Sinaloa normaliza el riesgo con una Feria Ganadera bajo amenaza
En Sinaloa parece que la seguridad de los ciudadanos se ha convertido en un asunto secundario. A pesar del ataque armado contra las instalaciones de la Unión Ganadera Regional y de las presuntas amenazas contra quienes asistan a la Feria Ganadera y al palenque, las autoridades decidieron mantener el evento.
La respuesta oficial es desplegar 3 mil elementos de seguridad, establecer tres anillos de vigilancia e incorporar drones, arcos detectores y binomios canófilos. Un operativo de grandes dimensiones que, lejos de disipar las preocupaciones, evidencia la gravedad del contexto en el que se pretende realizar una celebración familiar.
La pregunta es inevitable: ¿qué tan seguro puede ser un evento que necesita semejante despliegue para garantizar la asistencia de la población? Las autoridades hablan de coordinación y tranquilidad, pero la ciudadanía necesita algo más que anuncios y promesas.
No se trata de impedir una fiesta, sino de reconocer que ninguna celebración puede estar por encima de la seguridad de las personas. Mantener la Feria Ganadera no debe convertirse en una apuesta a la suerte ni trasladar a las familias la responsabilidad de confiar en un operativo. La seguridad se demuestra, no se presume. Desplegar miles de elementos puede contener riesgos, pero no sustituye la obligación de prevenirlos ni garantiza que no ocurran hechos que pongan en peligro a los asistentes. La confianza pública no se recupera con un operativo, sino con resultados y condiciones reales de seguridad.
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