Universidad pública: motor de innovación
Jalisco / 06.11.2026 02:42:42
La semana pasada participé en la inauguración del Laboratorio en Semiconductores de la Universidad de Colima. Para alguien formado en las políticas públicas y la economía, escuchar a estudiantes explicar cómo se manipulan los electrones para hacer funcionar nuestros teléfonos –y buena parte de nuestra vida– fue casi como presenciar un acto de magia.
Einstein hablaba de la inquietante naturaleza de la física cuántica (spooky science, decía). Yo simplemente estaba maravillado. La experiencia me recordó algo que se suele olvidar: la enorme capacidad de innovación desde lo público.
La ortodoxia económica de finales del siglo XX alimentó el prejuicio de que el Estado es obstáculo, no motor de innovación. Una caricatura: el mercado arriesga, el empresario innova y el gobierno, en el mejor de los casos, no estorba. La mitología del emprendedor solitario, de Steve Jobs a Elon Musk, terminó por consolidarla. Historias fascinantes, pero incompletas.
La economista Mariana Mazzucato desmontó ese mito en El Estado emprendedor. Detrás de muchas innovaciones privadas existen décadas de investigación, financiamiento público y riesgos que el mercado difícilmente habría asumido. El iPhone es un ejemplo: Apple integró magistralmente tecnologías como internet, GPS y pantallas táctiles, cuyo desarrollo tuvo una participación pública decisiva.
En México, las universidades públicas ofrecen otra evidencia formidable. Aunque concentran el 62% de la matrícula de educación superior, frente al 38% de las instituciones privadas, su participación en las carreras de alta tecnología es extraordinaria: 96% de la matrícula en aeronáutica, 88% en mecatrónica, 81% en inteligencia artificial y 80% en ciberseguridad.
No es casualidad. Esas carreras exigen fuertes inversiones en laboratorios, equipamiento y personal especializado. Son apuestas costosas y de largo plazo. Esto no desmerece la contribución de las universidades privadas, fundamentales para nuestro ecosistema educativo. Pero sí obliga a reconocer algo que pocas veces celebramos: la universidad pública es el motor de la innovación tecnológica.
Aquellos jóvenes de Colima me recordaron que el futuro no solamente se construye en Silicon Valley. También nace en los laboratorios de nuestras universidades públicas.
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