ABC Color — Artículos
04/11/2026 08:00

Del shopping a la fábrica: los brasileños ya no cruzan el puente solo para comprar, sino para invertir

Durante décadas, Ciudad del Este fue la misma: filas de compradores brasileños cargando electrónicos, perfumes y mercaderías importadas de vuelta a Foz do Iguaçu. Esa imagen no desapareció, pero solo es una parte de la historia. Del otro lado del puente llegan ahora visitantes con otra agenda: recorrer galpones industriales, evaluar terrenos, constituir sociedades y firmar contratos.

“Asunción es la capital política del Paraguay, pero Ciudad del Este es nuestra capital económica”, sostiene Darlan Magalhães Gonçalez, vicepresidente de Servicios de la Cámara de Empresarios de Ciudad del Este y Alto Paraná.

Gonçalez reside en Paraguay desde 2018 y conoce el fenómeno desde adentro. A través de LH PRIME Asesoría Jurídica e Inversiones Inmobiliarias, participó en la llegada y estructuración de más de 220 empresas en el país.

“Ciudad del Este ya no es solamente una ciudad donde los brasileños vienen a gastar dinero. Es una ciudad a la que vienen a invertir, producir, generar empleo y construir patrimonio”, resume.

El comercio entre Brasil y Paraguay alcanzó aproximadamente US$ 7.800 millones en 2025.

La frase sintetiza un giro que se percibe en las oficinas de abogados y contadores, en las inmobiliarias y en los parques industriales de la región: las consultas ya no giran solo en torno a precios y cotizaciones, sino a sociedades, permisos, terrenos y regímenes de inversión.

El nuevo perfil del visitante

El consumidor de fin de semana convive hoy con empresarios que buscan instalar fábricas, comprar inmuebles y estructurar operaciones internacionales desde Alto Paraná.

Para la región, la oportunidad es clara: diversificar una economía muy dependiente del comercio fronterizo y sumar actividades con valor agregado. El desafío también es: convertir el interés de los inversores en proyectos sostenibles, que generen empleo y conecten al departamento con las cadenas productivas internacionales.

Un puente que mueve capitales

El Puente de la Amistad es la arteria de esa dinámica binacional. Por él circulan a diario trabajadores, consumidores, transportistas, empresarios e inversores.

El comercio entre Brasil y Paraguay alcanzó aproximadamente US$ 7.800 millones en 2025. La cifra corresponde al intercambio total entre ambos países, no solo a lo que pasa por el puente, pero dimensiona el peso de la relación. Brasil es, además, uno de los principales socios comerciales de Paraguay, y buena parte de ese intercambio tiene a Alto Paraná como punto de paso.

Gonçalez propone mirar la frontera con una lente más amplia, que incluya transporte de cargas, turismo, servicios e inversiones. La compraventa es apenas una parte del negocio.

Cada vez más brasileños –observa– cruzan para conocer instalaciones industriales, evaluar propiedades y estudiar alternativas de inversión. Esa tendencia vuelve urgente mejorar la infraestructura y los procedimientos fronterizos, antes de que la logística se convierta en un techo para el crecimiento.

Ciudad del Este busca dejar atrás la etiqueta de la capital de las compras.

Integrar y no competir

El siguiente paso –según Gonçalez– es profundizar la integración productiva: combinar la capacidad industrial brasileña con las condiciones competitivas de Paraguay para determinadas etapas de fabricación.

Brasil aporta un mercado enorme, una industria consolidada y proveedores de maquinaria, equipos, autopartes, químicos, materiales de construcción e insumos. Paraguay puede recibir los procesos de transformación, montaje y fabricación orientados a mercados regionales e internacionales.

Los rubros con mayor potencial –según el empresario– son textil, plástico, metalúrgico, alimentario, envases, calzado, componentes automotores y equipos eléctricos.

La fórmula no exige mudar toda la empresa. Una compañía puede mantener su operación comercial y parte de la producción en Brasil, e instalar en Paraguay solo algunas etapas industriales.

“El futuro no está en competir entre Brasil y Paraguay, sino en integrar las dos economías para que ambas crezcan”, afirma.

Esa complementariedad abre negocios para proveedores de ambos lados y favorece la creación de empleo. Pero cada proyecto debe pasar por la calculadora: costos de producción, impuestos, energía, mano de obra, materias primas, logística y acceso a los mercados de destino.

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Hay un punto que muchos pasan por alto: las reglas de origen del Mercosur. Instalar una fábrica en Paraguay no garantiza que sus productos ingresen a Brasil sin aranceles. El tratamiento depende de cumplir los requisitos de origen. Un error de cálculo en ese punto puede borrar la ventaja de costos que motivó la inversión.

Maquila por ahora lidera

Entre las herramientas disponibles, Gonçalez destaca el régimen de maquila, que permite producir bienes y servicios destinados al exterior con un tratamiento tributario especial.

El esquema aplica un impuesto del 1% sobre la base imponible prevista en la ley, además de beneficios aduaneros para las operaciones autorizadas que cumplan los requisitos.

En Alto Paraná hay espacio para maquilas textiles, plásticas, metalúrgicas, electrónicas y de autopartes y componentes industriales. La cercanía con proveedores brasileños, los costos operativos y los incentivos legales juegan a favor. La maquila de servicios, por su parte, abre una puerta para la tecnología y los servicios empresariales dirigidos a clientes internacionales.

El menú se completa con la Ley 60/90 de inversiones y las zonas francas, cuyos beneficios dependen de las características de cada proyecto. En Ciudad del Este, la Zona Franca Global, los parques industriales, los depósitos y los centros logísticos forman parte de las alternativas a evaluar.

Gonçalez, sin embargo, baja las expectativas de quienes llegan buscando atajos. “No basta con trasladar una fábrica para pagar menos impuestos”, advierte. Instalarse en Paraguay no habilita automáticamente todos los incentivos: hace falta un proyecto viable, cumplir las obligaciones fiscales y aduaneras y operar dentro de la normativa.

Ladrillos con acento portugués

La ola inversora también se ve en el paisaje urbano. Ciudad del Este y Hernandarias suman edificios, loteamientos y emprendimientos comerciales, impulsados en parte por empresarios que deciden radicarse en la zona.

Según Gonçalez, hay proyectos con departamentos desde unos US$ 34.000 a US$ 39.000, según el emprendimiento. Algunas desarrolladoras ofrecen financiación propia, en ciertos casos sin intereses ni reajustes, de acuerdo con las condiciones del contrato. Para un comprador brasileño, acostumbrado a tasas de financiación elevadas en su país, la diferencia pesa en la decisión.

La propuesta atrae a quienes buscan vivienda, renta o resguardo patrimonial. Pero el entusiasmo no reemplaza la debida diligencia: documentación, condiciones de financiación, características del inmueble y seguridad jurídica de la operación deben revisarse con lupa.

Detrás de las grúas crece además una demanda de servicios. Logística, contabilidad, tecnología, consultoría y distribución se vuelven indispensables para acompañar a las industrias que se instalan y a las compañías que operan entre ambos países.

Devaluación del real: ¿qué preocupa a comerciantes de Ciudad del Este?

El comprador también cambió

La transformación alcanza al comercio tradicional. El comprador brasileño –advierte Gonçalez– evolucionó: el precio sigue siendo el gran imán, pero ya no define solo la decisión.

Hoy pesan la calidad, la procedencia, las garantías, la atención y la seguridad. Antes de cruzar, muchos investigan en internet, comparan precios y leen opiniones sobre cada local.

Para el empresario, eso obliga a profesionalizar el comercio: atención digital, servicio posventa y protección al consumidor. Una mala experiencia no solo daña la reputación de un local; golpea la imagen de toda la zona comercial. En la era de las reseñas en línea, la reputación de Ciudad del Este se construye –o se pierde– en cada venta.

El cuello de botella

Hay un freno visible y es la infraestructura fronteriza. El Puente de la Amistad sufre congestionamientos, tránsito intenso y limitaciones operativas. Un relevamiento realizado entre octubre y noviembre de 2025 del centro universitario UDC de Foz do Iguaçu, contabilizó más de 217.000 vehículos y 519.000 desplazamientos de personas en apenas cinco días de observación.

Cada hora de espera tiene precio: combustible, horas extra de los choferes, costos de almacenamiento e incertidumbre sobre los plazos de entrega, sostiene.

Gonçalez plantea mejorar los accesos viales, agilizar los trámites aduaneros, desarrollar centros logísticos y aprovechar el Puente de la Integración para descomprimir la conexión con Brasil.

La ecuación es simple: los incentivos tributarios y los costos competitivos pierden fuerza si la mercadería queda varada en la frontera. Sin infraestructura, no hay polo industrial que aguante.

Formalidad sin trabas

Gonçalez respalda el combate al contrabando, las falsificaciones, los fraudes y la informalidad. Pero advierte que el exceso de burocracia termina castigando a quienes eligen trabajar dentro de la ley.

Sus propuestas apuntan a digitalizar procedimientos, integrar a las instituciones, simplificar trámites y hacer más eficiente la fiscalización.

El empleo es la prueba de fuego. A septiembre de 2026, el régimen de maquila sumaba unos 36.400 puestos de trabajo en todo el país. Alto Paraná concentraba una porción relevante del sistema, con alrededor de 160 empresas registradas en el primer semestre del año. Son cifras de escalas distintas: no equivalen al total de empleos maquiladores del departamento.

La demanda de talento, según Gonçalez, abarca contadores, administradores, especialistas en comercio exterior, profesionales de logística, ingenieros, técnicos de mantenimiento, operarios industriales y expertos en tecnología. Hablar portugués y español es una ventaja competitiva en un mercado binacional.

Producir, industrializar, exportar

La meta no puede limitarse a atraer capital extranjero. La vara es que esas inversiones se traduzcan en empleo, ingresos y oportunidades para las familias paraguayas.

La consolidación de Ciudad del Este como centro económico regional dependerá de su capacidad para combinar incentivos, infraestructura, seguridad jurídica y formación laboral. Y eso exige coordinación entre el sector privado y el Estado, reglas claras y condiciones para competir.

La integración con Brasil ofrece la plataforma para ampliar mercados, incorporar tecnología y desarrollar nuevas actividades productivas. El reto para Alto Paraná es pasar de una economía asociada al comercio de frontera a un ecosistema que también produzca, industrialice y exporte.

Si lo logra, la ciudad que el país conoció por sus vidrieras podría ser recordada por sus fábricas.

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