El milagro del Papa en el país del rebusque
Una pequeña pero notable película uruguaya estrenada en 2007 contaba la historia de Beto (César Troncoso, a quien enseguida reconocemos como el compañero de Darín en El Eternauta), un buscavidas de un pueblo uruguayo que invierte todo lo que tiene en hacer un baño para alquilar a los peregrinos ante la llegada de Juan Pablo II.
El baño del Papa no tiene el final soñado para Beto, pero refleja una realidad que, casi 20 años después, se replica en la Argentina que espera a León XIV.
“Compré cinta bebé amarilla y blanca. Dos carretes de 10 metros. De ahí saco 200 escarapelas con los colores del Vaticano, más o menos. Cada carrete vale $7.000. Si metemos a 2 lucas cada escarapela podemos hacer 400 lucas con 14.000 pesos…”.
Miguel se arrimó a ver la impresionante estructura donde el Papa dará misa en Palermo y le cuenta su plan de negocio a un amigo que lo acompaña.
“Ta’ bueno”, dice un muchacho que escucha y sonríe, mientras pasa llevando unos caños que bajó de un camión.
No muy lejos de allí, en un minimercado de Recoleta, el dueño del local -un fiambrero de 82 años- piensa en voz alta: “Capaz que llevamos chorizos con mi hijo y los vendemos a diez cuadras del acto. Dicen que va a haber dos millones de personas.…”.
Habla con un carnicero del barrio que lo alienta: “Yo te los doy. Los que no vendés me los devolvés, pero seguro que vendés todo…”.
La Argentina del rebusque, que siempre está, explota con la visita del Papa.
Hay un país de la ¿alta? política buscando su posición en ¿elegantes? tironeos de sillas e invitaciones VIP para estar cerca de Su Santidad, y otro que ve una oportunidad única para conseguir un poco de aire antes de las Fiestas.
Llegar a fin de año con unos pesos extra que, están seguros, conseguirán a fuerza de ingenio.
Cuestión de fe.
El barbero de Luján que va a transformar su peluquería a la vuelta de la Basílica en un servicio de agua más baño piensa cobrar $2.000 por usar el baño y $1.000 para llenar el termo de agua caliente. Un negocio que se retroalimenta: cuanto más agua, más necesidad de baño.
Adrián, también en Luján, alquila su cuarto. No un cuarto cualquiera, el suyo. Se va a lo de sus padres y deja su cama matrimonial con baño privado por lo que va a pedir un millón cien mil pesos la noche.
Luján espera 1,7 millones de personas y no hay capacidad hotelera que aguante.
Julio tiene una gomería que adaptó para meter carpas. Calcula que le van a entrar unas 80 pero no va a cobrar por tienda sino por persona: $25.000 cada uno.
Va a sumar al emprendimiento una pequeña proveeduría propia: esa gente va a tomar mate y a comer panchos, choripanes y hamburguesas. Como Beto en la película, Julio se prepara para esa demanda.
En Córdoba, la Municipalidad levanta la prohibición a los vendedores ambulantes pero les asigna zonas fijas y hace campaña con el lema “fuego no, agua sí”, para que quien esté pensando en encender una parrilla desista de la idea y venda bebidas.
Allí hay un auge de terrenos y patios que la gente acondiciona para meter autos de los visitantes.
El milagro papal llega justo cuando vuela el riesgo país. Cuatro días de revolución para la microeconomía ajedrez: blanca y negra. Derrame exprés.
La visita del Papa puede ser una salvación que trascienda a las almas creyentes.
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