Cómo Android abarató el smartphone y rompió el monopolio de los sistemas cerrados
Android se presentó en 2007 como un sistema abierto que cualquier fabricante podía usar, en un mercado donde cada marca dependía de su propio software cerrado.
Los teléfonos cautivos antes de 2007
A mediados de los 2000, tener un teléfono inteligente era caro y daba poco margen de uso. El mercado estaba repartido entre Symbian, BlackBerry OS y Windows Mobile, plataformas cerradas donde cada fabricante imponía su interfaz y sus restricciones.
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Instalar una aplicación podía exigir certificados digitales pagos o el visto bueno de la operadora. Las apps de terceros eran pocas, caras y no se comunicaban entre sí. Quien cambiaba de marca perdía configuraciones, historial y, muchas veces, las herramientas que usaba para trabajar.
Sin un estándar común, los fabricantes chicos no podían competir con los grandes. Unas pocas corporaciones controlaban las licencias de software, lo que mantenía altos los precios de los terminales y dejaba afuera a millones de personas, sobre todo en los mercados emergentes.
El estándar abierto
El 5 de noviembre de 2007 se anunció la Open Handset Alliance, un consorcio liderado por Google junto con fabricantes de hardware y operadores. Con ella se presentó Android, una plataforma de código abierto basada en el núcleo de Linux.
Por primera vez, el software no iba atado a una sola marca. Varios fabricantes podían adoptar el mismo sistema y competir entre sí, lo que bajó los costos de producción.
El primer teléfono con Android salió recién en octubre de 2008, pero en los años siguientes los equipos con pantalla táctil, navegador completo y conexión de datos dejaron de ser un artículo de lujo y pasaron a estar al alcance de mucha más gente.
Qué cambió en el uso cotidiano
Los sistemas competidores cobraban licencias altas o dependían de tiendas oficiales restrictivas. Con Android surgió un mercado de aplicaciones más abierto, donde la competencia mejoró la calidad y bajó los precios.
Los datos, correos, agendas y archivos pasaron a sincronizarse con servicios en la nube que no dependían del aparato. Y como el sistema era abierto, cada persona podía cambiar la interfaz, el teclado y las herramientas de accesibilidad, algo que los sistemas cerrados no permitían.
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Además, como ningún fabricante controlaba toda la innovación, las marcas se disputaron cámaras de mayor resolución, GPS y conexiones más rápidas, y esas funciones llegaron también a los equipos de gama baja.
La apertura tuvo sus límites. Google conserva el control de servicios clave como Play Store y Play Services, y muchos fabricantes personalizan el sistema de formas que demoran las actualizaciones. Aun así, el cambio de fondo se sostuvo: ningún fabricante volvió a tener el control exclusivo del software.
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