Recorrido por la ciudad con más obesidad en el mundo: ¿De quién es la culpa?
McAllen, Texas, es señalada como la ciudad con mayor obesidad en el mundo, donde casi tres de cada cuatro adultos viven con sobrepeso u obesidad
En el corazón de la frontera entre Estados Unidos y México, McAllen, Texas, se ha ganado el título de la ciudad con más obesidad en el mundo. Según reportes recientes, aproximadamente el 45% de los adultos en McAllen vive con obesidad y un 31% adicional presenta sobrepeso, lo que significa que casi tres de cada cuatro habitantes enfrentan un riesgo elevado de enfermedades crónicas. Esta realidad no es casualidad: la ciudad está marcada por una planificación urbana que privilegia el automóvil, un clima extremo que dificulta el ejercicio al aire libre y una densidad de establecimientos de comida rápida que supera seis veces la media nacional estadounidense.
El entorno de McAllen ha sido descrito como "diseñado para engordar a la gente hasta el punto de que no puedan levantarse de la cama". Esta frase, recogida en un documental reciente, resume la percepción de muchos habitantes y expertos sobre el impacto del entorno en la salud pública. La falta de parques cercanos, la distancia entre zonas residenciales y espacios recreativos, y la omnipresencia de opciones de comida rápida han creado un ambiente donde la obesidad parece inevitable para buena parte de la población.
¿Por qué McAllen lidera los índices de obesidad?
La planificación urbana de McAllen es uno de los factores más señalados por especialistas. La ciudad está "hecha para los coches": las distancias largas, la escasez de banquetas y la falta de transporte público eficiente hacen que caminar o andar en bicicleta sea poco práctico o incluso peligroso. Además, el clima extremo, con veranos que superan los 40 grados, limita las posibilidades de realizar actividad física al aire libre durante buena parte del año.
A esto se suma una cultura alimentaria influida por la dieta fronteriza, donde las porciones son generosas y los alimentos ultraprocesados abundan. McAllen cuenta con más de 500 establecimientos de comida rápida para una población de apenas 150,000 habitantes, lo que facilita el acceso a comidas hipercalóricas y de bajo valor nutricional. El resultado es una población expuesta constantemente a opciones poco saludables, en un entorno que dificulta la adopción de hábitos activos.
¿Es solo cuestión de decisiones personales?
Aunque la responsabilidad individual suele estar en el centro del debate sobre la obesidad, los expertos coinciden en que el entorno obesogénico de ciudades como McAllen juega un papel determinante. La falta de incentivos para moverse, la publicidad agresiva de alimentos ultraprocesados y la accesibilidad económica de la comida rápida crean condiciones donde mantener un peso saludable es un reto diario.
En este contexto, culpar únicamente a las personas por su peso resulta simplista. La evidencia muestra que la estructura urbana, las políticas públicas y la oferta alimentaria influyen tanto o más que las decisiones individuales. Por ello, los especialistas insisten en la necesidad de intervenciones integrales que modifiquen el entorno y faciliten elecciones saludables.
México: una emergencia sanitaria compartida
La situación de McAllen no es un caso aislado. México enfrenta una emergencia sanitaria, con el 76.2% de los adultos viviendo con sobrepeso u obesidad según datos de marzo de 2026. El consumo de alimentos ultraprocesados representa ya el 28.2% del consumo calórico total en el país, y este porcentaje ha crecido un 33.8% en los últimos 20 años. La influencia de la dieta estadounidense, especialmente en las zonas fronterizas, ha acelerado la transición hacia patrones alimentarios menos saludables.
El Instituto Nacional de Salud Pública inició en julio de 2026 el levantamiento de la nueva ENSANUT Continua, con el objetivo de actualizar el panorama nacional y evaluar el impacto de políticas como el etiquetado frontal de alimentos. Sin embargo, los desafíos persisten: la prevalencia de obesidad infantil sigue en aumento y el acceso a tratamientos efectivos, como los nuevos fármacos para la obesidad, es limitado para la mayoría de la población.
¿Qué papel juegan los medicamentos y la innovación?
En 2026, el mercado de fármacos para la obesidad ha crecido de manera explosiva en México, impulsado por la llegada de agonistas GLP-1 y otros tratamientos innovadores. Sin embargo, el acceso a estos medicamentos sigue restringido principalmente a quienes pueden costearlos de forma privada, lo que deja fuera a millones de personas que dependen del sistema público de salud.
La Sociedad Mexicana de Nutrición y Endocrinología ha publicado nuevas guías para el manejo del sobrepeso y la obesidad, enfatizando la importancia de la prevención, la educación y el tratamiento integral. Aun así, los expertos advierten que ningún medicamento puede sustituir la necesidad de modificar el entorno y promover políticas públicas que faciliten estilos de vida saludables.
¿De quién es la culpa?
La pregunta sobre la responsabilidad en la epidemia de obesidad no tiene una respuesta sencilla. Si bien las decisiones individuales son importantes, el peso del entorno urbano, la cultura alimentaria y las políticas públicas es innegable. En ciudades como McAllen, la combinación de factores estructurales y culturales ha creado un círculo vicioso difícil de romper.
Para México, el reto es doble: revertir la tendencia creciente de obesidad y evitar que más ciudades sigan el camino de McAllen. Esto implica repensar la planificación urbana, regular la publicidad de alimentos ultraprocesados, mejorar el acceso a espacios recreativos y garantizar que los tratamientos innovadores estén disponibles para todos, no solo para quienes pueden pagarlos.
¿Qué se puede hacer para cambiar el rumbo?
Los especialistas coinciden en que la solución pasa por intervenciones multisectoriales. Algunas de las acciones recomendadas incluyen:
- Rediseñar las ciudades para fomentar la movilidad activa (banquetas, ciclovías, transporte público eficiente).
- Regular la densidad de establecimientos de comida rápida y promover opciones saludables en escuelas y espacios públicos.
- Implementar campañas de educación nutricional adaptadas a las realidades locales.
- Facilitar el acceso a tratamientos médicos y psicológicos para quienes viven con obesidad.
- Monitorear y evaluar continuamente el impacto de las políticas públicas.
La experiencia de McAllen sirve como advertencia y como oportunidad para repensar el futuro de la salud pública en México y el mundo. La obesidad no es solo un problema de voluntad individual, sino el resultado de entornos que deben transformarse para proteger el bienestar colectivo.
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