias al sexo oral y una propuesta de la dirigente de Podemos para puntuar prácticas sexuales. Mucho espectáculo y pocas propuestas precisas.
La política necesita cercanía, pero no convertirse en una exhibición de emociones ni en una carrera por llamar la atención. Tampoco puede ser esta una campaña del miedo. Cada elección se presenta desde hace tiempo como una disyuntiva existencial, como si la victoria del rival significara el hundimiento del país. Esa movilización a la contra empobrece el debate y elude los problemas reales.
Urda obliga a mirar nuestras infraestructuras. Los accidentes ferroviarios, las incidencias en Cercanías y el deterioro de las carreteras desmienten el relato de modernidad. No basta con planear nuevas líneas: hay que mantener las existentes y garantizar su seguridad.
Al margen de las responsabilidades políticas que recaen sobre el ministro Puente, aún es pronto para establecer las causas concretas del accidente. No obstante, los déficits ferroviarios acumulados, tanto en la alta velocidad como en la convencional, saltan a la vista y los partidos deben explicar con datos y plazos cómo evitarán que se suceda el caos.
La crisis ferroviaria forma parte de un problema más amplio sobre el deterioro de los servicios públicos. El debate debe abordar también las prioridades. No hay dinero para todo. Si España necesita invertir más en infraestructuras y mantener las actuales, habrá que explicar de dónde saldrán los recursos y qué gastos se revisarán. Cada euro tiene un coste de oportunidad. Cabe cuestionar partidas de escasa eficacia y desembolsos ligados al clientelismo más que a necesidades acreditadas. No se trata de enfrentar inversión y protección social, sino de decidir qué gasto ofrece mejores resultados.
Urda obliga a mirar nuestras infraestructuras. Los accidentes ferroviarios, las incidencias en Cercanías y el deterioro de las carreteras desmienten el relato de modernidadEl 29-N debería servir para recuperar la seriedad. Los ciudadanos no votan para elegir al candidato más simpático ni para impedir que gane el contrario. Votan para decidir quién gobernará y administrará los recursos comunes. España necesita menos emociones y miedo; más propuestas, prioridades y responsabilidades. Necesita, en definitiva, unas elecciones para adultos.
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