Rabia contra la IA en EE.UU.
La ola azul que ha golpeado a Trump en las midterm tiene mucho de rabia contra la máquina. La revuelta de muchos estadounidenses contra los mega-centros de datos y su impacto sobre territorios y economías locales pasará a la historia de la IA. Esa revuelta se venía fraguando en decenas de comunidades, tanto rurales como manufactureras, desde el Cinturón de Óxido y el Medio Oeste hasta la Coste Este. En muchos estados clave para el Congreso, desde Pensilvania y Ohio, pasando por Iowa, Kansas, Nebraska o Georgia, hasta Nueva York y Maine, el malestar hacia los grandes centros de datos ha estallado. El rechazo al inmenso consumo de energía y agua -y a un recibo más caro- y al deterioro del paisaje ha avanzado en paralelo a la ansiedad por el impacto laboral de la IA, y el recelo a los tecnooligarcas. Muchos granjeros e industriales están pagando muy caro los aranceles: el descenso de exportaciones de cosechas a China - quince mil millones de dólares en un año - o el alto coste de los fertilizantes por la aventura en Irán.
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