¿El Trumpismo está en la lona?
Definitivamente, fue un duro golpe para las y los republicanos, así como para el presidente Donald J. Trump, lo sufrido este pasado martes 3 de noviembre en los comicios para elegir congresistas y gobernadores en Estados Unidos de América, donde el duro revés al partido republicano fue tan fuerte que en entidades federativas que eran bastiones del conservadurismo del GOP desde hace más de dos o tres décadas cambiaron de partido, así como la obtención de triunfos históricos de personajes políticos con ascendencia palestina, afro, musulmana y mexicana que ocuparán posiciones influyentes de poder.
Desde el reciente triunfo de Lula en Brasil, las cosas para el anaranjado neoyorquino parecen ir de mal en peor. El costo político de enfrentar a Irán y con ello un alza en los hidrocarburos ha golpeado fuertemente a la clase media gringa que confió en el Make America Great Again; sin embargo, todavía se ve distante la caída del magnate y sus aspiraciones imperialistas. Existen señales para creer que, a pesar de este severo descalabro, estemos viendo el fin de: MAGA, el populismo, el nativismo patriotero y la ultraderecha en América y el mundo.
Hoy el fantasma del neofascismo recorre con gran fuerza los diferentes países del globo; lo bueno es que esta —epidemia ultra—, como le ha bautizado Franco Delle Done, parece haber encontrado puntos de quiebre en la narrativa que sostiene su poder político; por ende, cualquier nación que se quiera seguir asumiendo como soberana, y que quiera sobrevivir a estos embates de la ultraderecha, deberá tomar en cuenta lo ocurrido con base en la experiencia brasileña y ahora de los yanquis que demostraron que derrotar al trumpismo no es imposible.
La derecha mexicana y sus aliados, con base en sus publicaciones y comentarios, parecen no haber entendido que gran parte de las y los mexicanos no estamos buscando ser “salvados por Trump”; es decir, en definitiva, la 4T tiene varios pendientes y problemas no resueltos que aquejan a la patria; no obstante, eso no significa ipso facto que estar en desacuerdo o desencantado de los gobiernos cuatroteístas te convierte en un adepto más de algún partido o movimiento alineado a los intereses extractivistas y neoliberales del país de las barras y las estrellas.
Deseo de todo corazón que algún día mis ojos puedan ver el final del imperio y sus políticas y narrativas fascistas, pero por mientras, nos tocará resistir y pelear en las calles y urnas. ¡Nos leemos pronto!
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