Luces del Siglo
06/11/2026 06:18

La burguesía mexicana y los límites históricos de la Cuarta Transformación

A DESCUBIERTO LA BURGUESIA MEXICANA Y LOS LIMITES DE LA 4T

José Réyez

La pregunta fundamental para comprender el futuro de México es: ¿existe en México una clase burguesa interesada y capaz de impulsar un desarrollo capitalista nacional relativamente independiente del imperialismo estadunidense?

Mi hipótesis es que la estructura del capitalismo mexicano dificulta extraordinariamente esa posibilidad.

Las principales fracciones del gran capital mexicano no se encuentran simplemente subordinadas por imposición externa. Una parte importante de ellas participa activamente y obtiene beneficios de la integración económica con Estados Unidos.

La dependencia, por tanto, no es exclusivamente una relación entre dos Estados. Es también una relación social de producción que se reproduce mediante las decisiones de inversión, las cadenas de suministro, las instituciones financieras y los intereses de las clases dominantes de ambos países. Esta distinción es decisiva.

Si la dependencia mexicana fuera únicamente resultado de políticas equivocadas de determinados gobiernos, bastaría con sustituir a sus dirigentes para modificarla. Pero si está incorporada a las relaciones de propiedad, a la estructura industrial y a la reproducción del capital, su transformación exige cambios mucho más profundos.

El problema puede formularse mediante una contradicción histórica:

México necesita desarrollar sus fuerzas productivas para superar el atraso relativo y la dependencia tecnológica, pero las fracciones del capital que disponen de los recursos para impulsar ese desarrollo no necesariamente tienen interés en construir una economía nacional autónoma.

Esta contradicción atraviesa tanto al proyecto neoliberal como al reformismo nacional-popular representado por Morena.

La formación histórica de la burguesía mexicana

La burguesía mexicana no surgió como una clase homogénea, con un proyecto nacional único y permanente.

Su desarrollo estuvo condicionado por la propiedad de la tierra, la inversión extranjera, la Revolución Mexicana, la intervención económica del Estado y las sucesivas transformaciones del mercado mundial.

Durante la industrialización por sustitución de importaciones, particularmente entre 1940 y 1970, se consolidaron importantes grupos empresariales bajo la protección del mercado interno.

El Estado proporcionó infraestructura, energía, financiamiento, protección arancelaria y mecanismos de estabilidad política.

Sin embargo, esa industrialización presentó límites estructurales. Una parte considerable de la industria dependía de maquinaria, tecnología, patentes, bienes de capital y financiamiento procedentes de las economías industrializadas.

Se desarrolló una burguesía industrial nacional, pero no una estructura productiva plenamente autónoma. La crisis de deuda de 1982, la apertura comercial, las privatizaciones y la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) modificaron profundamente esa configuración.

Numerosas empresas desaparecieron, otras fueron absorbidas y algunas se transformaron en grandes corporaciones transnacionales de origen mexicano.

El resultado no fue la desaparición de la burguesía nacional, sino su recomposición. Surgieron y se consolidaron fracciones empresariales estrechamente vinculadas con las exportaciones, los servicios financieros, las telecomunicaciones, la infraestructura y las cadenas internacionales de producción.

En consecuencia, la burguesía mexicana contemporánea debe analizarse por sus posiciones concretas dentro del proceso de acumulación, y no solamente por la nacionalidad de sus propietarios.

¿Quiénes integran hoy la burguesía mexicana?

No basta con hablar de una burguesía nacional frente a una burguesía extranjera. Es necesario identificar las distintas fracciones del capital, sus fuentes de acumulación y sus relaciones con el Estado.

Fracción de claseBase económicaRelación con Estados Unidos
Gran capital financieroBancos, crédito, inversionesIntegración financiera internacional
Burguesía industrial exportadoraAutomóviles, autopartes, electrónicaAlta dependencia comercial y tecnológica
Capital comercial y logísticoDistribución, importaciones, transporteVinculación con cadenas internacionales
Burguesía de infraestructuraConstrucción, concesiones, energíaDependencia variable de contratos estatales
Capital tecnológicoTelecomunicaciones, plataformas, servicios digitalesDependencia de tecnología y mercados globales
Pequeña y mediana burguesíaManufacturas, comercio y serviciosPosiciones heterogéneas; algunas compiten con importaciones

Esta clasificación es analítica. Las grandes corporaciones suelen participar simultáneamente en varias actividades.

La cuestión esencial es que una empresa de propietarios mexicanos no representa necesariamente un proyecto de capitalismo nacional autónomo. Puede tener su domicilio en México y, al mismo tiempo, depender del financiamiento internacional, de tecnología extranjera y del mercado estadunidense.

La Secretaría de Economía informó que las exportaciones mexicanas a Estados Unidos alcanzaron 558 mil millones de dólares durante los 12 meses terminados en mayo de 2026.

Este volumen revela tanto la importancia productiva de México como la profundidad de su integración comercial.

¿Existe una burguesía nacional con intereses antiimperialistas?

Aquí es necesario distinguir entre el origen nacional del capital y su comportamiento político. La teoría marxista-leninista reconoce que, en determinadas circunstancias históricas, sectores de la burguesía de países dependientes pueden entrar en contradicción con el capital imperialista. Pero esa contradicción no los convierte automáticamente en fuerzas revolucionarias.

En México pueden existir empresarios interesados en mayores créditos productivos, protección selectiva, infraestructura pública y desarrollo de proveedores nacionales. Sin embargo, esos mismos empresarios pueden oponerse a incrementos salariales, a sindicatos independientes o a políticas fiscales redistributivas.

Por ello, una alianza coyuntural entre el Estado y sectores productivos nacionales no equivale a la constitución de un bloque antiimperialista. El gran capital mexicano tiene incentivos más fuertes para negociar mejores condiciones dentro de la integración norteamericana que para promover una ruptura estructural con ella.

La propia revisión del T-MEC confirma la profundidad de esa integración. El gobierno estadunidense ha planteado exigencias relacionadas con reglas de origen, inversión extranjera, energía, minería y seguridad económica. El conflicto no se reduce a una disputa entre México y Estados Unidos. También enfrenta a distintas fracciones del capital dentro de ambos países.

¿Debe México profundizar el capitalismo para superar su dependencia?

Esta pregunta exige distinguir dos procesos que no son idénticos: desarrollar las fuerzas productivas y profundizar las relaciones capitalistas de producción. México necesita elevar su productividad, ampliar sus capacidades científicas, modernizar infraestructura y desarrollar industrias tecnológicamente avanzadas.

Pero nada demuestra que esos objetivos requieran necesariamente aumentar la concentración privada del capital o reducir los derechos laborales. Tampoco puede suponerse que el desarrollo tecnológico conduzca automáticamente al socialismo.

La transición hacia formas superiores de organización social depende de condiciones materiales y de la acción política consciente de las clases sociales.

Desde el marxismo, la contradicción entre fuerzas productivas y relaciones de producción no opera como un mecanismo automático. La experiencia histórica demuestra que el capitalismo puede desarrollar extraordinariamente las fuerzas productivas y, simultáneamente, reproducir desigualdad, dependencia y subordinación laboral.

Por ello, considero más pertinente formular el objetivo mexicano como desarrollo acelerado de las capacidades productivas con transformación progresiva de las relaciones de poder económico, en lugar de identificar modernización con expansión indiscriminada del capitalismo.

¿Debe México profundizar el capitalismo para poder superar el capitalismo? Esta es una de las preguntas teóricas más importantes del debate. Una lectura mecanicista del materialismo histórico sostendría que México necesita desarrollar plenamente sus fuerzas productivas capitalistas antes de alcanzar condiciones materiales favorables para una transformación socialista.

La argumentación sería que el desarrollo industrial produce una clase obrera numerosa, concentrada, organizada y capaz de asumir un papel dirigente. Pero esta interpretación tiene problemas.

En primer lugar, México ya es una economía capitalista industrializada en sectores relevantes, aunque con profundas desigualdades territoriales y dependencia tecnológica. En segundo, el crecimiento capitalista no produce necesariamente conciencia socialista. Puede generar trabajadores mejor remunerados y sindicatos más fuertes, pero también individualismo, consumismo, fragmentación, subordinación política y nuevas formas de explotación.

En tercer lugar, el capitalismo contemporáneo no reproduce exactamente la trayectoria industrial europea del siglo XIX. La automatización, las plataformas digitales y las cadenas globales de valor pueden incrementar la productividad sin crear grandes concentraciones estables de trabajadores sindicalizados.

En Marx encontramos el análisis de cómo el capitalismo desarrolla las fuerzas productivas y socializa progresivamente el proceso de trabajo, al tiempo que mantiene privada la apropiación del excedente.

Lenin, sin embargo, cuestionó la idea de que todas las sociedades debieran recorrer una secuencia histórica idéntica antes de plantearse transformaciones revolucionarias.

La experiencia de los países periféricos mostró que el desarrollo desigual produce combinaciones de modernidad industrial, atraso agrario y dependencia internacional.

En América Latina, Ruy Mauro Marini profundizó esta discusión mediante el análisis de la superexplotación del trabajo y las particularidades de la acumulación dependiente.

Desde esta perspectiva, el problema mexicano no consiste simplemente en desarrollar más capitalismo, sino en determinar quién controla el desarrollo de las fuerzas productivas, quién se apropia de sus resultados y hacia qué objetivos sociales se orienta la economía.

Una mayor industrialización puede ampliar capacidades productivas indispensables. Pero no existe una ley histórica que garantice que esa industrialización generará automáticamente una vanguardia revolucionaria.

La organización política es una construcción histórica, no un resultado inevitable del crecimiento económico.

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