Santiago Roncagliolo, escritor peruano: “León XIV es muy latinoamericano”
De Chiclayo, Perú, al centro del mundo. No solo católico. Del mundo entero, con liderazgos políticos en crisis que se han alejado de los sueños y las expectativas de sus sociedades, y que encuentra en el Papa al “padre” de todos, el que habla con claridad y firmeza de la dignidad humana. En resumen, este es el Robert Prevost que el escritor Santiago Roncagliolo narra en su libro más personal, El pastor y los lobos, que sigue siendo novedad en América Latina, a la luz de la inminente llegada de León XIV a América Latina. Será un viaje histórico por Uruguay, Argentina y su amado Perú, a partir de hoy. El Papa llegará a nuestro país el domingo.
Santiago Roncagliolo reconstruye en El pastor y los lobos las disputas que atraviesan al catolicismo y analiza las primeras decisiones de León XIV.. Foto: EFE | Fernando Villar.Roncagliolo hace personal un libro por encargo. Cuando se lo propusieron, su mayor interés estuvo en convertirlo en algo personal. “Y se volvió muy personal. Todos los libros cuentan historias que encontraron su lugar en el mundo. Si cuentas investigativamente la historia de otro, al final cuentas tu historia”, le dice a Clarín desde España, donde reside, y a través de Zoom.
Y continúa: “Al principio, justamente porque estoy en Europa, me di cuenta de que nadie entiende qué dice este hombre (así llama a Robert Prevost), de dónde viene. Y yo tenía una mirada sobre la teología de la liberación, como latinoamericano, y esta idea de que Dios se manifiesta en los pobres, en los refugiados, en los inmigrantes, en los relegados. Prevost vivió esa teología. Vi una historia ahí, a partir de preguntarme cómo alguien llega a ser Papa en dos años habiendo salido de Chiclayo, en Perú. Algo que nunca había pasado en el Vaticano”.
Roncagliolo subraya que en su libro subyace “la historia de los curas de la teología que fueron asesinados por la dictadura en Argentina, que en los países de Centroamérica fueron víctimas de la represión, y que en Colombia fueron agitados por la guerrilla. Eran los curas que yo había conocido cuando estudiaba en un colegio jesuita. En España, la mayor parte de la gente con la que hablo piensa que el catolicismo es la religión del franquismo. Pero lo que yo conocí en Perú y lo que me enseñaron en casa y en el colegio fueron los curas de una iglesia que busca el paraíso en la tierra, respetando la vida de la gente que está viva. Un libro de no ficción no depende de ti, te lleva a lugares no previstos. Y este también me llevó a un proceso personal. Conecté con cosas que había olvidado de mí mismo”.
–¿Quién es Robert Prevost en tu libro?
–Es un hombre que trabajaba con la oscuridad sin crear guerra. Prevost trabaja con los pecados del clero, con los abusos sexuales, con los abusos financieros, con las mafias y puede lidiar con esas cosas sin dividir a una iglesia que ya está muy dividida. Lo hace con un talento que impulsó a Francisco a elegirlo como sucesor. Es un político florentino. Sigue siendo un diplomático. Por ejemplo, en el Dicasterio de la Comunicación del Vaticano puso a una mujer laica, toda una medida revolucionaria, pero es una ultraconservadora. Ese es Robert Prevost. Un hombre muy hábil para lidiar con las sutilezas de la diplomacia vaticana y con un compromiso muy claro que defiende. Sabe lo que quiere y para conseguirlo es un estratega.
–¿Cómo llegaste a investigar la vida pastoral de León XIV cuando era obispo en Perú?
–Él viene de la teología de la liberación, con la que me crié. Mucha gente que lo conocía es la que yo conocí, por eso sentí que tenía una historia para contar. Y había una lectura de la religión que me enseñaron a mí. Leí otros libros, entre ellos El último cónclave, de Elisabetta Piqué y Gerard O’Connell. A ella la entrevisté para mi libro. Y me acerqué a León XIV desde otro lugar. Primero pensé que iba a contar la historia de la teología de la liberación. Mi hipótesis de partida era cómo alguien pasó de ser obispo en Chiclayo a ser Papa en dos años. Y luego encontré esta otra historia casi como un thriller sobre cómo tuvo que lidiar Prevost con la oscuridad de la Iglesia católica, tanto así que cuando empieza a acercarse a ser Papa, es acusado de haber encubierto en Perú a un abusador sexual (una acusación falsa). Nadie había considerado esta historia impresionante. Conecté con mi época en que tenía fe, con los misioneros que trabajaron con Prevost, con los laicos, en un momento de mi vida en que creo en pocas cosas porque soy racionalista. Creo en la democracia, pero los líderes democráticos predican la guerra, la invasión, el expolio, la prepotencia y la desigualdad. Creo en la ciencia, pero empiezan a producir tecnologías que pueden matarnos a todos. Y en un momento me doy cuenta de que la razón no está dando respuestas. Quiero creer en este hombre y quiero saber cómo es y comprender que es bueno. La historia de Prevost se vuelve personal. La fe es un escudo contra el dolor, un alivio contra el miedo, un sentido de comunidad. A lo mejor no hay que buscar esas cosas en una religión. Pero a la vez no puedes vivir sin esas cosas. Quería saber si estoy condenado al cinismo o si es posible creer.
–Escritores de tu generación están volviendo la mirada hacia algo superior a la razón. Gonzalo Garcés, en su libro Los relatos bíblicos, también se formuló preguntas similares.
–Con Gonzalo tenemos mucha conexión y nos entendemos muy bien. Te diré que no solo los de nuestra generación, sino también las generaciones siguientes ya están pensando que la razón no les está dando respuestas; empezando por la polarización del mundo, si todo es racional acabamos en la guerra. Yo he entendido con este libro que hay respuestas sobre qué está bien y qué está mal, sobre qué debemos ser y cómo debemos actuar, y eso no está basado en la razón. Hay respuestas basadas en algo más grande. Eso tiene mucho que ver con el arte. Nos conectamos con ese mundo más allá de la razón. En algún momento la conexión era de la religión con el arte, y eran lo mismo: el arte era religioso. Asistiendo a las misas, los ritos y las liturgias, me doy cuenta de que hay una aproximación a lo que no entendemos. A través de los poemas que llamamos oraciones, de las esculturas, de los templos, de las canciones, entramos en comunidad y queremos tratar de entender qué está bien para vivir juntos. Ahí entro en debate. Yo no puedo definirme como un creyente. Pero sí creo en una trascendencia. Sí creo que hay algo que está más allá de la razón. El catolicismo es la manera cultural en que me crié, pero no creo que sea la única. Es una escalera hacia la trascendencia. Pero hay muchas. Es un camino para entender y valorar.
El escritor peruano Santiago Roncagliolo, en Lima (Perú). EFE/Paolo Aguilar–¿Qué cambió en vos al concluir el libro, desde una perspectiva espiritual?
–Al principio de la pandemia murió el padre de una amiga e hicieron un rito que me fascinó. Hay algo que te sacude y te conmueve. Desde ese momento sigo yendo a todos los eventos religiosos: misas católicas, misas ortodoxas, mezquitas, sinagogas, ritos andinos, y encuentro que hay un esfuerzo por acercarse a lo que está más allá de lo racional. Me parece muy importante para este mundo. No creo que el Papa sea infalible, pero eso no es lo relevante. Lo más importante es que es el único líder en el mundo que está defendiendo la dignidad humana. ¡Y es el Papa! No es un líder político. Eso sí me ha acercado al catolicismo. Por eso estoy más cerca ahora de lo que estaba al empezar el libro.
–En tu libro abordás los abusos sexuales en la Iglesia y tu relación con tu padre. ¿Cómo gestionaste ese regreso al pasado?
–Fue inevitable. Lo que me empezó a ocurrir al volver a esos recuerdos es que los abusos sexuales de otros me llevaron a mi propia experiencia. Muchas víctimas –casi todas– tienen figuras paternas destruidas, padres distantes, alcohólicos, depresivos o muertos. Para mí la fe era importante y para las víctimas que me contaron sus historias también. Sufrieron abusos porque la Iglesia te ofrece un padre. La Iglesia te protege, pero te castiga. ¿Por qué Prevost es importante? Porque acabó con eso en Perú. La fe está en el corazón de la gente. Y así es como quería explicar por qué es poderoso un hombre que no tiene poder sobre nadie. Por qué tantos millones escuchan lo que dice este hombre. Cuando fui a verlo a la plaza de San Pedro, vi a toda esa gente adorándolo, subió el Papa y dio la bendición, y en ese momento me eché a llorar como un imbécil. Si eres sensible al tema paterno, estás viendo a un padre perfecto, al padre que estabas buscando, aunque no sepas explicar por qué y eso esté más allá de la razón.
–¿Cómo liquidó el obispo Prevost el espinoso asunto de los abusos sexuales de los curas a menores?
–Lo cerró. Francisco y Prevost cancelaron el problema. Fue indiscutible. Francisco quería limpiar de enemigos el camino de Prevost al papado. Todos esos abusadores fueron cancelados, los sodálites (curas del Sodalicio de la Vida Cristiana, fundado en Perú en 1971) ya no son católicos, no existen. Prevost no se distanció de la teología de la liberación. Su actuación como Papa es aplastantemente consistente con quien siempre fue y con la idea de un Dios que se manifiesta a través de los que sufren. León XIV se ha manifestado por la paz, por la dignidad del trabajo, de los inmigrantes, de los refugiados, todo eso es pura teología de la liberación y en eso no ha cambiado nada. Francisco sabía a quién elegía. Tuve una bonita entrevista con Gerard Müller, que fue enemigo de Francisco. Entendí que para él y para Benedicto XVI, como alemanes, el trauma era el cisma. Para los latinoamericanos, la obsesión son los pobres. Y Prevost, pese a ser norteamericano, es muy latinoamericano.
–¿Qué tanto te reconciliaste con tu padre ya fallecido a partir de esta investigación sobre el Papa?
–No oculto mis simpatías por Prevost, aunque cuento cosas no tan simpáticas también. Pero hay un momento en que me gana. Y es cuando, en un texto, Prevost dice: “No perdonamos para hacerle un favor al perdonado. Perdonamos para librarnos de la rabia y del odio”. Yo había perdonado ya a mi padre. Nuestros últimos años fueron muy buenos. Sin duda tengo cosas suyas. Igual que muchos abusadores sexuales han sido víctimas de abusos, yo, que tuve un padre maltratador y alcohólico, soy un bebedor intenso y tengo una mala hostia que he tenido que trabajar mucho. Así lo he perdonado. Al perdonarle, me he perdonado. Si lo odiara, habría cosas suyas que seguiría siendo. El perdón es un camino de ida y vuelta.
–Si te sentaras hoy con León XIV, ¿qué le preguntarías?
–(Se ríe) Le haría muchas preguntas que Prevost podría responder, pero que seguramente León XIV no respondería. Posiblemente le preguntaría qué puedo hacer para que mi existencia sirva a la gente. No quiero ser un cínico que solo piensa en llegar a fin de mes.
Santiago Roncagliolo básico
- Nació en Lima, en 1975. Escribe sobre el mal y el miedo jugando con el thriller, el noir y la comedia negra, desde la historia política hasta la experiencia cotidiana.
El escritor peruano Santiago Roncagliolo, en Lima (Perú). EFE/Paolo Aguilar- Sus novelas se han publicado en todo el mundo hispano y han aparecido hasta en veinte idiomas.
- Ha escrito una trilogía de novelas sobre la Iglesia católica y el poder. Abril rojo ganó el premio Alfaguara y el Independent Foreign Fiction Prize. Y líbranos del mal se mantuvo un año en la lista de las novelas peruanas más vendidas. El año en que nació el demonio fue considerada una de las novelas del año por la revista Forbes de España.
- También ha escrito una trilogía de historias reales sobre el siglo XX latinoamericano y libros para niños ganadores de premios como el Barco de Vapor peruano o el White Raven de la Biblioteca de Múnich.
- Pudor fue adaptada al cine en España y La pena máxima, en Perú. La noche de los alfileres, al teatro en Polonia; El accidente nació como un pódcast en México, país donde también se llevó a plataforma su obra teatral Tus amigos nunca te harían daño.
- Como guionista, escribe series de televisión y películas para Estados Unidos, México, España, Brasil y Perú.
- Actualmente, reside en Barcelona.
El pastor y los lobos, de Santiago Roncagliolo (Planeta).
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