“Es como volar sin ver”: los increíbles videos del argentino que perdió la vista a los 18 años e impresiona con sus trucos con el skate
Marcelo Lusardi nació en Buenos Aires. Era un chico cuando su familia dejó la Argentina. En 2003, después de la crisis económica, se mudaron a España y se instalaron en Ames, cerca de Santiago de Compostela, en Galicia. Allí empezó a patinar, alrededor de los 11 años. El skate y la música se convirtieron en sus pasiones.
En junio de 2015, cuando tenía 17 años, mientras celebraba la noche de San Juan con sus amigos frente a una fogata, una mancha empezó a nublarle la visión. Se tapó un ojo, después el otro: el problema estaba en el derecho. En el hospital lo internaron, le hicieron estudios y lo medicaron. Volvió a su casa sin una explicación definitiva, pero con la esperanza de que fuera algo pasajero.
Pasaron las semanas y la mancha seguía ahí. En noviembre, cuando también empezó a fallarle el ojo izquierdo, regresó al hospital. “Un caos total con los médicos porque ya no sabían qué decirme... desde un tumor en el cerebro o esclerosis múltiple”, contó en una entrevista.
La respuesta llegó el día en que cumplió 18 años. Los estudios genéticos confirmaron que tenía neuropatía óptica hereditaria de Leber, una enfermedad poco frecuente, que provoca una pérdida súbita e indolora de la visión central. Aunque el diagnóstico terminó la incertidumbre, abrió otras preguntas: cómo iba salir, cómo se encontraría con sus amigos, qué pasaría con el skate... Diez años después, sus videos en su skate son furor en las redes.
Renacer
Al principio Marcelo se alejó de la vida que conocía. Dejó de patinar y de juntarse con sus amigos. “Me encerré en casa y dejé de usar el móvil. Mis colegas sabían que había perdido visión, pero no que me había quedado completamente ciego porque me incomuniqué. Me costó concienciarme de mi nueva realidad”, dijo en una entrevista para La Voz de Galicia, en 2022.
Le costaba aceptar lo que le estaba pasando y le daba vergüenza salir con un bastón hasta que conoció a Mónica Monasterio, una argentina no vidente que vivía en Madrid y era cercana a su familia. Ella lo ayudó a perder esa vergüenza. Poco después volvió a la plaza donde se reunía con sus amigos. “No iba con la idea de patinar, pero uno me dijo de subirme a la tabla por integrarme y ser uno más, como siempre”, contó.
Probó y al día siguiente volvió a hacerlo. “Fue como un renacer”, dijo. De a poco recuperó el equilibrio y aprendió a orientarse por el ruido de los autos, las voces de los chicos y la música de sus amigos.
Reconocer el terreno
Aunque distingue algunas luces, Marcelo no puede ver el recorrido que tiene por delante. Por eso, para volver a patinar tuvo que aprender casi de cero. Antes de intentar un truco, explora el terreno con el bastón que también lleva cuando se sube a la tabla. Reconoce los obstáculos, las alturas y las distintas superficies hasta hacerse una idea precisa del lugar.
“Nunca voy solo a un spot nuevo [en la jerga del skate es el lugar para patinar]; siempre con alguien que vea y me adelante cosas que se me pueden escapar: bordillos, barandillas, cambios de suelo…, detalles que me interesan para patinar. Lo toco todo, con el bastón, con los pies, con las manos. Siento el material, la altura de los bordillos, el tipo de suelo. Toda la información que pueda recoger me vale", contó en una entrevista a EL PAÍS.
Uno de sus mayores desafíos fue volver a saltar y mantener el equilibrio sobre las ruedas traseras. “Es una sensación de volar sin ver”, agregó.
Su tabla no tiene modificaciones. Él incorporó nuevas formas de usarla. “Me he adaptado yo al skate, no al revés”, dijo en 2025a 20minutos.
Su historia quedó registrada en un documental que Runa Studio estrenó en 2016. Bajo el nombre The Blind Rider, Marcelo empezó a compartir videos de sus trucos y a hacerse conocido en las redes. En Instagram tiene más 125.000 seguidores.
En 2024 fue embajador de la primera competencia de skate adaptado de O Marisquiño, en Vigo, una iniciativa que él mismo había propuesto para reunir a deportistas con distintas discapacidades.
El reconocimiento también llegó de uno de sus ídolos, el legendario skater Tony Hawk compartió sus videos. “Cuando lo vi es que casi lloro, tío”, recordó en EL PAIS.
En su brazo lleva tatuados un skate y un bastón cruzados. Ahora quiere lograr que la tabla gire bajo sus pies mientras salta una escalera. “Siento que va a ser el truco de mi vida. Es una batalla que tengo pendiente conmigo”, dijo.
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