LA TRAMPA DETRÁS DEL JUICIO POLÍTICO Y EL PELIGRO DE LA LÍNEA DE SUCESIÓN
NACIONALES (Politiquería por Esteban Ross) En los momentos de alta tensión social, cuando la ciudadanía siente angustia por sus ahorros y el bolsillo aprieta, el juicio político a un presidente suele presentarse como la solución mágica para calmar el descontento. Sin embargo, en la política real, las decisiones extremas no siempre traen justicia ni tranquilidad. En el Paraguay de hoy, la pregunta de fondo que todos debemos hacernos es fría y contundente: ¿quiénes se benefician realmente si el país se desestabiliza?
Por un lado, lo que se vende como «lo bueno» o lo ideal es la promesa de la rendición de cuentas. Quienes impulsan la destitución argumentan que sancionar la mala gestión o la falta de control es un acto de justicia y un precedente necesario para la democracia. Sin embargo, la realidad práctica muestra la otra cara de la moneda: lo malo y verdaderamente destructivo. Un proceso de esta magnitud paraliza las instituciones, ahuyenta la inversión privada, congela los créditos, encarece el costo de vida y sumerge al país en un clima de zozobra donde la devolución de los fondos y la estabilidad económica quedan relegadas a un segundo plano.
Aquí es donde entra en juego la trampa del oportunismo. Detrás de los discursos encendidos y el llamado a tomar las calles no están los trabajadores ni los verdaderos ahorristas preocupados. Están los pescadores de río revuelto: sectores políticos de oposición, agitadores e incluso facciones de la propia interna oficialista que ven en el pánico popular la oportunidad perfecta para negociar cargos, reconfigurar cuotas de poder y acelerar la sucesión presidencial antes de tiempo.
El riesgo institucional es gigante y la ciudadanía debe mirar el mapa completo. Un juicio político no es solo «sacar a un presidente»: en el tablero constitucional, si cae la dupla del Ejecutivo, el mando del país recae directamente en la Presidencia del Congreso, encabezada por figuras polémicas como Basilio «Bachi» Núñez. ¿Es realmente un recambio que genere confianza o gobernabilidad? La experiencia demuestra que entregar el timón de la República al internismo parlamentario y a liderazgos cuestionados, lejos de traer calma, profundiza la crisis y condena a la ciudadanía al arbitrio del peor caudillismo.
Al final del día, el juicio político puede ofrecer una salida de presión política inmediata y un espectáculo de tribuna, pero si no existe una alternativa clara de gobernabilidad que genere estabilidad y confianza real, el remedio resultará infinitamente más costoso e impagable para la gente común que la propia crisis actual. La ciudadanía no debe prestarse como carne de cañón ni instrumento de la ambición ajena; la verdadera defensa de los derechos se hace con templanza, exigiendo soluciones institucionales y sin regalarle la paz del país a quienes solo buscan sacar tajada del caos.
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