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El día de la Marmota de Vinicius y la redención de Valverde: «Ha cambiado sus prioridades»
Hay futbolistas que necesitan un gol para cambiar una noche y otros que necesitan mucho más para cambiar una temporada. Fede Valverde y Vinicius se marcharon de Atenas con sensaciones radicalmente opuestas. El uruguayo, después de una última campaña turbulenta, con un tira y afloja con Xabi por su posición en el campo , una relación lastimada con una parte del madridismo y una doble pelea final con Tchouaméni, encontró en Atenas la mejor manera de cerrar su particular proceso de redención. El brasileño, por el contrario, prolongó su camino a ninguna parte. Otro partido gris, otra actuación sin capacidad para desequilibrar y otra estadística que retrata su preocupante desconexión: cero regates completados.En Valdebebas hablan de otro Valverde, de un futbolista nuevo en muchos sentidos. Y es que la transformación no es únicamente futbolística. En el club perciben a un jugador más maduro, más reflexivo y, sobre todo, mucho más consciente de lo que representa vestir la camiseta del Madrid y llevar el brazalete de capitán. Mourinho ha tenido mucho que ver en ese cambio. También la responsabilidad que le ha otorgado desde que llegó al banquillo. El portugués ha conseguido recuperar una versión emocional del uruguayo que parecía extraviada con los desencuentros del pasado curso. Le ha devuelto protagonismo, confianza y un espacio de liderazgo que Fede necesitaba para volver a sentirse importante: «Si tuviera que ponerse los guantes y jugar de portero, lo haría», confesó Mourinho semanas atrás.La pelea con Tchouaméni, los pitos del Bernabéu y, especialmente, su comportamiento con Xabi dibujaron una imagen de Valverde muy alejada de la que había construido tantos años en el Madrid. El futbolista incansable y generoso, siempre dispuesto a sacrificarse por el equipo, empezó a generar dudas entre una afición que había hecho de él uno de sus grandes referentes. No era un asunto menor. Valverde había dejado de ser intocable, pero está cerca de volver a serlo . Y sin queja ninguna. Ni siquiera por volver a jugar de '2': «Trabajo para ser el mejor lateral derecho del mundo y también el mejor centrocampista», confiesa el uruguayo, con una visión también colectiva: «Cada uno de nosotros confía en el compañero y desde el banquillo se transmite esa energía. Es un placer jugar para este cuerpo técnico».La compleja temporada 25-26 obligó a Valverde a mirarse al espejo. A pensar en sí mismo, en su camino y en el lugar que quería ocupar dentro del vestuario. A entender que no bastaba con correr, presionar y multiplicarse por el campo. Que el compromiso también se demostraba en los momentos difíciles, en la manera de gestionar los conflictos y en la capacidad para asumir responsabilidades. Necesitaba un cambio. Y lo ha ejecutado. El brazalete le ha obligado a dar un paso adelante y Mourinho le ha ofrecido el contexto para hacerlo. El luso, exigente en las formas y muy particular en la gestión de sus futbolistas, ha encontrado en él a uno de sus hombres de confianza. Ha vuelto el Valverde de siempre, pero con algo más de poso.Sin luz para ViniciusEn el otro extremo está Vinicius. El brasileño continúa sin levantar cabeza . Su partido en Atenas volvió a dejar una sensación de impotencia que empieza a ser demasiado habitual. No ayuda en defensa, no encuentra los espacios, no supera a sus marcadores y tampoco tiene frescura mental. Su dribling, su velocidad y su capacidad ofensiva, que durante tantos años fueron su principal argumento para romper partidos, han pasado a mejor vida. Cero regates completados en Atenas. Y ya son tres partidos consecutivos de Champions sin conseguir superar a un adversario. Una anomalía para un futbolista que construyó su jerarquía mundial precisamente desde esa capacidad para desbordar.Y el problema va más allá de una mala noche. Vinicius juega cada vez más lejos de su fútbol. Recibe y encara, pero como no termina de encontrar la continuidad ni la convicción de antaño, lo deja de intentar enseguida. Cuando no le sale la primera, se precipita; cuando el rival le cierra el camino, se atasca; y cuando necesita que aparezca su talento, la respuesta no llega. En Atenas volvió a ser un futbolista intrascendente durante 81 minutos. Mourinho necesita mucho más de él, pero sin él el Madrid ha demostrado que puede ser un equipo aspirante a todo. Es el día de la marmota de Vinicius. Y la redención de Valverde.
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