Pipas tiran a cielo abierto desechos tóxicos en el estado
M+.- No todo fue un derrame accidental. Mientras las autoridades investigan la ruptura de una represa que habría liberado hasta un millón de litros de vinaza en Jalisco, una investigación de MILENIO documentó en video cómo pipas descargan deliberadamente este residuo de la industria tequilera, altamente contaminante, directamente sobre terrenos agrícolas y a cielo abierto, en las inmediaciones de la presa de San Onofre, en el municipio de Ayotlán, en el oriente de la entidad.
Las imágenes muestran una operación que va más allá de una fuga o una falla en la infraestructura de almacenamiento: camiones cisterna, mangueras, tuberías y maquinaria son utilizados para verter vinaza sobre el suelo, en una zona agrícola donde el líquido puede infiltrarse y representar una amenaza para los cultivos, los mantos acuíferos y los cuerpos de agua cercanos.
Las descargas fueron documentadas por MILENIO en las inmediaciones de la empresa Tratadora de Aguas Residuales de Los Altos, S.A. de C.V., señalada en la investigación como responsable de estas operaciones y que, desde el 3 de noviembre, permanece bajo una orden de clausura total de la Procuraduría Estatal de Protección al Ambiente (Proepa), luego del derrame registrado un día antes sobre la carretera Atotonilco-Ayotlán.
En el caso también intervino la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), que impuso una clausura parcial temporal a las instalaciones.
El punto donde MILENIO documentó los vertidos se encuentra a menos de un kilómetro de la presa de San Onofre, el mismo cuerpo de agua donde, en 2021, otra contaminación con vinaza provocó la muerte de aproximadamente 60 toneladas de peces y dejó sin sustento a familias dedicadas a la pesca.
Cinco años después, la amenaza vuelve a concentrarse sobre el mismo ecosistema.
"Ahora sí terminaron con todo, porque, para qué le echo mentiras. Sí, pues se van a morir todos los pescados, igual que hace dos años", lamentó Benjamín Barrera, pescador de la presa de San Onofre, quien observa con preocupación el deterioro de las condiciones del embalse.
Pipas, mangueras y descargas nocturnas sobre tierras de cultivo
Durante dos días de recorridos por la zona, MILENIO documentó el movimiento de camiones que transportan vinaza, un residuo líquido generado durante la destilación del tequila y que debe someterse a procesos de tratamiento para evitar afectaciones ambientales.
Las unidades fueron captadas sobre el Camino a Mirandillas, una de las brechas que rodean la presa de San Onofre y que comunica con terrenos agrícolas de la región.
La ruta comienza en la carretera Atotonilco-Ayotlán. Antes de llegar al poblado, se encuentran los accesos a la presa, desde donde los camiones toman el Camino a Mirandillas y avanzan hasta las inmediaciones de un banco de trituración y agregados de grava.
En ese punto, al costado opuesto de la vialidad, se ubican los terrenos agrícolas donde fueron documentadas las descargas.
Los videos muestran a varios hombres que, aprovechando la oscuridad de la noche, utilizan tuberías, mangueras y maquinaria para vaciar el contenido de las pipas directamente sobre el suelo, sin que en las imágenes se aprecien sistemas de contención que impidan la dispersión del líquido hacia los predios.
No se trata de un escurrimiento que sale accidentalmente de una represa fracturada, sino de una operación de descarga en la que intervienen personas y equipos para conducir el residuo desde los camiones hasta el terreno.
Las imágenes documentan la acción deliberada de vaciar el líquido.
El riesgo ambiental radica en el destino del residuo: terrenos de cultivo cuya superficie permite la absorción del líquido y desde donde pueden producirse escurrimientos o infiltraciones que alcancen otras áreas.
Además, la presa de San Onofre constituye uno de los principales recursos hídricos de la zona. Sus aguas son utilizadas para actividades agrícolas relacionadas con cientos de hectáreas de cultivo, principalmente de agave, maíz y pastizales destinados a la alimentación del ganado.
Por ello, la descarga de vinaza sobre terrenos cercanos no solo representa una amenaza potencial para la vida acuática, sino también para los suelos productivos y las comunidades que dependen de estos recursos.
Tres clausuras en ocho años y una tragedia ambiental de 60 toneladas de peces muertos
La historia de la Tratadora de Aguas Residuales de Los Altos, S.A. de C.V., no comenzó con el derrame del pasado 2 de noviembre.
La empresa inició operaciones en 2008 y, desde entonces, ha enfrentado cuestionamientos por el manejo de los residuos que recibe de la industria tequilera.
Entre 2018 y 2026 se registraron tres episodios de clausura relacionados con sus instalaciones.
El primero ocurrió en 2018. Sin embargo, la medida fue resuelta posteriormente y la empresa continuó desarrollando sus actividades.
El segundo se produjo a raíz de la crisis ambiental de 2021, cuando la contaminación por vinazas alcanzó la presa de San Onofre y provocó una mortandad masiva de peces.
En aquella ocasión, alrededor de 60 toneladas de ejemplares muertos tuvieron que ser retiradas del embalse, en un episodio que fue señalado como un ecocidio y que afectó directamente a las familias que dependían de la pesca.
A pesar de la gravedad de los daños y de las medidas impuestas por las autoridades, para 2022 las pipas que transportaban vinaza continuaban transitando por la zona.
Ese mismo año, habitantes y pescadores se manifestaron contra las actividades de la tratadora y exigieron acciones para frenar la contaminación.
La tercera clausura llegó el 3 de noviembre de 2026, después de que la ruptura de una represa utilizada para almacenar vinaza provocara un derrame que alcanzó la carretera Atotonilco-Ayotlán, a la altura del kilómetro 141.
La Proepa determinó la clausura total de las instalaciones y anunció el inicio de un procedimiento administrativo sancionador para establecer las responsabilidades correspondientes.
Sin embargo, el nuevo recorrido de MILENIO permitió documentar que, pese a los sellos de clausura, continúa el movimiento de vehículos cisterna que entran y salen del establecimiento.
El antecedente de 2021 adquiere especial relevancia porque entonces también se denunciaron descargas de vinaza y fallas en los sistemas de almacenamiento y contención.
Cinco años después, la nueva evidencia coloca nuevamente bajo cuestionamiento el manejo de los residuos y la eficacia de las medidas aplicadas para evitar que se repita una tragedia ambiental.
"Se van a morir todos los pescados": el temor de quienes viven de la presa
Para los pescadores de San Onofre, la posibilidad de una nueva mortandad masiva no es una amenaza desconocida. Ya enfrentaron la pérdida de su fuente de trabajo cuando la contaminación alcanzó el embalse en 2021.
Benjamín Barrera recuerda las consecuencias de aquella crisis y advierte que las condiciones actuales del agua han vuelto a despertar el temor entre quienes diariamente realizan sus actividades en la presa.
"Sí, pues se van a morir todos los pescados, igual que hace dos años, lo mismo, pero pues no quieren entender. A lo mejor es mucho dinero allá, pero sí, así de fácil. Hace dos años pasó lo mismo, se murieron todos los pescados, y igual ahorita pasa lo mismo. Ya están por allá todos tirados, pero eso es lo que va a pasar", expresó.
El pescador aseguró que ha observado cambios importantes en las condiciones del agua y consideró que las autoridades deben intervenir para evitar que las afectaciones se agraven.
"Pero sí, el agua ahorita está bien contaminada, la verdad, siendo sinceros, entonces lo que yo digo, algo deben de hacer, quién sabe, quién será, pero algo deben hacer, sí o no, yo digo que sí, porque no, no, la agua estaba bien clarita, ahorita está, no, nunca se compara, ni por mil veces, verdad", agregó.
Su testimonio coincide con los reclamos que habitantes de Ayotlán han sostenido durante años contra el manejo de los residuos de la industria tequilera.
Las inconformidades no comenzaron con el episodio de noviembre de 2026. En 2021 y 2022 se registraron manifestaciones de pobladores que denunciaron afectaciones ambientales y exigieron medidas contra la tratadora.
Durante más de una década y media, entre permisos, clausuras, filtraciones y denuncias, los pescadores aseguran haber enfrentado un deterioro que consideran irreversible en distintas zonas del ecosistema.
Barrera recordó que, después de los anteriores episodios de contaminación, observaron peces muertos en las orillas de la presa, una situación que volvió a generar preocupación entre quienes dependen de ella.
"Pues nos mandan la vinaza aquí, pero ahorita, como ya la vinaza se vino, ya no se pudo, ya de este... la gente como que ya no quiere, es que el otro día miramos bien muchos pescados allá para aquella orilla, bien tirados ya, ya no se pudo, porque se levantaron, pues ya, ya moridos, por lo mismo, es lo que les digo, eso está mal, para mí, debemos cerrar esa fábrica", detalló.
Sus declaraciones reflejan el temor de que vuelva a repetirse una crisis como la de 2021, cuando la contaminación dejó consecuencias tanto para la fauna acuática como para la economía de las familias dedicadas a la pesca.
La empresa opera desde 2008
La Tratadora de Aguas Residuales de Los Altos, S.A. de C.V., cuenta con antecedentes administrativos que se remontan a 2008.
Ese año recibió un permiso de operación por parte de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), identificado con el folio 56PARN 014.02.01.0245.
También obtuvo autorizaciones del Gobierno de Jalisco mediante el oficio SEMADES 5184/4576/2008, relacionado con la entonces Secretaría de Medio Ambiente para el Desarrollo Sustentable.
De acuerdo con la información obtenida del Registro Público de la Propiedad y del Comercio, Alejandro Paz Flores y Jesús García Puga figuran como propietarios de la empresa. Sobre este último existe poca información pública disponible.
Desde el inicio de sus operaciones, la compañía se ha dedicado a recibir y procesar residuos procedentes de la industria tequilera, particularmente bagazo y vinazas.
El bagazo corresponde a los restos fibrosos del agave después de su procesamiento, mientras que la vinaza es el líquido residual que permanece tras la destilación del alcohol.
Ambos requieren un manejo adecuado para evitar afectaciones al suelo y a los cuerpos de agua.
De acuerdo con Alejandro Pérez Larios, director de la División de Ciencias Agropecuarias e Ingenierías del Centro Universitario de los Altos (CUAltos), por cada litro de tequila producido pueden generarse entre siete y 15 litros de vinaza, dependiendo de los procesos industriales utilizados.
El residuo presenta una elevada carga orgánica y acidez. Cuando llega a ríos, arroyos o presas, las bacterias que descomponen esa materia consumen el oxígeno disuelto en el agua, lo que puede provocar la asfixia y muerte de los peces.
El daño puede agravarse cuando los organismos muertos comienzan a descomponerse, pues incorporan más materia orgánica al agua e incrementan nuevamente el consumo de oxígeno.
Este fenómeno puede desencadenar un círculo de deterioro ambiental que dificulta la recuperación de los ecosistemas.
La vinaza también puede alterar las características químicas del suelo, afectar cultivos e infiltrarse hacia los mantos acuíferos, particularmente cuando se deposita sobre terrenos sin sistemas adecuados de impermeabilización y contención.
En Ayotlán, estos riesgos adquieren especial relevancia por la proximidad entre las instalaciones de tratamiento, los sembradíos y la presa de San Onofre.
Sellos de clausura en una entrada; pipas en movimiento por la otra
La evidencia recabada por MILENIO no se limita a las descargas de vinaza documentadas en los terrenos agrícolas.
Durante el recorrido también se registraron las condiciones en que se encontraba la empresa después de la clausura decretada por la Proepa.
En el acceso principal, una gran finca con acabados de piedra y elementos decorativos de agave mostraba tres lonas oficiales que anunciaban la clausura.
Los avisos permanecían sujetos a una de las rejas oxidadas que protegían la entrada.
Los sellos estaban identificados con el folio A-0256 y fueron colocados con fundamento en el artículo 144, fracción I, de la Ley Estatal del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente.
A esas tres lonas se sumaba otro aviso de clausura colocado por el municipio de Ayotlán.
Sin embargo, mientras los sellos permanecían visibles en uno de los accesos, las puertas del lado izquierdo continuaban abiertas.
En ese punto se encuentra una caseta de vigilancia, atendida por un elemento de seguridad que controla el ingreso y la salida de los vehículos.
MILENIO observó cómo el vigilante levantaba la pluma para permitir el paso de las pipas y registraba sus movimientos.
Las unidades que ingresaban y salían del establecimiento tenían capacidades estimadas de entre 10 mil y 20 mil litros para el transporte de vinaza.
El movimiento de estos vehículos continuaba pese a la clausura anunciada por las autoridades ambientales.
Durante los dos días en que MILENIO recorrió el lugar, la presencia de patrullas fue escasa y, en algunos tramos, prácticamente inexistente.
Tampoco se observó una vigilancia constante que permitiera identificar la supervisión de todos los movimientos registrados alrededor de la planta y los caminos utilizados por las pipas.
La situación contrasta con la gravedad de los antecedentes ambientales y con las restricciones anunciadas después del derrame.
De la ruptura de una represa a las descargas deliberadas
El incidente que detonó la nueva intervención de las autoridades ocurrió el lunes 2 de noviembre, cuando una represa de almacenamiento de vinaza sufrió una fractura y el líquido se extendió hacia la carretera Atotonilco-Ayotlán.
La infraestructura tenía una capacidad aproximada de un millón de litros, aunque el volumen exacto liberado no había sido establecido en los primeros reportes.
La emergencia obligó a cerrar preventivamente alrededor de 500 metros de la carretera y desplegar maquinaria para contener y retirar el material contaminante.
En aquel momento, la atención se concentró en la ruptura de la estructura y en impedir que el residuo alcanzara la presa de San Onofre.
Dos días después de la emergencia, la empresa ya se encontraba bajo una orden de clausura total de la Proepa.
Sin embargo, la investigación de MILENIO revela que el problema no se limita a una posible falla de almacenamiento.
La amenaza de otro ecocidio sigue a menos de cinco kilómetros
La planta tratadora se localiza a aproximadamente 4.7 kilómetros de la presa de San Onofre, un trayecto que puede realizarse en alrededor de siete minutos por los caminos de la zona.
Los puntos de descarga documentados en los predios agrícolas se encuentran todavía más cerca: a menos de un kilómetro del embalse.
Esa proximidad representa uno de los principales motivos de preocupación para los pescadores y habitantes de Ayotlán.
La tragedia de 2021 demostró las consecuencias que puede tener la llegada de vinaza a un cuerpo de agua. Entonces, alrededor de 60 toneladas de peces murieron y las familias dedicadas a la pesca enfrentaron la pérdida de sus ingresos.
En 2026, la empresa vuelve a estar clausurada, las pipas continúan circulando y las imágenes recabadas por MILENIO muestran descargas deliberadas sobre terrenos agrícolas.
Mientras se determina el alcance de las afectaciones y las posibles responsabilidades, la presa de San Onofre permanece bajo la amenaza de una nueva crisis ambiental.
MC
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