Carlos Cuerpo, el ministro mejor valorado que asume el reto de recuperar la confianza en los trenes de España

Tras solo siete meses como 'número dos' del Gobierno, el vicepresidente económico releva a Puente al frente de Transportes con un perfil totalmente contrapuesto: un hombre tranquilo y alejado del cuerpo a cuerpo político
Sánchez encarga al vicepresidente Carlos Cuerpo la gestión de Transportes tras la dimisión de Óscar Puente
La elección de Carlos Cuerpo, vicepresidente primero y ministro de Economía, para hacerse cargo del departamento de Transportes tras la dimisión de Óscar Puente por sorpresa es un mensaje político en sí mismo. El presidente Pedro Sánchez encarga al miembro mejor valorado del Gobierno la gestión de la crisis tras el fatal accidente de Urda (Toledo), con 69 fallecidos y centenares de muertos, un hombre tranquilo, un perfil técnico que estaba empezando a sacar el colmillo antes del adelanto electoral del 29 de noviembre.
La importancia de Carlos Cuerpo (Badajoz, 1980) en el gabinete de Sánchez no es nueva. Ya en marzo sonó como 'superministro' de Economía y Hacienda, tras la salida de María Jesús Montero, y acabó siendo 'solo' vicepresidente primero. Ahora, Sánchez tira del 'comodín Cuerpo' para tratar de recuperar la confianza de los españoles en el sistema ferroviario, tras 115 muertos en dos accidentes en la alta velocidad en apenas diez meses.
“Ha demostrado en esta legislatura una enorme capacidad de gestión, integridad y un talante que nuestra política y país necesitan. Estoy convencido de que hará un gran trabajo y dará continuidad a las reformas iniciadas por Puente”, ha dicho el jefe del Ejecutivo en su anuncio de la mañana de este miércoles.
Cuerpo, que no concurre como candidato el 29N, es el único ministro que ha participado en los vídeos de precampaña del presidente del Gobierno, antes de que el desastre ferroviario llevara al traste el marco en positivo que habían diseñado La Moncloa y el PSOE. Sánchez y Cuerpo, corriendo por El Pardo, prometiendo mantener el “ritmo” (económico) tras ocho años y por otros cuatro más.
Cuando el ministro sonaba como sustituto de Montero, en marzo, él lo achacaba al buen hacer en su departamento: “El hecho de que me incluyan en este tipo de quinielas quiere decir que, en el ámbito de la política económica, se está haciendo un buen trabajo”. Su selección para sustituir a Puente no tiene tanto que ver con su gestión, que también, sino con su forma de ser.
Frente al espíritu combativo de Puente, dispuesto a batirse en el cuerpo a cuerpo político y en el fango con la oposición, el vicepresidente no hace honor a su primer apellido y prefiere el guante blanco. Por algo su segundo apellido es Caballero.
Solo una vez se le fueron ligeramente las formas con la oposición. Fue durante una comparecencia a finales de noviembre del año pasado en la Comisión de Economía del Congreso, donde el entonces 'solo' ministro comparecía para dar cuenta del plan de respuesta a los aranceles de Donald Trump.
En una dura comparecencia, el portavoz del PP, Jaime de Olano, conminó al ministro a imbuirse del “espíritu navideño”. Cuerpo no lo dejó pasar: “Si me permite el comentario, el espíritu navideño tiene muchas facetas, incluida la del Grinch”.
Un gestor para salir de la crisis
Cuerpo, licenciado en la pública Universidad de Extremadura y técnico economista y comercial del Estado (lo que en la jerga se conoce como ‘teco’), llegó a lo más alto del Ministerio de Economía tras desempeñarse como secretario general del Tesoro Público. El ‘número tres’ de la cartera fue el nombre que la entonces vicepresidenta Nadia Calviño recomendó a Sánchez para sustituirla tras ser elegida presidenta del Banco Europeo de Inversiones en diciembre de 2023.
El jefe del Ejecutivo siguió su consejo, pero situó a Montero al frente de la vicepresidencia primera, un puesto clave para dirigir los Consejos de Ministros en su ausencia. En una decisión casi salomónica, puso a Cuerpo –que, al igual que Calviño, no milita en el PSOE– al frente de la Comisión Delegada del Gobierno para Asuntos Económicos (CDGAE), el ‘consejillo’ donde se mascan las grandes decisiones de política económica, lo que lo convirtió, in pectore, en el 'cortafuegos' económico del Gobierno.
Quienes lo acompañan en el día a día destacan su capacidad de trabajo, de estudio y la cordialidad. Algo que se confirma en su relación con la prensa, a pesar de su estudiada lengua de madera para evitar responder con titulares a las preguntas más incisivas y polémicas sobre su cartera.
Cuerpo, como buen opositor, estudia y trabaja sus temas y ahora tendrá que estudiar a fondo el sistema ferroviario español, aunque solo sea, en principio, para tres semanas. Puente deja hecha la mayor parte: el plan de refuerzo de la seguridad de la alta velocidad, las primeras ayudas a los afectados y las explicaciones públicas. Y lo más importante, la asunción de la responsabilidad política para tratar de pasar página. Del combativo Puente, experto en comunicación, al tranquilo Cuerpo para recuperar la fe ciega en los trenes.
De Madrid a Bruselas, pasando por Washington
El ministro se ha convertido en una figura clave no solo a la interna, sino también en la esfera internacional. Habla perfecto inglés y hasta se atreve con el japonés. Los grandes foros ya cuentan con él como uno de los invitados estrella: sucedió a principios de año en Davos, cuando intervino en un panel sobre la economía española mano a mano con la presidenta del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde.
“Es un buen ejemplo de transgredir con su iniciativa”, loó la francesa, hablando de la propuesta española de poner en marcha una “coalición de voluntarios” entre los gobiernos de la Eurozona para avanzar en la integración económica sin que los Estados miembros más reticentes puedan ponerle freno.
Cuerpo se curtió en Bruselas en su etapa al frente del Tesoro Público durante las eternas negociaciones europeas para reformar las reglas fiscales. También aspiró a presidir el Eurogrupo, una apuesta que no salió adelante. Y ha sido un apaciguador clave en las relaciones con Estados Unidos tras la vuelta de Trump a la Casa Blanca. Fue el encargado de viajar a Washington para reunirse con su homólogo, el secretario de Comercio, Scott Bessent, en pleno tira y afloja por los aranceles y por el enfado en la Casa Blanca por la inversión española en Defensa.
En el escenario de policrisis constante que vivimos desde 2020, Cuerpo ha sido también el rostro clave a la hora de diseñar –y comunicar– el embargo al comercio de armas con Israel, la intervención en la fallida opa hostil del BBVA al Banco Sabadell y las medidas para paliar los efectos de la guerra en Oriente Medio. También fue el encargado de anunciar el 'mando único' tras la crisis migratoria de Ceuta.
En cuanto a las relaciones con sus compañeros de gobierno, la suya con la vicepresidenta segunda Yolanda Díaz, como ya sucedió con Calviño, podría haber sido mejorable. En el Ministerio de Trabajo pasaron de verlo como uno de los suyos (formó parte del primer comité de expertos para subir el salario mínimo) a la personificación del neoliberalismo. A raíz de las negociaciones para sacar adelante la reducción de la jornada laboral, Díaz acusó a Cuerpo de frenar su tramitación interna. Llegó a decir que era “casi de mala persona” negarse a reducir media hora el tiempo de trabajo.
Hasta ahora, el vicepresidente se ha beneficiado de los buenos datos económicos, que han colocado a España como líder de las economías avanzadas durante dos años consecutivos. Las previsiones apuntan a que lo será por un tercero. Ahora la crisis ferroviaria marcará hasta qué punto Cuerpo es el adecuado para calmar los ánimos y trasladar certezas a las víctimas.
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