El Giro y La Vuelta vuelven a sus orígenes
La competición italiana, que se celebrará del 8 al 30 de mayo, partirá desde Trieste, una ciudad portuaria situada en el noreste italiano que hace frontera con Eslovenia.
Mientras que la Vuelta a España 2027 comenzará con una etapa en línea con salida en Santiago de Compostela, una decisión simbólica en el lugar donde cada año miles de peregrinos sellan su credencial después de superar el Camino y que celebra en 2027 el Xacobeo.
La elección de ambas organizaciones de volver a sus orígenes responde a una estrategia que busca reforzar el vínculo entre las carreras y sus territorios, sin perder de vista el atractivo global y las oportunidades económicas que ofrecen las grandes salidas.
En una entrevista con EFE en el marco de la presentación del Giro de Italia, el responsable de RCS Sports, organizador de la prueba, Luca Guercilena, defendió que es "fundamental" tener la 'grande partenza' en suelo italiano.
El hecho de que parta desde Trieste responde también a su posición estratégica y supone un reconocimiento a la apuesta del territorio por este deporte. "Como hemos visto, el Friuli Venezia Giulia -cuya capital es Trieste- es una región que dedicó muchísimo al ciclismo en los últimos años y esto es un premio final", explicó.
El repliegue de 2027 se entiende, por tanto, como un gesto simbólico después de años en los que las grandes salidas al extranjero han ganado protagonismo.
El Giro ha partido desde fuera de Italia en 16 ocasiones, con escenarios como Bélgica, Países Bajos, Dinamarca, Israel o Albania. La Vuelta lo ha hecho ocho veces desde su primera experiencia en Lisboa, en 1997, y en los últimos años había acelerado esa apuesta con tres salidas consecutivas en el extranjero: Lisboa, Turín y Mónaco.
Una tendencia que no es compartida por el Tour de Francia, que celebró su primera salida internacional en Ámsterdam en 1954, mantiene esa estrategia y en 2027 comenzará en Edimburgo, en la que será su vigésimo octavo comienzo fuera de Francia y la quinta salida internacional en los últimos seis años.
Las grandes salidas se han convertido en una herramienta diplomática, comercial y narrativa. Sirven para abrir mercados, captar audiencias, movilizar instituciones y vender una imagen internacional de la carrera antes incluso de que la competición entre en su territorio natural.
Giro y Vuelta corrigen, al menos de manera coyuntural, la inercia exterior y vuelven a un punto de partida nacional. El Tour, en cambio, profundiza en esa política con Edimburgo.
Pero el regreso a casa no implica el cierre a la internacionalización. El Giro volverá a salir desde Italia, pero con incursión en Eslovenia. La Vuelta volverá a España después de un trienio muy internacional. Es más una revalorización del origen que una renuncia a la expansión.
Así, las grandes vueltas buscan una fórmula mixta, en la que se reafirme la raíz nacional de marcas centenarias sin perder su capacidad de circular como productos globales. Y el ejemplo de 2027, más que un cambio de modelo, sugiere un cambio de tono.
Giro y Vuelta recuperan el valor simbólico de empezar en casa, en un momento en que la salida exterior se había vuelto casi una rutina promocional.
El Tour, en cambio, confirma que para la gran carrera francesa la internacionalización ya no es una excepción, sino una forma estable de proyectarse.
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