Hegseth está en la cuerda floja tras la gran derrota de Trump en las elecciones legislativas
Siempre hay alguien al que le toca pagar los platos rotos para proteger al responsable principal del desaguisado.
A falta de la pieza mayor, muchos demócratas, eufóricos por un revolcón al presidente de Estados Unidos en las elecciones de medio plazo como no ocurría desde hace medio siglo, les gustaría que la factura recayera en Stephen Miller, subjefe de gabinete de Donald Trump y asesor de seguridad nacional, al que ven como un personaje que cada mañana se inyecta una dosis de maldad.
Pero los tiros van por otro lado, una expresión más que adecuada en esta ocasión. Trump volvió a demostrar que su reino no es de este mundo, esto es, que a menudo está fuera de la existencia cotidiana en la que viven los estadounidenses y, después de la calamidad electoral, convocó a los periodistas para mostrar como van las obras de su faraónica sala de baile.
A preguntas de los informadores, que le devolvieron a la realidad, respondió con un “está haciendo un buen trabajo” a la cuestión de si iba a relevar al secretario de Defensa, Pete Hegseth, principal adalid de la impopular guerra de Irán y razón principal, según el mismo Trump, de la derrota personal y de los republicanos en estos comicios. Ese elogio de Trump es idéntico al que hizo de otros miembros de su gabinete previamente a darles el finiquito.
Hegseth es la imagen de la ineptitud máxima y la falta absoluta de conocimiento para asumir un puesto clave a partir de las encuestas. Desde esa impopular guerra en Oriente Medio, sus alardes por los bombardeos a las supuestas narcolanchas, el despido de mandos y el desprecio a afroamericanos y mujeres en el Ejército, hasta sus malas relaciones con congresistas de ambos partidos, esa trayectoria lo ha convertido en el miembro más vulnerable de la administración al consumarse el pasado martes el tsunami azul en la urnas.
A pesar de esa aparente apoyo del presidente, “Hegseth está claramente en una posición muy delicada”, declaró a Axios un asesor de Trump. “Eso no significa que el presidente vaya a destituirlo, pero hay complicaciones”, añadió.
Antes de que Trump atacara Irán el 28 de febrero, Hegseth era el más entusiasta partidario del conflicto y ofreció las previsiones más optimistas sobre la rapidez y la facilidad con que se resolvería. Pero en agosto, el Mando Central de Estados Unidos (CENTCOM) estaba buscando nuevas estrategias para presionar a Irán, lo que apuntaba a que los mandos militares seguían reevaluando cómo alcanzar los objetivos estratégicos tan fáciles para Hegseth.
Los matices en el pensamiento de Trump ya afloraron este jueves cuando en una entrevista en la cadena ABC aseguró que tiene intención de mantener al jefe del Pentagono en su actual puesto, aunque reconoció que sería más fácil confirmar a otra persona antes de que los demócratas asuman en enero el control del Congreso.
Insistió en que tiene “toda la intención” de mantener a Hegseth en su cargo, después de que el miércoles trascendiera que estaba sopesando si el jefe del Pentágono debía continuar. Trump afirmó que ha recibido llamadas de personas preocupadas por Hegseth, aunque señaló que no entendía “por qué”.
Tampoco parece tan complicado comprender esas comunicaciones. Los demócratas anunciaron que tienen intención de someter a un mayor escrutinio al Pentágono y a su máximo responsable. La senadora demócrata Kirsten Gillibrand, miembro de la comisión de Servicios Armados de esa cámara, señaló que Hegseth “se verá obligado a rendir cuentas” en cuanto tomen control del Congreso por su “liderazgo caótico e incompetente”.
Sin embargo, Hegseth puede afrontar medidas punitivas mucho antes, en los próximos días, puesto que el legislador republicano Thomas Massie ha prometido someter a votación una moción para destituirlo mediante un impeachment cuando el Congreso reanude sus sesiones este mes, salvo que el jefe del Pentágono dimita antes.
En sus consideraciones, Trump sugirió que Hegseth sería muy popular si se presentara a las elecciones para ocupar el escaño en el Congreso de la senadora republicana Marsha Blackburn, que ha ganado las elecciones para ser la gobernadora de Tennessee y, por lo tanto, deberá ser sustituida al ocupar su próximo puesto.
A finales de octubre, Hegseth manifestó su interés por ocupar el escaño de Blackburn, según el entorno del secretario de Defensa, al que hasta ahora le gustaba mucho más la designación de secretario de Guerra, cambió de nombre que impuso Trump. Algunos conocedores de la materia sostuvieron que Hegseth hacía campaña discretamente para conseguir ir al Senado, mientras que otros recalcaron que su interés era un secreto a voces.

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