"Por primera vez, dejé a mi marido y a mis tres hijos para asistir a una conferencia de trabajo. Al final, añadí dos días para viajar sola"
Kris Ann Valdez está acostumbrada a viajar, pero casi siempre lo había hecho acompañada por su marido, alguno de sus tres hijos o amigos.
Cuando en septiembre tuvo que asistir a una conferencia de trabajo en Dover, Delaware, apareció una situación nueva: por primera vez debía organizar y atravesar todo el viaje sola. Durante los meses previos, la idea le generaba ansiedad. Le preocupaba dejar a sus hijos y también presentarse en un gran evento profesional donde apenas conocía en persona a uno de los asistentes.
Incluso las pequeñas tareas le generaban dudas. Valdez reconoce que puede olvidar cargadores, perder llaves de hotel o llegar tarde y que, cuando viaja con su familia, su marido o su hijo adolescente suelen encargarse de algunos detalles.
Antes de salir activó funciones de seguridad en Uber y compartió su ubicación. Después tomó un vuelo nocturno desde Phoenix hasta Filadelfia y continuó durante aproximadamente una hora y media por carretera hasta Dover.
Sola terminó siendo más organizada de lo que esperaba
La primera sorpresa fue práctica. Durante seis días no perdió nada importante, nunca llegó tarde a una reunión y consiguió mantener cargados sus dispositivos. Valdez descubrió que, cuando no tenía a otra persona en quien apoyarse, prestaba mucha más atención a aquello que normalmente delegaba.
Una de las mansiones que visitó en Delaware. Foto: Kris Anne Valdez.También había temido sentirse sola. En la conferencia hubo momentos incómodos, sobre todo cuando llegaba a conversaciones entre desconocidos, pero su personalidad sociable la ayudó a conocer gente. Por las noches encontró incluso una ventaja inesperada: podía volver al hotel, ver una película que llevaba tiempo postergando, escuchar un audiolibro o simplemente quedarse en silencio sin ocuparse de las necesidades de nadie más.
El verdadero experimento comenzó después de la conferencia. En lugar de regresar de inmediato a casa, añadió dos jornadas para recorrer Wilmington y sus alrededores. Visitó tres mansiones vinculadas a la familia Du Pont, jardines, un museo de arte y el Hotel Du Pont. Al contemplar los grandes jardines y residencias de la zona pensó: “Sentí que había despertado en Europa”.
Descubrió que no necesitaba negociar cada plan
En un viaje familiar, Valdez está habituada a cambiar actividades porque alguno de sus hijos tiene hambre, está cansado o perdió el interés. Esta vez pudo quedarse todo el tiempo que quiso observando piezas históricas, vitrales, porcelanas y jardines, sin tener que consultar el siguiente paso con nadie.
Kris camina de espaldas en un jardín. Foto: Kris Anne Valdez.La experiencia produjo una conclusión que no esperaba: “Descubrí que me gustaba pasar tiempo conmigo misma”. Además, conocer personas durante el camino evitó que sintiera la soledad que había anticipado.
Antes de salir había llegado a preguntarse si dependía demasiado de la compañía de otros como para disfrutar de un viaje individual. Seis días después, la respuesta estaba clara. Cuando se preguntó si volvería a viajar sola, no necesitó demasiadas explicaciones: “Absolutamente”.
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