ABC
05/11/2026 13:18

Andrés Trapiello: «Soy libre escribiendo. Nadie puede cancelarme»

La historia de la palabra es también la historia de la conversación. Antes de ocupar las páginas de los libros y los periódicos, las ideas toman forma en el intercambio con otros. En la España de finales del siglo XIX, 'Blanco y Negro', fundada por Torcuato Luca de Tena en 1891, reunió a Emilia Pardo Bazán, Azorín y Antonio Machado; en la Francia del Segundo Imperio y la Tercera República, 'Le Figaro', impulsado por Hippolyte de Villemessant, congregó en sus páginas a Baudelaire, Zola y Proust; y en el México de la segunda mitad del siglo XX, Octavio Paz convirtió 'Vuelta', junto a Alejandro Rossi, Gabriel Zaid y Mario Vargas Llosa, en un espacio de conversación intelectual.Con ese mismo espíritu, el Museo ABC acogió el pasado 4 de noviembre el primer encuentro del Club de Lectura ABC , una iniciativa nacida en la redacción para acercar a quienes escriben estas páginas y a quienes las leen. Generosos en su comparecencia y participación, los suscriptores acudieron para escuchar a Andrés Trapiello, preguntar por sus libros y discutir algunas de las cuestiones esenciales de su obra. A diferencia de otros formatos de lectura en grupo, no existe en este una única novela sobre la mesa, sino varias décadas de literatura: desde 'Las armas y las letras' (1994) hasta los diarios del 'Salón de pasos perdidos' (iniciados en 1990), pasando por 'Madrid' (2020), 'El Rastro' (2018) y su traducción del 'Quijote' al castellano actual (2015). La incorporación de Andrés Trapiello a las páginas de ABC y XL Semanal ofreció la ocasión ideal para sentarnos a conversar.A manera de crónica, incluso con las anotaciones al pie propias de un dietario (pretensión vanidosa, considerando que nuestro primer invitado es un avezado y memorioso diarista), ofrecemos a los suscriptores una memoria de lo conversado en Amaniel y un adelanto de nuestra próxima invitada: Julia Navarro , periodista política durante más de tres décadas y una de las novelistas españolas más leídas dentro y fuera de España. Autora de 'Dime quién soy', 'Dispara, yo ya estoy muerto' y 'El niño que perdió la guerra', ha dedicado buena parte de su obra a reconstruir las vidas de quienes atravesaron los grandes conflictos del siglo XX. Hablaremos con ella de su trayectoria, desde el periodismo político hasta 'Una familia moderna' (2026), su novela más reciente. Será nuestra invitada el próximo jueves 3 de diciembre, a cuya convocatoria invitamos desde ya a nuestros suscriptores.«El pasado se mueve siempre»«La verdadera patria de un escritor es la memoria», dijo Trapiello al recordar cómo comenzó a escribir 'Las armas y las letras. Literatura y guerra civil (1936-1939)', un clásico con vida propia, publicado en 1994, hace ya más de treinta años, por Planeta. Revisado y ampliado en 2002 (Península), 2010 y 2019 (Destino), volvió a las librerías en septiembre de 2026 en una edición de Austral. Trapiello admitió haber emprendido aquella investigación por encargo y señaló que hoy sería mucho más difícil escribirla y publicarla. En aquel momento, Trapiello descubrió una verdad que permanece: que numerosos autores habían desaparecido de las lecturas habituales por sus posiciones durante la República, la Guerra Civil y la posguerra. «Cuando tú empiezas a ver que ha habido olvidos intencionados, tú empiezas a desconfiar un poco de la memoria de los otros y decides que vas a empezar a recordar por ti mismo». Su propósito no había sido excluir, sino recuperar. «No era un libro de restar, sino de sumar». Trapiello fue miembro del Comisionado para la Memoria Histórica del Ayuntamiento de Madrid, es decir, entiende toda la dimensión política de la memoria, incluso en su imposibilidad de hacerse colectiva. «El recuerdo no es un pacto, sino un acto del individuo. Recordamos de uno en uno». Entre nueve hermanos, contó, las versiones de una infancia compartida pueden resultar incompatibles. «El pasado se mueve siempre y nuestra percepción del pasado está constantemente corregida».Catorce años con Cervantes «Me siento un novelista fracasado absolutamente», confesó Trapiello al momento de hablar del protagonismo de ese género literario en su obra. Le habría gustado escribir 'Guerra y paz', 'La cartuja de Parma' o 'El Quijote'. En su lugar, dijo, había escrito novelas más pequeñas. «Las vidas no tienen argumento, la realidad no tiene un hilo. La novela sí tiene tema, y sobre todo la novela lo que tiene es sentido». La Guerra Civil le incumbe y aparece en 'Ayer no más' (2012) y 'Me piden que regrese' (2024), asegura el escritor, porque es un tema que continúa presente en la vida española. No sin ironía, recordó una observación de Gregorio Marañón: las guerras civiles duran cien años. «Estoy deseando que llegue el año 2036», bromeó. Contó también que necesitó varias lecturas de los 'Episodios nacionales' para comprender que a Benito Pérez Galdós le interesaban más las relaciones humanas que los acontecimientos políticos. «Lo que más le emociona de sus historias es cuando aparecen las mujeres». En 'Me piden que regrese' (2024), ambientada en 1945, sucede algo semejante: «Es la historia de amor la que en el fondo queda».Al evento, celebrado en Madrid, en el Museo ABC, acudieron los lectores y suscriptores. JOSÉ RAMÓN LADRAEl 'Quijote', abrevadero de la novela moderna, ocupó buena parte del encuentro. Trapiello dijo haber escrito 'Al morir don Quijote' (2004) porque no quería despedirse de los personajes cervantinos. Después descubrió que muchos lectores intentaban leer el original y abandonaban ante las dificultades de la lengua. Decidió trasladarlo al castellano actual, en una traducción publicada en 2015. Trabajó catorce años, en secreto. «A veces traducía tres o cuatro páginas, pero a veces me pasaba con una frase uno o dos días». Concluida la tarea, temió que la publicación fuera considerada un sacrilegio. El relato de su propia aventura cervantina estuvo cargado de humor y complicidad. Primero acudió a Francisco Rico. Después a Mario Vargas Llosa. Catorce años dedicó a aquella hazaña. Décadas más tarde, en la Feria del Libro de Recoletos, un lector de más de ochenta años se acercó para darle las gracias por aquel empeño. Su padre había sido un gran lector del 'Quijote', pero él nunca había conseguido terminarlo. Finalmente pudo hacerlo con la versión de Trapiello. «Por fin lo he leído y por fin puedo reunirme con mi padre», le dijo. «Este tipo de testimonios es emocionante», recordó el escritor.Los lectores toman la palabra La evocación de Vargas Llosa llevó el encuentro hacia la independencia intelectual. Trapiello recordó la amistad que los unió y la generosidad del Noel peruano. Admiraba su disposición a intervenir en la vida pública sin abandonar la literatura. «Las ideas se exponen, se defienden y no se espera nada a cambio». También habló del liberalismo español y de las dificultades de sostener una posición independiente. «El centro termina siendo muy incómodo para todo el mundo». Poco preocupado por las acusaciones o las cancelaciones, pasa buena parte de sus días leyendo y trabajando. «Yo soy libre escribiendo», afirmó. «Nadie puede cancelarme escribiendo».Una lectora quiso saber si España había perdido la libertad intelectual que recordaba de su juventud. Trapiello discrepó. «Yo leo cada día en los periódicos un mínimo de diez o doce artículos muy buenos, escritos por gente que no desmerece de Ortega, de Fernando Vela, de Marañón». Recordó que buena parte de la obra de Ortega y Unamuno había aparecido originalmente en la prensa. Otro lector preguntó por qué apenas había escrito sobre su infancia. Trapiello habló de la casa familiar, de su traslado a León y de los libros en los que había recuperado aquellos años. Resumió su manera de tratar el pasado personal con una máxima: «Ni quejarse ni presumir». «No podemos hacer ficción con el pasado».La poesía, convocada en una última pregunta de Jesús García Calero, sirvió de broche al encuentro. «A mí lo único que realmente me importa es la poesía, lo único que me proporciona consuelo es la poesía», confesó Trapiello. «Se trata de unir belleza y verdad», explicó. «Vivir poéticamente es vivir atentamente». «La atención es exactamente el tema de la vida». Recuperando el espíritu de los antiguos salones de letras, hemos vuelto a encontrarnos alrededor de los libros en el Museo ABC, depositario de la memoria de una cabecera que ha acompañado durante más de un siglo la vida intelectual española. La palabra habita en la conversación de quienes la emplean y la invocan. Esperamos que esta sea la primera de una longeva y puntual costumbre.
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