20minutos
06/11/2026 01:00

Un dibujo, un recuerdo o una caja fuerte bajo el agua: cinco historias de niños que ayudaron a capturar asesinos y delincuentes

Los dibujos de una niña de ocho años han permitido a la Guardia Civil dar con el hombre que intentó secuestrarla en Borja, Zaragoza. La pequeña llegó a identificar hasta las marcas que tenía en la cara. El hombre de 48 años trató de distraerla ofreciéndole golosinas, pero consiguió escapar y aportar información fundamental. En algunos casos, los niños han resultado indispensables para dar con asesinos y criminales. Estas son las cinco historias más sorprendentes en las que los niños han conseguido aportar las pistas clave para capturar delincuentes.

El recuerdo de un niño después de 27 años

La noche del 24 de agosto de 1996 la joven Caroline, de 14 años, salió como tantas otras veces de su casa de Renton, en Escocia, para encontrarse con Robbie, de 18 años, con el que mantenía una relación tormentosa. Su cuerpo apareció al día siguiente en el río Leven. Había sufrido múltiples golpes. Las primeras pistas apuntaron a él y a su entorno, a un posible triangulo amoroso porque el joven mantenía varias relaciones sentimentales paralelas.

Durante años los agentes trataron de reconstruir esas horas. Pero parecía imposible. Robbie tenía una coartada que además había sido confirmada por su novia Donna y por otro amigo, Andrew. Algunos testigos contaron haber escuchado a un grupo de jóvenes por la noche en las inmediaciones del río, pero nada parecía conducir a un punto preciso. Entre los testimonios, hubo uno al que no se prestó especial atención porque tenía apenas cuatro años. Se trataba de Archie.

Por aquel entonces, el amigo del grupo, Andrew, cuidaba de vez en cuando de Archie y su hermano pequeño. Cuando la madre de Archie fue a recogerlo por la mañana lo encontró inusualmente dormido y con sus pantalones mojados secándose en la chimenea. Andrew explicó que la noche anterior habían tenido un mero accidente doméstico. Pero nada más dejar esa casa, la frase del pequeño alertó a su madre. “Robbie estaba mojado”, le dijo.

El niño siguió explicando que había visto a una chica a la que habían pegado y que había más adultos. La madre llamó a la policía y el pequeño les contó lo que había visto. Sin embargo, como los chicos a los que apuntaba tenían coartada y el pequeño tenía dificultades cognitivas, pensaron que se lo estaba inventando o simplemente repetía rumores.

Pasaron los años y en 2019, 23 años después, la policía volvió a examinar el expediente. Decidieron volver a escuchar las entrevistas con Archie. Enviaron a una psicóloga esas grabaciones para tratar de determinar su veracidad y concluyó que sus descripciones correspondían a una experiencia real vivida y no a una inventada. Archi, que ahora tenía 27 años, fue evaluado antes del nuevo juicio, pero no se le consideró apto para declarar. Aun así, su antiguo testimonio, junto al de otra vecina, fueron determinantes para deshacer la coartada que había impedido dar con los asesinos. El 14 de diciembre de 2023, Robbie, Andrew y Donna fueron condenados a cadena perpetua por el asesinato de Caroline.

La pizza pepperoni

Jeannette Tamayo tenía nueve años cuando un hombre entró en su casa, la agredió sexualmente, golpeó a su familia y se la llevó. Ocurrió en junio de 2003 en California. La madre, que había sido brutalmente golpeada, salió de casa ensangrentada pidiendo ayuda. Una vecina, al verla, llamó a la policía y se puso en marcha una investigación de emergencia. La vecina tenía una cámara de vigilancia y pudieron observar algunos movimientos del agresor.

El hombre llevó a Jeannette a una vivienda a poca distancia. Estuvo retenida casi tres días en un cautiverio extremamente violento. La valentía y el instinto de supervivencia hicieron que la niña buscase estrategias para sobrevivir. Desde las primeras horas intentó establecer una conversación con su captor, trató de convencerle de que necesitaba medicación o se moriría y decidió prestar atención a todo a su alrededor. La distribución de la vivienda, el recorrido que había hecho el coche, los olores y los ruidos. Cuando el hombre la dejaba sola, aprovechaba para guardarse algunos objetos como un reloj roto y trozos de plastilina.

La noticia del secuestro salió en todas las noticias. El hombre empezó a titubear. Pensó que pronto lo descubrirían y trató de huir a México. Decidido a deshacerse de la niña y escapar, una noche la introdujo en su coche y la llevó a unos kilómetros de su casa. La soltó delante de una zona comercial.

Los agentes encontraron a una niña aterrorizada, pero capaz de recordar detalles fundamentales. Entre estos, uno que resultaría clave. En una ocasión, la niña escuchó a su agresor pedir una pizza pepperoni en Little Caesars. Aquella fue la pista que los llevaría hasta Enrique Sosa, conocido también como David Montiel. El 21 de enero de 2005 fue condenado a 102 años de prisión.

El niño del tesoro robado

En la primavera de 2020, el pequeño Knox vivía con sus padres, Jonathan y Catherine Brewer, en Carolina del Sur. Tenía seis años y, como muchos niños durante la pandemia, pasaba mucho tiempo en casa. Buscando formas de entretenerse, empezó a ver distintos vídeos de YouTube hasta que se topó con la pesca con imanes. La idea de lanzar al agua una cuerda con un potente imán para recuperar objetos perdidos le encantó.

Tanto le gustó que los padres acabaron comprándole el material necesario para hacer realidad su nuevo juego favorito. En mayo, con motivo del día de la madre, Knox fue con su familia al lago Whitney, en Johns Island. El niño llevaba su cuerda, el imán y empezó a practicar la actividad que durante semanas solo había podido disfrutar por Internet.

En uno de los lanzamientos el imán se enganchó a un objeto muy pesado. Parecía algo enterrado. Con la ayuda de adultos, consiguió subir la cuerda hasta la superficie. Lo que había enganchado el imán era una caja fuerte metálica cerrada. La familia quiso abrirla y después de varios intentos, haciendo palanca, descubrieron lo que había dentro.

Joyas cubiertas de barro, tarjetas de crédito, un talonario de cheques, una libreta, pulseras, colgantes y otros objetos personales, muchos deteriorados. El padre decidió avisar a las autoridades y tras un trabajo de identificación, dieron con la dueña. Se trataba de una mujer que vivía al otro lado del lago y que había sufrido un robo nada menos que ocho años antes, en 2012. Nunca se descubrió al ladrón, pero al menos se recuperó el botín.

El niño y el fugitivo

La policía de Spokane, en el estado de Washington, llevaba tiempo detrás de Tristan Duane Beeman, un hombre de 26 años acusado de un crimen. Tras más de dos años de investigación, al fin se le había identificado como el asesino de Shawn M. Danielson, muerto a tiros el 13 de enero de 2003. Sabían quién era el asesino. Ahora solo tenían que encontrarlo.

Mientras las autoridades continuaban la investigación, la casualidad quiso que un policía se topara con el niño que revelaría su paradero. Un día, el agente Andy Buell recibió el encargo de llevar a casa a un estudiante de secundaria que había sido suspendido por una cuestión disciplinaria. Como los responsables del centro no habían conseguido dar con su madre, el policía fue avisado para acompañarlo hasta casa.

Al llegar a la vivienda, el agente se encontró a una mujer y al hermano de cinco años del chaval. Preguntó si había alguien más en casa y ella respondió que no. Pero el agente Buell sabía algo más. Estaba al tanto de la investigación sobre Tristan y conocía sus últimos pasos. Sabía que el fugitivo había entablado, tiempo atrás, cierta relación con esa familia. Durante el verano, de hecho, había incluso vivido con ellos. Antes de entrar en la vivienda tuvo una corazonada y pidió refuerzos. Hasta ese momento no habían accedido a esa casa porque no había orden, ni pruebas, así que esa era la ocasión perfecta.

Lo que jamás se hubiera imaginado el agente Buell es la reacción del niño de cinco años al verlo entrar en casa. Cuando la mujer dijo que no había nadie más, el pequeño contestó: “el hombre está en el dormitorio”. Y allí estaba Tristan. Años buscándolo hasta que la casualidad quiso que un niño de cinco años consiguiera contárselo a la policía.

Robo y resentimiento

Michael y Angela Hockensmith eran propietarios de una tienda de compraventa de oro y artículos de segunda mano. Su hijo Andrew, de nueve años, estaba acostumbrado a pasar mucho tiempo allí y desde que tuvieron a Naomi, que en ese momento tenía 14 meses, solían estar todos juntos en el establecimiento. La mañana del 20 de septiembre de 2013 entró un hombre armado y pidió a todo el mundo echarse al suelo.

Andrew se refugió junto a su madre y su hermana pequeña. Los tres se acurrucaron en una esquina mientras escuchaban el sonido agudo del arma. El agresor disparó contra su padre y contra otro hombre que estaba en el establecimiento, Daniel Smith. En un momento determinado, la madre comprendió que sus hijos estaban en peligro y dio una instrucción a Andrew. Debía llevarse a Naomi a la parte trasera del establecimiento. El niño obedeció.

Se llevó a su hermana pequeña y permaneció con ella en una zona más protegida. Poco después, el asesino disparó también contra su madre. Cuando Andrew salió de su escondite, encontró los cuerpos de sus padres en el suelo, junto al de Daniel. El pequeño comprobó que el asesino no estaba, cogió el teléfono y llamó al 911. Contó lo sucedido y esperó la llegada de los agentes.

Los detectives necesitaban reconstruir el aspecto del hombre para buscarlo. No había cámaras de seguridad en la tienda. Pero Andrew recordó muchos detalles: hombre corpulento, gafas de sol, gorra, ropa de camuflaje, guantes negros de látex y una barba que parecía postiza. También contó los sonidos, aquellos disparos agudos, menos potentes. Los agentes entendieron que el hombre había usado silenciador.

Al principio, los detectives pensaron que se trataba de un robo que había terminado muy mal, pero no se había sustraído el dinero de la caja registradora. Gracias a la descripción del niño y la aportación de otros testigos, dieron con el asesino. Era Kenneth Allen Keith, antiguo pastor y empresario del sector del oro, que había mantenido unos negocios con su padre que no habían acabado bien. Sabía que Daniel Smith, un comerciante de oro, solía acudir los viernes con importantes sumas de dinero y aquella mañana decidió robarle y vengarse. Pero no contaba con Andrew que, agazapado, salvó a su hermana pequeña y recopiló los detalles que darían con el asesino de sus padres. No hay edad para descubrir la verdad.

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